En aquella oficina, las cosas no eran tan distintas al resto de la ciudad en ese momento. Mujeres vestidas con los mejores atuendos, tacones altos, y un exquisito olor a café eran parte del ambiente que se vivía en aquel lugar. Las risas y los hombres apuestos y trajeados, complementaban el lugar, los cubículos estaban hechos de cristal y molduras en color azul petróleo, dos hileras que conformaban dos pasillos con tres cubículos cada una.
Dejaban a la vista en el fondo el área del comedor del lado derecho teniendo así la mejor vista del lugar, justo a un lado la sala de juntas estaba deshabitada, dentro de ella dos mesas de cristal ovaladas, con asientos en color blanco decoraban el espacio donde muchas ocasiones el trabajo se extendía hasta altas horas de la madrugada.
Posterior a la sala de juntas un pasillo conducía a los aseos, y enseguida un espacio audiovisual, conformaban casi en su totalidad la oficina.
Al fondo del lado izquierdo, cuatro oficinas conformaban el área ejecutiva.
—Hola me llamo Bastián es un gusto —saludo a los dos hombres y a la mujer sentados en la sala de estar sin tener respuesta.
—Ok… entiendo aquí nadie es amable —se dijo en voz baja frunciendo el entrecejo con un poco de temor y vergüenza.
Su ojos estaban abrillantados, estaba tan nervioso que sus emociones le salían por los poros, miraba a su alrededor y se preguntaba, si en verdad, valía la pena pelear por aquel trabajo, en todas sus entrevistas se había sentido capaz y con cierta ventaja.
Pero ese día en especial, todo le había salido mal, Bastián respiró profundo levantó el mentón orgulloso de su esfuerzo y estaba lleno de seguridad pensando que lograría quedarse con el empleo.
Parecía un hombre distinto al que minutos atrás había preguntado, por su cita, los prospectos sentados sobre la sala de estar, parecían conmovidos, con el semblante lleno de motivación que Bastian transmitía.
—Buenos días —dijo Emiliano Campbell y todo aquella inspiración y emoción, de la que Bastian se había impregnado, se esfumó en un segundo.
Observó con asombro al hombre que llegaba a la oficina, un hombre de cabellos ondulados largos solo lo suficiente para que su rostro luciera aún mejor, ojos marrones oscuros, barba perfectamente delineada, con un cuerpo atlético, músculos tan largos y duros, como pavimento, su edad simplemente le sentaba cada día mejor, labios carnosos y apetecibles, pectorales tan fuertes que cualquiera pensaría que pueden detener una lanza.
Emiliano Campbell era el hombre más importante en ese lugar; un traje n***o y camisa blanca, hacían juego a la perfección con su simétrico rostro, y sus mandíbulas bien perfiladas, estás le permitían esbozar la sonrisa más impactante que Bastian alguna vez haya visto.
De inmediato al verlo todo el valor y toda la inspiración que había reunido, se fueron al abismo en lo más profundo, Bastian había observado en innumerables revistas y programas de sociedad, a Emiliano, lo conocía como el hombre que había revolucionado la manera de leer una revista, para Bastian era una leyenda viviente, y estaba tan impresionado de verlo tan de cerca
—Buenos días señor —mencionaron todos al unísono menos Bastian.
—Bue… buenos días, señor Campbell —replicó después del resto, con la mirada hacia el suelo observando solo sus propios zapatos sucios.
Emiliano señaló a los pacientes y emocionados prospectos, a la mujer de recepción; una chica de cabello platinado, con curvas prominentes y un rostro seductor, casi rayando en lo vulgar debido a su maquillaje cargado.
—Señor ellos vienen por el puesto de Asistente de editor… —mencionó contoneando sus atributos ante el Director de la revista.
—Perfecto Lora, dile a Joel que yo mismo entrevistaré a los candidatos, que más tarde le aviso si alguno valió la pena —dijo sin un ápice de clemencia ante los jóvenes entusiasmados.
—Solo eso me faltaba —replicó para sí mismo pero alcanzó a ser escuchado por el imponente director.
—¿Tiene alguna pregunta? —cuestiono lanzando su mirada, penetrante e intimidante directo a los ojos de Bastian.
Este acomodaba sus lentillas, mientras respondía que no había ningún inconveniente.
Emiliano observó a Bastián de pies a cabeza y de regreso y un pequeño gesto de incomodidad se reflejó en su rostro.
—De acuerdo… tú ¿Cómo te llamas? —preguntó señalando a la mujer que estaba de pie entre los apuestos hombres.
—Me llamo Daysi señor —respondió rozagante.
—Te veo en mi oficina en cinco minutos.
Bastián observó que había un lugar disponible para sentarse luego de que Daysi entrara a la oficina cruzando el enorme pasillo hasta el encuentro con Emiliano.
Justo en el momento que se sentó, el hombre a su lado se levantó, como si Bastian fuera la misma peste.
El día transcurría y uno a uno de los aspirantes pasaron a la entrevista Bastian observó como los primeros dos salieron con la cara larga, supuso que no habían conseguido el trabajo.
Cada momento que pasaba sentado en ese lugar un cúmulo de dudas inquietaba su mente, no se sentía preparado para ser entrevistado por el hombre más importante de la firma, pero a pesar de eso, algo dentro de él lo hacía esperar sentado sobre la sala de estar.
Se decía a sí mismo que ya estaba en el lugar y que lo peor que le podía pasar sería que no lo aceptarán. Pasó un largo tiempo y la recepcionista, le ofreció una taza de café, Bastian temblaba en el asiento, y en gran parte era por la humedad de sus ropas y otra parte en realidad era su nerviosismo invadiendo cada célula de su blanca piel.
—Muchas gracias señorita… —dijo al tomar con ambas manos la taza de café que Lora le proporcionaba.
—Sabes… tienes suerte el jefe es un hombre muy amable y si haces todo bien, seguro te quedas con el empleo —mencionó sonriendo, a lo que Bastian respondió de la misma forma, algo dentro de él se tranquilizaba al escuchar las palabras de Lora.
La taza de café calmo el temblor en el cuerpo de Bastián, sin embargo le preocupaba el tiempo que había transcurrido, había analizado, cuánto tiempo duró la entrevista con los otros dos aspirantes y supo que definitivamente no tendría oportunidad y menos cuando escucho la voz de Emiliano, al salir de junto con el último aspirante, mientras ambos reían.
—Esto es todo… y solo podía pasarme a mi —replico para sí mismo mientras entregaba la taza de café vacía con una sonrisa a Lora.
Bastián le agradeció por su amabilidad y antes de que ella pudiera decirle algo, Bastian le dijo que se tenía que ir, caminó hasta la entrada mientras escuchaba más cerca la voz de Emiliano hablando con el aspirante, salió del lugar con la cabeza agachada.
—¡Hey, tú! Es tú turno ¿A dónde vas? —escuchó gritar a Emiliano.
—Yo… si… si señor ahora lo sigo —dijo Bastián con una sonrisa, mientras caminaba con la ropa un poco menos húmeda, por el pasillo, lleno de temor pero feliz de que Emiliano lo llamara.