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1096 Words
La ojiverde pasaba una y otra vez su vista sobre la lista que Dafne le había dado penando en la respuesta a la interrogante de la mayor ¿por dónde quieres empezar?       —No lo sé, Daf. Creo que cualquier cosa está bien.       —     Bien, lo hagamos en orden, del punto uno al nueve ¿te parece?       Asintió regalandole una sonrisa.       —     Entonces, maestra Dafne ¿Comenzamos?       —     Sí. Pero no te traje aquí solo para mostrarte mi hermosa lista.       —     ¿No?       —     No. Comenzaremos pero no directamente con ella, eso fue para que te dieras más o menos una idea sin embargo necesitas más teoría antes de pasar a la práctica.       —     ¿Me darás una charla o algo parecido?       —     Aunque sé que te encanta mi voz no. La observación ante todo, Keily, es la base de la ciencia.     —     Ser tops no es una ciencia.       —     Sí lo es, es ciencia y arte también. Así que voltea disimuladamente.       Keily lo hizo aunque no supo exactamente qué buscar con la mirada.       —¿Y qué se supone que debo ver? —cuestionó volviendo a Dafne.       La mayor rodó los ojos en plan de fastidio.       —      A la chica rubia que está atrás con otras tres chicas —indicó.       La ojiverde está vez se fijó exactamente en quien Dafne queria.       —     ¿Me trajiste a ver chicas?       —No, solo a ella. Ella siempre está aquí los domingos en la mañana desayunando.       —     Y luego dices que yo soy la acosadora.       —     Cuando seas una tops de primera todas sabrán de ti sin necesidad de que sean tus acosadoras.       —     ¿Así que ella lo es?       —     Sí, mira un poco y aprende, Lo.     La más joven suspiró y se cambió de silla para quedar a un lado de Dafne y no estar como exorcista viendo a la rubia.       —     ¿Me tengo que volver rubia?       —     No, solo fíjate en su actitud.     —Ok.       —     Su nombre es Juno, es un par de años mayor que yo.       —     Y alguna de esas chicas es su novia, supongo.     —     No, que yo sepa no ha estado en una relación formal desde hace meses.       —     Me gusta su cabello.       —     A mi me gusta todo en ella —dijo la mayor con voz aguda.       —     Pero que pasiva sonaste.       —     Pues lo soy.       Ambas rieron con el comentario de Dafne.       —     Yo solo decía.       —     Pero lo que dijiste es verdad. Ahora creo que después de ver ese pequeño ejemplo que es Juno ya tienes un poco más claros los puntos de la lista ¿verdad?       —     Sí, creo.       —     Entonces señorita Jauregui ¿tiene más dudas al respecto?       —     Sí ¿Cómo vas a lograr que luzca como ella?       —     No lucirás como ella, lucirás como tú solo que tan tops como ella, hay una gran diferencia y quizá olvidé escribir en la lista algo que queda sobre entendido; sé tú misma.           —     Eso suena muy cursi.       —     Pero es la verdad, no debes pretender ser alguien más, solo pretender que eres toda una diosa con tu pequeña y esponjosa lengua virginal.           —     De acuerdo, aunque eso no suena como ser yo misma, digo porque estamos tratando de volverme alguien que no soy.       —     Corrección, que no eres aún. Keily, no  me hubiera ofrecido a ayudarte si no viera madera de activa en tú pálido ser.       —     ¿Pálido?       —     Sí pareces fantasma, también trabajaremos un poco en eso.       —     Alto, me gusta mi piel.       —     De acuerdo, lo tacharé de mi lista mental. Pensándolo bien a mi también me Gusta, pareciera que voy a tocarte y te sentiré fría como cadáver.       —     Tampoco exageres.       —     No lo hago Keily. Pero olvídalo ya. Debemos volver, le dije a tu mamá que no te robaría mucho tiempo.       —     ¿Tan rápido termina la lección de hoy? —cuestionó incorporándose.       —     Sí, de todos modos tenemos una semana completa y también podríamos hacer algo por la tarde.       —     ¿No estás ocupada?       —     No realmente ¿Qué hay de ti?       —Sería cuestión de pedirle permiso a mis padres.       Y pedir permiso para pasar la tarde con su vecina fue lo que hizo Keily prácticamente en cuanto puso un pie de vuelta en su hogar.       Lo que la ojiverde no vio llegar fue que sus padres, o más bien Sarah, tenía unas cuantas preguntas para ella. A la hora de la cena se le hizo una serie de interrogantes que aunque empezaron no siendo tan directas Keily pudo comprender en qué sentido Iban con facilidad.       —     Hija — llamó Sarah a la mayor de sus hijas sin obtener respuesta.       —     Nena —lo intentó su papá con su típico cariño hacia Su primer hija.           Bueno, tampoco obtuvo la atención de Keily, la atención de la adolescente la tenía otra persona, y no precisamente alguien que tan solo unas horas atrás pudiera imaginarse la tendría perdida en sus pensamientos.       —Keily —prácticamente le gritó su madre causándole un ligero salto en su asiento por la sorpresa.       —     ¿Qué sucede? —cuestionó al instante con los ojos muy abiertos.       —     Te estoy hablando y tú estás tragado moscas.         —     Lo siento, estaba pensando en… la tarea.       Aunque nadie lo creyó decidieron ignorar eso.       —     Ok, ese no es el punto —indicó la mujer —. Quiero preguntarte algo cariño.       —Ajá —dijo la ojiverde con duda.       —     ¿Desde cuando eres amiguita de la vecina?       —     Toda la vida me he llevado con ella, literal la conozco desde antes que mis recuerdos comenzaran a formarse —se justificó puesto que aunque nunca había sido una relación completamente, amigable siempre había convivido e interactuado con Dafne.       —     Bueno en eso tienes razón pero nunca habían salido o cosas así, como amiguitas.       —     Quizá porque nunca habíamos tenido la oportunidad. Tampoco es que seamos grandes amigas mamá.         Sarah asintió no muy convencida.       —     Solo te pido que tengas cuidado con ella, bebé.       Keily arrugó ligeramente el entrecejo.       —     ¿Cómo por qué?       —     Pues ya sabes, esa niña es diferente, es rarita.       —     Pensé que te agradaba Dafne, te la vives poniéndola de ejemplo en esta casa.       —     Sí pero en lo bueno. Es una niña muy linda pero tiene unos gustos que no van de acuerdo a lo natural.       —     Lesbian ¿te refieres a que es lesbiana?       —     Sí, por supuesto. No quiero que se te peguen sus mañas.       Keily conocía la forma de ser de su mamá pero aún así le parecía una exageración que se expresará de esa forma, ni que Dafne fuera una sicaria.       Buscó un poco de ayuda de su padre con la mirada pero Noah solo se encogió de hombros, no quería que la cena terminara en una discusión. 
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