Capítulo 2

1262 Words
Alexander Zack, un multimillonario conocido y respetado, estaba sentado en una mesa reservada del clásico Hotel Paige. Vestía un traje impecable y observaba su reloj con calma mientras esperaba a su novia, Renata Devin. Un camarero se acercó con discreción. —Señor, ¿le gustaría hacer su pedido ahora? —Estoy esperando a alguien —respondió Alexander con una leve sonrisa—. Ordenaremos juntos cuando llegue. —Muy bien, señor —asintió el camarero, retirándose con discreción. En el otro extremo del hotel, dos camareras observaban la escena mientras fingían acomodar una mesa. Sus voces eran apenas un murmullo. —Me pregunto quién será la afortunada... —Yo también —respondió la otra, sin apartar la mirada—. Escuché que es el heredero de la famosa propiedad Glammaly. Ambas miraron hacia Alexander, que permanecía sentado con una elegancia natural, completamente fuera del alcance de cualquier fantasía cotidiana. —Es increíblemente guapo... y además rico —suspiró una de ellas—. Si tan solo mi deseo se hiciera realidad, sería su esposa. La otra camarera negó con la cabeza, divertida. —No me digas que estás soñando despierta otra vez. Mejor despierta, solo eres una mesera. —Lo sé... —admitió ella con una sonrisa triste—. Nunca pasaría. —Vamos, sigamos trabajando —dijo finalmente, y ambas regresaron a sus labores. Alexander miró la hora en su reloj de pulsera y frunció apenas el ceño. —Debería estar aquí pronto... Como si sus palabras la hubieran llamado, Renata Davin entró al hotel en ese instante. Llevaba un elegante vestido rojo de noche que realzaba su figura, el cabello rizado recogido con cuidado y un maquillaje impecable que la hacía deslumbrante. Al verlo, Renata sonrió y levantó la mano a modo de saludo. Alexander se puso de pie de inmediato y avanzó hacia ella. Con un gesto caballeroso, apartó la silla para que se sentara antes de ocupar la suya. —Así que llegué tarde —dijo Renata con una sonrisa ligera—. ¿Has estado esperando mucho? —No —respondió Alexander, observándola con atención—. Llegué hace apenas unos minutos. —Tuve que pasar por mi oficina para recoger algunas cosas —explicó ella, acomodando su bolso sobre el regazo. —Debes estar muy estresada —comentó Alexander con suavidad. Tomó sus manos entre las suyas y las acarició con delicadeza. —Un descanso esta noche será suficiente —respondió Renata—. ¿Ya ordenaste? —Estaba esperándote. Alexander hizo una seña al camarero. Minutos después, la mesa se llenó de platillos exquisitos y vinos costosos, cuidadosamente presentados. El ambiente se volvió tranquilo y elegante, envuelto en una calma que contrastaba con las tormentas que, sin saberlo, se gestaban fuera de ese mundo perfecto. —¿Has tenido noticias de tus padres? —preguntó Alexander con tono tranquilo mientras probaba su comida. —Sí —respondió Renata—. Llamaron apenas llegaron a París. Para ahora ya deben haberse instalado. Tomó un bocado con elegancia, sin perder la compostura que siempre la caracterizaba. —Me alegra escuchar eso —dijo Alexander, asintiendo con satisfacción. Renata lo observó unos segundos antes de continuar. —¿Y cómo va el proceso de producción? Alexander apoyó la espalda en la silla y tomó un sorbo de vino antes de responder. —Todo va bien... aunque podría haber un pequeño contratiempo. Renata arqueó levemente una ceja. —¿Por qué? —Mi secretaria renunció —explicó—. Se mudó a Suiza para continuar con su educación, así que la producción se ha retrasado un poco. Su expresión se tensó apenas; pensar en el trabajo siempre le resultaba agotador. —Pensé que tenías entrevistas para contratar a alguien nuevo —comentó