Capítulo 18

1402 Words
Camila frunció el ceño. —No he terminado de hablar —dijo. —He escuchado la historia innumerables veces, Camila. Cómo las rechazaste a todas porque no eran tu tipo —completó Clara por ella. —Está bien, está bien. Gana tus fichas; mira en el cajón inferior. Toma una para mí también y veamos películas juntos. Clara fue a buscarla. ---- Alexander Zack esperaba afuera del centro comercial de Renata hasta que ella terminó su turno. Salió del coche para encontrarse con ella. —Renata. Renata se dio la vuelta y lo vio parado allí, con una encantadora sonrisa plasmada en el rostro. Llevaba pantalones de traje, una camiseta blanca y una chaqueta a juego; lucía guapo bajo el sol poniente. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó ella. —¿Podemos tomar una copa los dos? —la miró fijamente. —Lo siento, no. Te vas a casar pronto y no quiero verme envuelta en tus asuntos con la prensa. Ya sabes cuánto me afecta eso. Así que no —dijo, y se volvió para irse. Alexander la tomó de las manos y la hizo girar hacia él. —Renata. Lo estoy pasando mal ahora y me vendría bien tu ayuda. Solo un trago, eso es todo lo que pido. Renata lo miró a los ojos. Era el hombre que amaba, el hombre por el que se había perdido. Él iba a casarse, la había traicionado; pero al ver sus ojos tristes, no pudo resistirse. —Está bien —le dijo. Alexander le abrió la puerta del pasajero y ella entró. Él se sentó en el asiento del conductor y condujo hasta un elegante bar de vinos. Pidió vino tinto. El camarero lo sirvió en sus copas y se retiró. Renata miró a Alexander. —Dime qué está pasando. Puedo ver claramente que no estás bien en este momento. —Trabajo —Alexander tomó un sorbo de vino suavemente, sin apartar los ojos de Renata—. Mi vida personal… todo lo que salió mal entre nosotros. Sus ojos reflejaban soledad. —No estoy diciendo que sea tu culpa, Renata. Es mía. Fui muy imprudente. Renata negó con la cabeza. —Alexander, por favor. Estoy tratando de superar eso. Bebió un sorbo de vino y volvió a llenar su copa. —Lo siento, pero ahora mismo desearía poder estar contigo. Te necesito, Renata, ahora mismo —Alexander la miró fijamente y se quedaron así durante un momento. Renata se mordió el labio inferior y apartó la mirada. —Ojalá pudiera. ¿No te has enterado? —preguntó ella. —¿Enterarme de qué? Renata lo miró. —Tu abuelo ya anunció la fecha de tu boda con esa chica. —¡¿Qué?! —Alexander frunció el ceño. Renata lo miró con amargura. —No actúes tan ingenuo, Alexander. ¿Por qué crees que estoy tratando de alejarme de ti? Me duele mucho, pero puedo ver que tú también estás sufriendo. Sé que no era tu intención que todo esto sucediera, pero hay algo que no puedo soportar: que no estés cumpliendo tu promesa de estar conmigo para siempre. Alexander tomó sus manos al otro lado de la mesa. —No puedo prometerte que no llevaré a cabo el matrimonio para salvar mi empresa, pero pase lo que pase, Renata, te prometo que te amaré solo a ti por el resto de mi vida. Renata lo miró a los ojos, llenos de amor por ella. Quería creerle, quería creer en lo que estaba diciendo, en esa promesa que le estaba haciendo. Apartó sus manos de las de él. —He escuchado muchas de tus promesas, Alexander. Ya no puedo seguir haciendo esto. Se puso de pie y recogió su bolso. —Me voy. Gracias por la bebida. Renata salió del bar. —¡Renata! Alexander fue tras ella después de pagar la cuenta. —¡Renata! La sostuvo de las manos para detenerla. —Renata, espera. Déjame llevarte a casa, por favor. Déjame llevarte. —No, gracias. Ella retiró sus manos y detuvo un taxi, dejando a Alexander allí de pie, observando cómo el vehículo se alejaba con el rostro sombrío. ----- —¡Camila, tienes que ver esto! —gritó Laura