Antes de siquiera decidir llegar a casa Bastián caminó por la acera, hasta que quedó frente a la cafetería de Marcos, por su mente pasó la idea de que necesitaba algo más fuerte que solo un café, para comenzar al menos a tratar de procesar todo lo que le estaba pasando, Marcos lo miraba a través del cristal y lo saludo, Bastián respondió a su sonrisa, con cierta amabilidad, respiró profundo, seguido de un suspiro. —Hola, bienvenido —dijo una chica que estaba al pie de la entrada. —Hola. —Pasa, en un momento te doy tu café —dijo Marcos desde la barra, Bastián caminó hasta ahí y se sentó en el banquillo alto. —¿Todo bien? —cuestionó al entregar el “late” que Bastián pedía con regularidad. —No. Nada está bien —¿Es culpa de Emiliano? —No. Es mi culpa —respondió, con un tono suave. M

