La mejor Inocencia

3141 Words
Capítulo 1 Jazmín Me encuentro en la soledad de mi de apartamento, tomando una deliciosa limonada, sentada en el sofá. Analizando que hubiera sido de mi vida si tan siquiera hubiera tenido la valentía de tomar aquellas decisiones que siempre me negué a tomar, por creer que era lo correcto. Tuve que negarme a vivir esas aventuras, que solo podía imaginar recostada en mi cama antes de dormir, debajo de unas sábanas. Me quitaba el sueño pensando en si algún día las haría realidad, buscando ser valiente y capaz de llevar a cabo mis más profundos deseos, desde que cumplí 27 años, de alguna manera mi modo de pensar ha cambiado, he logrado mucho pero a la vez poco. No todo lo que hago me hace feliz, todo por mantener la mejor inocencia. Luego de perder el tiempo un buen rato, me dirijo hacia mi trabajo, soy psicóloga, por lo que mi trabajo no me exige mucho, lo cual es irónico pero debido a mi poder... No niego el hecho de que me hace realmente bien—pienso riendo para mis adentros. Asi prosigo a tomar una ducha helada, esta me ayuda a despejar la mente, me visyo y salgo de mi apartamento. Bajando las escaleras con energía pensado que sería un gran día. Llego a mi auto, y me dirijo al trabajo. Al llegar dirijo mis ojos hacia mi secretaria quien me espera atenta y eficiente. —Buenos Días Fiorella, ¿tengo muchos pacientes esperando? Le pregunto con esperanza que me diga que son pocas personas —Buen día, Sra. Jazmín, hay varios pacientes esperando—revisa la lista que tiene en frente anotada y sigue hablando— Dos son legión del fuego y otros dos de legión del viento. Doy un largo suspiro— Okey muchas gracias, hoy me tocó personas complicadas. Digo mientras me recojo el cabello y abro la puerta de mi consultorio esperando que no me quemasen. La Legión de Fuego, se le llama así a las personas que desarrollaron el poder después de la adolescencia, su cuerpo es como una creación que se forja del fuego a una temperatura muy alta teniendo una piel color rojizo y unas alas de fuego. Que deben aprender a ocultar en lugares públicos, solo la usan para volar en Villa fire, es una parte de la ciudad donde solo habitan aquellos que poseen ese poder. Es para evitar lastimar a las demás personas. Algunos de esa especie, se desarrollan tanto que pierden el control de su cuerpo pareciendo un demonio, siendo condenados al Nether, donde ya no hay humanidad en ellos, sino solo el deseo de matar y hacer daño a otros, pero eso no es lo importante aquí. Termino mi jornada después de tanta consultas, con un rostro de cansancio y una mirada agotada que no podía disimular. — Bueno querida amiga me tengo que ir, fue un día largo, ¿Quieres que te lleve a tu casa?. —No es necesario, ¡Puede estar tranquila mi novio vendrá a buscarme! El novio de mi asistente mide 2 metros de altura, un gigante a mi parecer. Pero ella tiene el poder de crecer y disminuir su tamaño y estatura, así que son el uno para el otro. Me dirijo a mi auto ya feliz porque iré a cenar, abro la puerta, entro, cuando estoy sentada y me pongo el cinturón, veo hacia el frente, me quedo en shock, impactada, siento como todo el oxigeno desaparece de mis pulmones al observar justo al otro lado de la calle, alli estaba la persona de mi juventud hacia ya 10 años que no sabía de el ni de su existencia. Era Andrew, con su piel pálida como siempre, sus ojos color cristal y cabello castaño claro casi rubio, estaba ahí con tranquilidad pidiendo un café. Los nervios invadieron mi cuerpo en menos de un minuto, así que solo tratoa de calmarme y pensar que hacer, será que lo saludo, será que me voy, o hago como que no lo vi. Entonces tomo una decisión debido al terror de solo hablarle, me voy, empiezo a conducir lejos de donde estaba, ya hasta había olvidado cómo llegar a mi apartamento. Solo pensaba en el, en como se veía ya mayor, cambiado, a pesar de ser alguien poco común se veía bien, ya que él no tiene ningún poder. Entre tanto pensar ya no sabía hacia dónde estaba