—Sí sabemos.
Le dieron el dinero y se tambaleó hacia la puerta.
—¿Estará bien? —uno la miraba con preocupación.
—Supongo que sí, es fuerte —dijo el otro, sirviéndose otro vaso de alcohol.
—Te burlaste de ella.
Todos rieron y continuaron bebiendo.
Camila salió por la puerta, todavía borracha.
—¿Por qué está girando la Tierra? —se apoyó en la pared, sonriendo—. Sería bueno irme de este país mientras todo da vueltas.
Agitó la mano en círculos y sonrió como si el mundo realmente girara.
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Alexander y el director terminaron su discusión y salieron de la sala VIP. Alexander la vio apoyada en la pared, la reconoció y se burló.
El director notó esto y lo miró.
—¿La conoces? —preguntó.
—No. Vamos.
Llevó al director a su coche y, después de un apretón de manos, el director se marchó.
Alexander miró hacia el restaurante y entró, pensativo.
—Oye.
Miró a Camila con frialdad, con la mano en el bolsillo.
Camila lo observó.
—¿Quieres una entrega de pizza…? —preguntó, con expresión de borracha.
Alexander la miró, preguntándose si no lo reconocía o si simplemente estaba demasiado ebria.
Camila lo miró con atención. Era tan guapo, y su apariencia era la de un hombre rico.
—Oh… eres un hombre rico.
Sonrió y lo recorrió con la mirada.
—Traje… corbata… y guapo.
Se acercó a él y le sujetó el traje con delicadeza. Luego se puso de puntillas y rozó sus labios suavemente con los suyos.
Alexander se quedó atónito.
Camila lo miró con la mejilla sonrojada y negó con la cabeza.
—No te encantará la pizza. Lo siento.
Se tambaleó hacia atrás y se dio la vuelta para alejarse.
Alexander parpadeó al verla marcharse.
—¡Oye! ¡Tú… detente ahí!
¿Cómo podía simplemente besarlo y luego irse? Debía de estar fingiendo que no lo conocía.
Camila se volvió y lo miró lentamente.
—¿Me conoces? —le preguntó, frotándose los ojos.
Alexander la observó sorprendido.
—¿No me conoces? —preguntó.
Camila lo miró más de cerca, parpadeando.
—No —sacudió la cabeza—. Pero tu cara se ve… un poco deslumbrante.
Sonrió.
—¿Por qué estás girando? —preguntó.
De pronto se inclinó hacia un lado y vomitó.
Alexander se acercó rápidamente.
—Oye, contrólate —le dijo.
Camila sonrió con torpeza.
—Tengo que irme ahora… adiós.
Hizo un gesto con la mano y terminó sentándose en el suelo.
Alexander la miró y negó con la cabeza.
—Está perdida…
Suspiró y la ayudó a levantarse.
—Te ayudaré a ponerte de pie.
No podía dejarla allí, incluso si no la amaba.
Camila lo miró con una sonrisa borracha.
—Eres diferente al idiota que conocí recientemente —dijo con voz pastosa.
Alexander la acompañó hasta su coche. Se sentó en el asiento trasero junto a ella y le indicó a Shanne que condujera.
Camila sonrió.
—Guau… huele a coche de rico.
Olfateó el aire y luego se inclinó hacia Alexander.
—¿A dónde me llevas?
Miró por la ventana.
—Estrellas… enchufa una para mí —dijo con una sonrisa adorable.
—Estás borracha —respondió Alexander.
No podía creer que la chica que había conocido aquel día en el camino pudiera comportarse de esa manera.
Ella se inclinó más cerca de él, cerró los ojos y murmuró entre dientes:
—Quiero dejar este país ruidoso… ese idiota… ese idiota… ¿quién se cree que es?… matrimonio… tsk…
Suspiró.
—Señor, ¿a dónde nos dirigimos? —preguntó Shanne Cole mientras conducía.
Alexander miró a la mujer que se apoyaba sobre él.
—No puedo dejarla afuera en este estado. Llévanos a mi mansión. Se quedará allí esta noche —le dijo a Shanne.
Sus ojos permanecían fijos en Camila, que apoyaba la cabeza en su hombro y murmuraba cosas en voz baja que él no lograba entender. Sabía que la noticia también debía de haberla afectado; solo esta noche podría tenerla tan cerca, aprovechando que estaba demasiado borracha para darse cuenta.
