Todos parecían sorprendidos; tampoco esperaban algo así.
—¿Entonces qué dijiste? —preguntó Blake.
Alexander miró a sus amigos con el ceño fruncido.
—No puedo casarme con alguien a quien no conozco ni amo. Rechacé la propuesta. Renata no querría eso y tampoco puedo arriesgar la empresa de mi abuelo. ¿Qué se supone que haga? —les preguntó.
Ellos eran los únicos en quienes confiaba para pedir consejo.
Garrett los miró con expresión seria.
—No sé si debería decir esto, pero, Alexander, siendo honesto contigo… tienes que hacer lo que dijo el presidente. Si no actúas rápido, esto también afectará el proyecto de Nueva Zelanda —le advirtió.
En ese momento, Gabby bajó las escaleras después de escuchar parte de la conversación.
—Eso estuvo bien dicho —comentó con una sonrisa.
Todos la miraron mientras continuaba en tono burlón:
—Es como una película protagonizada por Alexander. Clic… clic… marca… marca… ¡boom! Y tu mundo se derrumba por un solo error.
Se rió y miró a su hermano.
—Puedo ver cómo tu cabeza está dando vueltas ahora mismo, pero no seas tan duro contigo mismo.
Eric la miró incrédulo.
—Gabby, eres imposible —le dijo.
—Lo sé —respondió ella, sonriendo mientras bebía su jugo.
Blake la fulminó con la mirada.
—Deberías ayudar en lugar de echar más leña al fuego —le dijo con frialdad.
Gabby hizo un gesto con la mano, como si espantara una mosca.
—Ahórrame el sermón. Alexander lo necesita más que yo ahora mismo.
Volvió a mirar a su hermano con una sonrisa burlona.
—Alexander, eres mi hermano mayor, el que siempre tiene grandes consejos. Ahora es momento de que te apliques esos mismos consejos, porque los necesitas más que nunca.
—¡Ya es suficiente, Gabby! —la reprendió Alexander—. Sé que estás molesta por lo que pasó ayer, y lo siento, pero este no es el momento, ¿de acuerdo?
Él sabía por qué actuaba así. Siempre la había aconsejado y evitado que tomara decisiones equivocadas. Pero ahora no necesitaba que le recordara todo eso. Su cabeza ya estaba dando vueltas buscando una solución.
Gabby lo entendió y se acomodó en su silla.
—Bueno… tienes razón.
Garrett la miró.
—Gabby, está atravesando una gran crisis. Si tienes alguna idea que pueda ayudar, dilo.
Aunque Gabby podía ser molesta, a veces también daba buenos consejos.
Ella sonrió, cruzó las piernas y dejó el vaso sobre la mesa.
—Está bien, escuchen.
Todos se concentraron en ella, incluido Alexander.
—Alexander, amas a Renata, ¿verdad? —le preguntó.
—Sí —respondió sin dudar.
—Esas dos palabras me encantan —sonrió—. Bien, ¿y qué hay de esa otra chica que apareció en la televisión y que no te agrada?
—Ni siquiera la conozco —respondió con impaciencia—. Vamos, Gabby, necesito consejos, no interrogatorios.
Puso los ojos en blanco.
—Está bien —exhaló Gabby—. Como dijo el abuelo, proponle matrimonio. Hazlo público, anúncialo a la prensa. Al menos te volverás más popular y famoso —añadió con una sonrisa.
Todos se inclinaron hacia atrás con un suspiro.
—Un consejo para ti, Gabby: ve a nadar, porque ahora mismo pareces drogada —dijo Eric.
Gabby sonrió y se puso de pie.
—Ya me voy. ¿A quién no le gustaría tener un hermano famoso y popular? —dijo finalmente antes de salir.
Garrett miró a Alexander, que estaba claramente abatido.
—Deberías explicarle todo a Renata, luego dar la entrevista y resolver este problema —le aconsejó.
Alexander se aflojó la corbata. Estaba completamente agobiado en ese momento.
—¿Cómo se supone que haga eso? —preguntó, cerrando los ojos mientras intentaba pensar. Renata era lo más importante para él.
—Amigo, tienes que hacerlo —dijo Blake.
Todos se miraron en silencio.
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Camila Joey visitó a Nick y Clara en su apartamento. Estaba bailando al ritmo de la nueva canción que acababa de lanzar su músico favorito.
Clara salió de la cocina con las patatas fritas que acababa de preparar y miró a Camila, que estaba feliz.