conduciendo, así que decidí entrar a un lugar por un helado para tranquilizar lo que sentía, todo lo que me había causado más bien. "No seas tonta, eres una profesional" Me decía a mi misma en voz alta mientras me bajaba del auto. Entro a la heladería, con un gran cartel de helado gigante, con colores vivos. Muy llamativos para mi preferencia, en realidad solamente quería relajarme. Conseguir a tu amor platónico después de tanto tiempo. Rayos, no sabía que podía llegar a ponerme así. Me dirijo hacia donde está la chica que atiende, no sabía ni su nombre, pero al parecer tenía el mismo poder que mi secretaria. Me acerque diciendo— Hola, por favor me da un helado de chocolate con muchas chispas. Muy amable me contesta—Claro, espere unos minutos. Mientras pedía el helado en ese lugar, pensaba en porque huí, en vez de quedarme, después de todo, el no me podía hacer nada. Que idiota soy. Cuando me entregan mi pedido, decido salir y sentarme en el parque que estaba en frente, observó con atención la naturaleza para distraer mi mente. Veo todo mi alrededor como algo que volaba por lo aires, siento la brisa en mi rostro, sentir eso me hacía sentir libre aún estando sentada, veo también personas con el don de hacer crecer las flores, se sientsn en el césped del parque a crear flores de todo tipo. Mientras miro con atención todo a mi alrededor, sin darme cuenta se hace de noche, así que decido irme ya a mi hogar. Cuando por fin lleguo, ese hogar que había construido para mi sola, busco la comida para los peces, tenía una pared grande en la sala que había convertido en un acuario, era hermoso, lo amaba desde el primer día que decidí hacerlo. Me encantan mis peces, no debo sacarlos a pasear ni recoger su popó o su pipí, solo alimentarlos y pagar para que cambien su agua sin hacerles daño. Había hecho muchas remodelaciones en mi apartamento, todo para que fuera lo más hermoso y cómodo posible. Mi cama es enorme, puede dormir hasta 3 personas conmigo y seria cómoda igual, con sábanas suaves como la ropa de un bebé. Sentada viendo televisión decido escribir a mis amigas, una de ellas conoce a Andrew, tomo mi celular y le escribo a ella diciendo: ¡Tengo que contarle todo lo que paso hoy! Odio lo estupida que fui en realidad. Llamo a mi amiga, llamada Mónica. —¡Mónica por favor necesito que vengas a mi depa hoy! ¡puedes quedarte a dormir pero te necesito ya!. Le digo con entusiasmo y a la vez urgencia en mi voz. Se alertó diciendo—¿Qué pasó? ¿Todo está bien?, No me asustes de esa manera chica, harás que muera joven. Responde ella con ironía y carisma como siempre. —Vi a Andrew hoy. Le digo sin preámbulos, sin sacar otra palabra de mi boca. —¿Sabes qué? En 10 minutos llegó. Creo que el mundo se va a acabar, esto parece una señal divina. Dice ella apresurada mientras me corta la llamada. No puedo evitar reír por su respuesta. Me dedico a preparar todo el cuarto, preparo algunos dulces, y compro bebidas para mi noche de chicas, aunque no tenía mucho que decir, ya que fui una cobarde. Al pasar de los minutos, escucho la puerta sonar, estaban tocando. Por unos minutos quedé pérdida mirando a la nada, hasta que esa voz chistosa comienza a hablar. —Abre la puerta niña mala, tu y yo tenemos que hablar. Dice Mónica con la intención de que las demás personas de los otros apartamentos escuchen y se burlen. —¡No grites! este es un sitio de gente decente y civilizada. Le digo haciendo gestos con mi manos para que bajara la voz. —¿Civilizada? decente mi tía, y es prostituta, de esta humanidad no se puede esperar nada bueno—rueda los ojos. Con mucha ironía en su rostro, entra y cierra la puerta. Se sienta en el sofá y comienza a hablar— Okey, tienes que decirme cuántos besos pasaron y cuando es la boda, pero primero que todo, quiero ser el testigo. —¡Que exagerada eres! Le digo con emoción y pena. —¡Habla ya perra! No puedo evitar reír con su comentario. Pero prosigo hablando. —Estaba saliendo de mi consultorio, cuando me subí a mi auto y miré hacia el