Durante el domingo no hablamos, yo no intenté comunicarme con ella para no quedar como un pesado. Además tenía material más que suficiente para nutrir mis pajas de toda la semana. El martes llegué al consultorio con un evidente entusiasmo, tan evidente que al verme Sabrina me dijo: —¿Por qué tan sonriente? La pregunta me sacudió, como un golpe bajo. Mi felicidad se debía a la charla que habíamos tenido el sábado y las fotos pornográficas que me mandó; pero no quería decirle eso. —¿Tiene algo de malo estar contento? Al fin y al cabo vengo a terapia para sentirme mejor. Hoy te voy a hacer más fácil el trabajo. —Así lo espero. Me dejaste un tema pendiente y me gustaría que lo charláramos. Comenzó a subir las escaleras, yo disfrutaba cada vez más de este ritual. Ella con sus ajustadas m