—¡Dios mío! Camila, ¿cómo puedes estar tan despreocupada con todas las noticias que están circulando estos días? —le dijo Clara.
Camila seguía bailando al ritmo de la música.
—¿Qué noticias? —preguntó.
—Increíble… Camila habla en serio por una vez —comentó Clara.
—Clara… la vida sería aburrida si hablara en serio —respondió Camila con una sonrisa y un guiño.
Clara se sentó mirando a su prima. No podía creerlo. Con todo lo que estaba pasando, Camila se veía tan relajada.
—¿Has pensado en lo que podría pasar contigo? ¡Eh! —le preguntó.
—Estoy bien. Que los ricos se ocupen de sus propios problemas —dijo Camila con pereza.
—En los que tú estás incluida… —añadió Clara.
—Y no solo eso —dijo Nick entrando en la sala—. ¡Ambas tienen que ver esto! —exclamó.
Encendió la televisión, donde Alexander Zack estaba dando una entrevista en vivo.
Alexander, durante la entrevista, dijo:
—He escuchado las noticias y los rumores que han estado circulando durante los últimos dos días. También he visto las muchas preguntas sobre quién es la dama, si nos conocemos y qué la hizo llorar frente a mí.
Camila miró la televisión y suspiró.
—¿Llorar frente a ti? ¡Dios!
Alexander continuó:
—Estoy aquí para aclarar todos los rumores y preguntas. Su nombre es Camila Joey.
El rostro de Camila se volvió hacia el hombre en la televisión.
—¿Cómo sabe ese mocoso mi nombre? —preguntó con escepticismo.
Nick negó con la cabeza.
—Son ricos. Pueden investigar a cualquiera —le dijo.
—Nos conocemos desde hace un tiempo —dijo Alexander en la entrevista en vivo.
Clara miró a Camila.
—Camila, ¿eso es cierto? —preguntó.
Camila miró al hombre en la televisión.
—¡Sabía que era un buen mentiroso! ¡Sabía que llegaría a esto para cubrirse! —gritó.
Alexander continuó en la entrevista:
—Somos pareja. Planeábamos casarnos, pero ella se fue.
Los ojos de Camila se abrieron con asombro. Nick la miró mientras ella se ponía de pie.
—¡¿Cómo se atreve a mentir?! —dijo furiosa.
Alexander siguió hablando en la televisión:
—Perdimos el contacto cuando viajé a California para continuar mis estudios. Ella lloró cuando me vio después de tanto tiempo, especialmente cuando hice una aparición vergonzosa porque mi conductor, por accidente, le salpicó agua con barro.
Camila se sostuvo el cabello mientras miraba al mentiroso en la televisión.
—¡Estoy harta de escuchar estas noticias! —gritó.
Nick intentó calmarla.
—Oye, escúchalo todo primero —le dijo.
Alexander continuó en la entrevista:
—Tuve que ofrecerle dinero porque se negó a subir a mi auto; todavía estaba enojada conmigo y no podía soportar verla irse en ese estado. Pero lo rechazó y me devolvió el dinero.
Camila estaba furiosa.
—¡Aish! Tengo que matar a ese idiota —dijo, echando humo de rabia.
Alexander siguió en la entrevista:
—Eso es todo sobre ese metraje —concluyó.
—¿Qué va a hacer ahora? —preguntó un periodista.
—Me voy a casar con ella. Fue mi amante y todavía la amo, incluso ahora —respondió él.
—¡¿Qué?! —Camila se quedó atónita al escuchar sus palabras.
Nick sonrió.
—¡Wow! Supongo que pronto serás una princesa. Me alegra ser tu primo —dijo con una sonrisa.
Camila se golpeó la cabeza con la mano.
—¡¿Cómo te atreves a bromear en un momento como este?! —dijo furiosa.
Alexander continuó en la televisión:
—Ahora, por favor, dejen que estos rumores se detengan. He encontrado a mi amada y no estará contenta al escuchar todo esto. Tengo que recuperar a mi chica y pronto anunciaremos nuestra boda. Gracias a todos.
Después de decir eso, salió del pasillo.
Entró en su oficina y, lleno de ira, tiró todo lo que había sobre su escritorio mientras las lágrimas caían por su rostro.
Garrett entró y miró a Alexander.
—Alexander… —llamó a su abatido amigo.
Alexander lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Cómo la enfrento? ¿Qué me dirá? La traicioné, Garrett. Traicioné a Renata. ¿Cómo la enfrento después de todo este lío? ¿Cómo crees que se sentirá al ver esto? —dijo entre sollozos.