Los miércoles, para mí, se convirtieron en días de transición. Eran el puente entre una y otra sesión con Sabrina y generalmente los uso para trabajar, porque es la mejor forma de mantener la mente ocupada con otra cosa. Mientras me encontraba llenando páginas de texto, mi celular sonó. Me sorprendí mucho al ver que se trataba de Kylie, desde su última visita no habíamos vuelto a intercambiar palabras, ni siquiera un simple mensaje. La conozco muy bien y sé que cuando está enojada o agobiada por algo, lo mejor es darle su espacio y esperar a que ella sea la primera en romper el silencio. El mensaje decía: —Hola, Tyson. ¿Podrías pasarme el número de teléfono de Sabrina? Quiero pedirle disculpas por la forma en que me comporté. No debí salir de su consultorio sin siquiera saludarla. No me