El padre de Camila llamó a su teléfono, pero ella no contestaba. Trevor miró la hora.
—¿Cómo puede estar fuera a esta hora?
Eran las once, y Camila nunca se había quedado fuera tan tarde.
El rostro de Laura estaba lleno de preocupación.
—No nos llamó para avisar —dijo, mirando a su esposo.
—¿Sigue sin contestar? —preguntó Trevor.
Laura negó con la cabeza.
—No. Déjame llamar a Nick para saber si está durmiendo allí.
Laura llamó a Nick, quien respondió al primer timbre.
—Hola, tía Laura —saludó.
—Lamento haberte llamado tan tarde —se disculpó Laura—. ¿Camila está en tu casa? No responde el teléfono.
—No —Nick se sentó en la cama—. La vi salir esta tarde con Clara. Déjame pasarle el teléfono a ella; lo sabrá mejor.
—Por favor —dijo Laura, con voz cargada de preocupación.
—Clara, ven. La mamá de Camila quiere hablar contigo —le pasó el teléfono a su hermana menor.
—Hola, tía Laura —saludó Clara.
—Clara, lamento molestarte tan tarde, pero ¿tienes idea de dónde está Camila? No ha regresado a casa —explicó Laura.
Clara miró la hora y sintió un nudo en el estómago.
—Ya debería haber regresado —dijo, mirando a Nick, cuyos ojos también reflejaban preocupación.
—¿Qué pasó? —preguntó Laura de inmediato.
—Estuvimos juntas hasta que consiguió trabajo en un restaurante y salió a hacer entregas. Nos separamos allí y no he sabido nada de ella desde entonces —explicó Clara.
El rostro de Laura se tensó aún más.
—El restaurante ya debería estar cerrado.
Los ojos de Clara se llenaron de lágrimas.
—He estado muy ocupada… debí haberla llamado —dijo, culpándose—. Camila es terca, pero nunca se queda fuera hasta tan tarde.
—No es tu culpa, Clara —la tranquilizó Laura—. No contesta el teléfono y ya es casi medianoche.
—No debí dejarla sola —murmuró Clara entre lágrimas.
—No te preocupes. Mañana iremos a buscarla —dijo Laura, intentando mantenerse firme.
—Lo siento, tía Laura —respondió Clara con la voz quebrada.
—Buenas noches, Clara —dijo Laura antes de finalizar la llamada.
Clara se volvió hacia su hermano.
—No debería haber dejado sola a Camila. ¿Y si… le pasó algo malo?
Sus ojos estaban llenos de preocupación.
Nick se incorporó en la cama.
—Siempre hace que todos se preocupen por ella. Me pregunto cuándo madurará. Si la dejan sola, termina cometiendo errores.
Suspiró e intentó llamarla nuevamente.
…
Gabby Zack salió de su habitación y vio a su hermano bebiendo vino.
—Hola, Alexander.
Se sentó cerca de él.
—¿Qué haces despierto a estas horas?
Alexander la miró.
—Solo estoy pensando —respondió con pereza.
—¿Te importa si me uno?
—No.
Le sirvió una copa de vino.
—Para ser honesto, te ves diferente por la noche —le dijo con una sonrisa.
Gabby lo miró.
—Oye, no empieces ahora, o no te gustará la versión de mí que puede aparecer en segundos —dijo, dando un sorbo a su vino.
Alexander soltó una risa suave ante el comentario de su hermana.
—Está bien, señorita. Me rindo.
Ambos rieron, pero luego Gabby se puso seria.
—Te vi entrar con una mujer. ¿Quién era? —preguntó con curiosidad.
—Oh, eso… —Alexander dio un sorbo a su vino—. Estaba borracha. No podía dejarla sola allí.
Gabby lo miró sorprendida.
—¿Y desde cuándo ayudas a mujeres borrachas? ¿Desde cuándo te preocupa si alguien está en peligro?
—Tengo que ser un caballero —respondió, frotándose los ojos.
Gabby no estaba convencida. No había visto el rostro de la mujer con claridad, pero sabía que Alexander la había llevado a la habitación de invitados.
—¿Es alguna mujer con la que saliste para distraerte y olvidar tus frustraciones? —preguntó, alzando ligeramente una ceja.