frente, estaba por conducir, lo vi justo del otro lado de la calle, supongo que pedía un café o algo así. Le contaba con nervios, no entendía en porque me sentía así. —¡Dime que te fuiste a donde él estaba y lo saludaste! Me miraba con aquella mirada acusadora. Respondo con vergüenza—No, me fui en el auto lejos de ahí. Le digo mirando hacia el piso con un tono cada vez más bajo. —¿Es que eres estúpida?, quisiera ser de la legión de fuego en estos momentos para quemarte ese trasero y que reacciones. Dice mientras congelaba varios cuadros de hielo. Ella podía controlar solo temperaturas frías, cualquier objeto o líquido podía congelarse con solo el toque de sus manos, Mónica a sus 20 años aún no había desarrollado al total su poder ya que la madurez era alcanzada a las 25. Cuando ella cumpliera 25 años con solo mirar podrá congelar cualquier cosa, incluyendo personas... —¡Es que no sabía que hacer!, después que nos alejara la distancia y los problemas, no supe más de él, que razón tendría yo para saludarlo como un amigo. Le dije buscando lógica a mi situación en ese momento. —Hubieras llegado y le robas sus buenos besos, estoy segura que no se molestaría, el desgraciado ese, lindo aunque es una mierda andante. Dice con risas mientras se come casi todo lo que había comprado. Mientras pasa la noche, nos acostamos en el sofá, en pijama, nos colocamos a ver películas de terror para hacer interesante el rato. Luego ya con mucho sueño decidimos irnos a la cama. Pase toda noche soñando con el, soñando en el pasado cuando eramos jóvenes sin mucha madurez y nos escapamos al bosque 4 regiones. Un bosque hermoso, tenía las cuatro estaciones del año, una zona de invierno, una zona de otoño, una zona de verano, una zona de primavera. Los animales y todas las criaturas de ese bosque no podían cruzar hacia las otras zonas, morían. Así que nosotros caminábamos ese bosque con emoción por conocer todo, pero lo que más amábamos era estar juntos. No puedo creer que aún despierte esas emociones dentro de mi. Odio esto. ¿Que me hiciste andrew? ¿Por qué sueño tanto contigo y pienso tanto en ti? Después de una larga noche de sueños locos, desperté cayendo de la cama. Despierto de golpe, agotada, sintiendo aún pesadez en mis ojos. —¿Qué hora es? Pregunto a Mónica con voz de cansancio, y a la vez dolor por esa caída que me despertó apagando lo maravilloso que estaba durmiendo. Mónica decidió seguir durmiendo, así que decidí dejarla dormir, me fui a la cocina a prepararme un cereal para desayunar, como me sentía mal escogí mi cereal favorito y sin pensar en dieta ni estereotipos, comi todo el cereal que deseara. Es un golpe en la sociedad los estereotipos, que si eres flaca o gorda, eres obesa o eres un hueso andante. Al carajo todo eso. Mi momento había llegado, tenía que darme prisa en llegar a mi trabajo que difícil es la vida de adulto lo detesto. Tanto que quería crecer de pequeña y mírame ahora. Todo es un completo estrés. Entonces camino hacia mi habitación donde estaba Mónica plácidamente durmiendo, que lastima que tenga que despertar de ese sueño que se ve apetecible. —¡Mónica! ¡Levántate!— digo entrando haciendo el mayor ruido posible. Tome una olla para comenzarla a tocar con un cubierto. Haciendo ruido por doquier. —¡Cállate! ¡Que te calles! Suelto risas ciéndola taparse las orejas con la almohada. —Me voy, te dejo a cargo aquí. —¡Como sea! ¡Déjame dormir! Deje la llave en la mesa de noche. Me doy una ducha rápida, para salir corriendo a mi trabajo como suele ser costumbre. Después de todo. ¿Alguien tenía que pagar la renta no? Ya no era mamá y papá, era yo. Entonces me subo al auto saliendo por la puerta de mi casa. Subiendo con prisa, amando el color que poseía mi vestimenta. Una blusa ajustada color rojo, jeans oscuros, y unas zapatillas color dorado. Voy camino a mi trabajo como de costumbre. Supongo que hoy sería otro día complicado de trabajo. Espero no llegar tarde, deje a esa susodicha en casa, espero no haga un desastre. Cuando estacionó