La espera se me hizo eterna. Tuve tiempo para procesar todo lo que Kylie contó y a mi cerebro no le gustó nada la experiencia. “De esto van a quedar secuelas”, pensé. Pero bueno, nada que no se cure con años de terapia, al fin y al cabo tengo una buena psicóloga. Y sí, a pesar de todas las cosas raras que pasaron con Sabrina, aún sigo pensando que ella es una buena psicóloga y que sus métodos, aunque poco ortodoxos, pueden funcionar. Cuando llegaron con las cervezas, lo hicieron como si fueran viejas amigas. Entraron riéndose y hablando de algo que no entendí, porque las palabras fueron ahogadas por más risas. Sobre la mesa ratona dejaron una docena de latas de cerveza, de esas que tienen casi medio litro. —¿De verdad piensan tomar todo eso? —Pregunté. —Y… somos tres —dijo Kylie—. Cal