Renata. —Sí, pero el resultado salió un poco tarde —admitió—. Ella renunció justo después de que se enviara la respuesta. Me está costando reorganizar todo, aunque encontraré una solución pronto. Luego, su voz se suavizó y sonrió—. Estoy bien... especialmente ahora que tengo frente a mí tu hermoso rostro. —Ahí estás otra vez con tus palabras dulces —dijo Renata, sonrojándose ligeramente—. Me alegra poder ayudarte a relajarte. —Comamos y recuperemos fuerzas —propuso Alexander—. El trabajo puede esperar hasta mañana. Ambos intercambiaron una sonrisa y continuaron comiendo en silencio, envueltos en una calma que parecía perfecta. Mientras tanto, en la mansión Zack, Gabby —la hermana menor de Alexander— estaba sentada junto a la piscina, vestida con un llamativo bikini y comiendo sandía, rodeada por los amigos de su hermano. —Entonces —dijo con una sonrisa provocadora mientras se acomodaba—, ¿a quién le espera una esencia femenina irresistible esta noche? Eric negó con la cabeza, cansado. —Gabby, ya hemos escuchado esa frase demasiadas veces. —G ya es hora de que empieces a tener amigas de verdad —añadió Blake. —¡Oye! —Gabby levantó la mano para silenciarlo—. Métete en tus asuntos. ¿Amigas? ¡Por favor! Todas son unas traidoras. No necesito ninguna. Garret intervino con una sonrisa burlona; divertirse a costa de ella era su pasatiempo favorito. —Eso también lo hemos escuchado innumerables veces. Gabby lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada más, dejando claro que la discusión apenas comenzaba. —Gabby, ellas no arruinan tus amistades... tú misma lo haces —dijo Eric con expresión seria. Gabby soltó un suspiro largo y se dejó caer contra el respaldo de la silla. —Eric, eso también lo has dicho innumerables veces. —Las chicas simplemente se cansan de hablar —añadió Blake, negando con la cabeza con resignación. Gabby giró lentamente el rostro hacia él y lo fulminó con la mirada. —Blake... ¿estás insinuando algo ofensivo para mis oídos? Blake se aclaró la garganta de inmediato. —Con todo respeto, señorita, lo siento —se disculpó. A pesar de que Gabby podía ser una mocosa en ocasiones, para todos ellos era como una hermana menor a la que no podían evitar proteger. Garrett, que estaba concentrado revisando su teléfono, se detuvo de pronto al ver una imagen en la pantalla. —Wow... ella es hermosa —murmuró sin pensar. Gabby alzó una ceja al instante. —¿Puedo ver? —preguntó, estirando la mano, claramente dispuesta a comparar a aquella chica consigo misma. Garrett escondió el teléfono con rapidez. —No... —negó—. Sabemos cómo actúas normalmente, así que hoy no. —Aish... hablar con todos ustedes es inútil —se burló Gabby, dejando de intentar arrebatarle el móvil. Garrett sonrió con satisfacción, como si acabara de ganar una medalla. —Solo te hice enfadar un poco. Los ojos de Gabby brillaron con una advertencia peligrosa. —Parece que olvidaste cómo actúo cuando estoy enfadada. —Garrett, no la provoques —intervino Eric entre risas—. Necesitamos un poco de silencio aquí. —¡Eric! —exclamó Gabby, frunciendo el ceño. —¿Qué? ¡No me mires así! —respondió Eric, alarmado, mientras sentía cómo se le aceleraba el corazón. Cada vez que Gabby se ponía de ese humor, su cabello siempre terminaba pagando las consecuencias. Gabby cambió de expresión de repente y sonrió con aparente inocencia. —No te preocupes, Eric. No voy a desquitarme contigo —dijo con calma—. Si no, mi hermano se enfadaría conmigo por lastimar a uno de sus amigos. Eric soltó un suspiro de alivio. —Pensé que mi cabello estaba en peligro otra vez...
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