CATALEYA. —Hola Cataleya — su voz varonil me saluda y si sonrisa también Por un microsegundo me distraígo en ese perfecto rostro, su perfecta musculatura, su camiseta rosa, con pantalones negros que le amarran las piernas con sabrosura y en medio de ellas veo un momento y subió mi mirada de nuevo a su rostro. NO. LO. PUEDO. CREER. Giacomo Eribalde en mi casa. ¿Qué hago? ¿Lo dejo pasar o lo boto? Y hago lo primero que se me cruza por la mente. Azoto la puerta. Le cerré la puerta. LE. CERRÉ. LA. PUERTA. Me apoyo en ella y miro al pasillo que da a las escaleras. —¿Leya, que tienes? — cuestiona Luis que aparece frente a mi—¿Quién era? — cuestiona pero no respondo Le cerré la puerta en la cara a Giacomo Eribalde. De nuevo tocan la puerta y suspiro cerrando los ojos con fuerza. —C