desde la planta baja a la mañana siguiente. Camila bajó las escaleras; acababa de terminar de cepillarse los dientes. —¿Ver qué? —Esto —dijo Laura, señalando la noticia en la que Ethan Zack anunciaba que su boda sería el sábado de la próxima semana. Camila negó con la cabeza y sonrió, aunque la sonrisa no llegó a sus ojos. —Tienen que estar bromeando. En cuestión de segundos, su mirada se volvió fría y llena de ira. —¡¿Cómo puede hacer algo así sin consultarme primero?! —gruñó. Laura, que tampoco estaba contenta, murmuró: —Supongo que así es la gente rica… —¡Oh, Dios mío! —gritó Camila, pasándose las manos por el cabello con frustración. El hermano de Camila, Tanner, se acercó a ella. —Escuché que te vas a casar con un heredero de la familia Zack, dueños de la propiedad Glammaly. Te ganaste el premio mayor —dijo con una sonrisa burlona. Camila le lanzó una mirada fulminante. ¿Acaso pensaba que vivían en tiempos antiguos, cuando obligaban a las chicas a casarse contra su voluntad? ¿Un premio? Si Alexander Zack era un trofeo, ella jamás querría ganar nada en su vida. —¡¿Qué demonios estás diciendo?! —le gritó. Tanner se escondió detrás de su madre. —Te está haciendo un favor. Serás rica sin tener que trabajar. Y mírate ahora, eres un desastre. Ser la esposa de un heredero es una bendición —añadió, observando su ropa. Llevaba pantalones negros desgastados y una blusa amplia color limón en la que su cuerpo parecía perderse. Su cabello estaba revuelto, con algunos enredos. Camila se dio un ligero golpe en la frente. —¡Estás loco! —¡Oye, eso duele! —se quejó Tanner, tocándose el lugar donde ella lo había golpeado. —Espero que sí. Luego se volvió hacia su madre. —Mamá, me voy. Caminó hacia la puerta. —¿A dónde? —preguntó Laura, sorprendida. —A cualquier lugar… ¡pero primero voy a matar a ese hijo de…! —gritó mientras abría la puerta. —¿Vas a salir vestida así? —preguntó Laura, mirando el aspecto de su hija. —¿Qué tiene mi ropa? —replicó Camila, mirándose. —Estás hecha un desastre. Me avergüenza que salgas así. No tienes ningún sentido de la moda. ¡Dios! —dijo Tanner, negando con la cabeza mientras se dirigía a su habitación. —¡Más te vale que no te encuentre cuando regrese! —le gritó Camila antes de salir y cerrar la puerta de un portazo. —¡Ay, Dios mío! —Laura se llevó la mano a la frente mientras se sentaba—. Ya no sé cómo ayudarla… ---- Alexander Zack fue a la villa para ver al presidente. Se acercó a Ethan Zack, quien estaba de pie frente a las puertas francesas, observando el jardín. —¿Qué está haciendo exactamente, presidente? —preguntó Alexander con voz fría. Ethan lo enfrentó con una sonrisa. —Estás aquí, Alexander. —Ya fijaste la fecha —dijo Alexander, tratando de controlar su ira. Ethan se acercó a su escritorio y se sentó. —La prensa estaba perdiendo la paciencia preguntando cuándo se celebraría tu matrimonio. Tuve que actuar, ya que tú no te comunicas conmigo. Alexander soltó una risa amarga. —¿Y desde cuándo te importa cuánto me lastimas a mí y a la persona que amo? —Ambos lo superarán pronto —respondió Ethan con calma, entrelazando las manos sobre el escritorio. —Renata no es tan fuerte como aparenta, y yo nunca dejaré de amarla —dijo Alexander con frialdad. Ethan se recostó en su silla, sin apartar la mirada de su nieto enfurecido. —No me importa tu vida amorosa, Alexander. Mientras la empresa se salve, puedes seguir amando a Renata y odiar a esta nueva chica; me tiene sin cuidado. Lo único que importa es que la boda se lleve a cabo para salvar la compañía. Eso es lo que debes tener en mente. Hizo una breve pausa antes de concluir: —Mi decisión es definitiva. Te casarás la próxima semana.
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