CAPÍTULO SIETE Aquella cita había sido exactamente lo que necesitaban tanto Emily como Daniel. A veces los dos se veían completamente engullidos por el trabajo en el hostal que resultaba fácil dejar escapar aquellas cosas, así que a ninguno les sorprendió cuando no se despertaron con la alarma de las ocho de sus despertadores. Emily en concreto tenía mucho sueño que recuperar. Cuando por fin se despertaron a las nueve, una hora que ahora les parecía absurdamente tardía, decidieron que lo mejor sería disfrutar de un rato más en la cama, especialmente teniendo en cuenta lo bien que se lo habían pasado la noche anterior entre las sábanas. Acabaron levantándose alrededor de las diez, e incluso entonces se regalaron un largo y relajado desayuno antes de admitir por fin que tenían que volver