mi vehículo. Ese mismo espejismo estaba justo frente a mi . Aquel amor, en frente de mi, con su piel pálida, esa mirada demandante, y su sonrisa encantadora. Haciendo un pedido como si nada, ¿Como es posible que alguien comprando se vea tan jodidamente bien? ¿Es que acaso ese era su superpoder? Aunque no tiene ninguno. Entonces esta vez. Solo por esta vez, decidí no huir. Acercándome con pasos temblorosos hacia donde él esta. Mi corazón a punto de salirse de mi pecho, sintiendo cada latido y acelerándose por completo, una fuente de nerviosismo recorría todo mi ser, haciéndome dudar. Pero ya me había acercado demasiado. ¿Como llegue así de rápido?, No lo sé, pero llegué. Me atreví a hablar... Por primera vez en tanto tiempo... Esos 10 años... Se me hacía un nudo en la garganta, y sí, eres tú andrew, tu otra vez. —Ho-la. Tartamudee al hablar, el gira su rostro, mirándome de pies a cabeza, extrañado de mi presencia. Acaso pensara ¿Quien es esta loca? Y se supone que yo atiendo a los supuestos locos. —¿Tu eres?... Auch, dolió, tu olvidó duele. —¿No me recuerdas? Me atreví a decir antes de volver a salir huyendo. —Es una broma, ¿Acaso crees que es fácil olvidar esos ojos? Estoy muriendo. Colapso. Morí. Me moría por dentro al escuchar esas palabras, no sabía que hacer, ¿Que más podía decir?, mi mente había quedado en blanco. —¿Me recuerdas?— volví a decir incrédula. Esos ojos que me derretían por dentro volvieron a mirarme—¿Crees que es fácil de olvidarte mi Jazmín? No lo puedo creer. Esto no está pasando. No, no, y no. Sentía que seguía soñando o me iba a desmayar en cualquier momento. —No digo eso. Dije aparentando verme más calmada, aunque por dentro tenía muchos nervios, sentía que me podía hacer pipi encima. Aunque no, estoy exagerando, quizás sí estoy nerviosa pero no así. A no ser... —¿Entonces? ¿Que te trae por aquí? Dice con aquella voz de hombre, cambiada, su apariencia había tomado una forma distinta. —Trabajo, soy psicóloga. —¿Ah sí? Increíble, sentemonos. Tome asiento por unos minutos, estaba llegando tarde a mi trabajo, pero ¿Quien no llegaría tarde después de ver a su amor de hace tantos años? Merecía darme ese gusto por hoy. —Soy psicóloga. Se recuesta poniendo sus codos sobre la mesa, sosteniendo también su cara. —Así que atiendes a los locos. Su personalidad no había cambiado y aquel sarcasmo tampoco, tal como solía ser. —No. Ayudo con sus problemas, no son locos. Ríe diciendo—Espero que tengas una cita para mi, sería tu mejor paciente, ya que sería el único que no tiene poder. —Sería bien— dije bajando la voz. No sé porque baje la voz, el punto es que no podía quedarme a solas con él, de ninguna manera. No, no, y no. Pero dentro de mi quería eso, ya que no pude usar mis poderes en él. —Piensalo, sería interesante, ya que tus poderes no pueden funcionar contra mi. Escucharlo decir eso, hacía mucho peor la situación, ya que no sabía lo que tramaba en esa cabeza hueca. —Me tengo que ir, fue un gusto saludarte. Me mira extrañado por mi prisa e irme tan repentinamente. —¿Tan pronto? —Tengo que trabajar, ya sabes dónde encontrarme. Dije levantándome de la mesa, no sé porque le dije "ya sabes dónde encontrarme", debí quedarme callada, no puede ser. —¿Así que quieres que te encuentre? Interesante, lo pensaré— dice guiñandome el ojo. Su picardía hacia a mí, no había cambiado, seguía teniendo ese toque que solo le podía salir al estar conmigo. Creo que a pesar que pase el tiempo, la conexión que puedas tener con una persona, seguirá siendo la misma, aunque hayan problemas, distancias o otras dificultades, se sigue sintiendo ese sentimiento que sale de ti cuando se trata de esa persona. —No dije eso, Adiós— dije despidiéndome con la mano en señal de despedida. —Por cierto, te queda muy bien el rojo. Escuchar esas palabras me hacía sentir un calor subiendo a mis mejillas. Recibirlo de él me enloquecía. ¿Que me hiciste Andrew? Es algo que siempre me preguntaré, y nunca sabré la respuesta, aquel niñato sin poder alguno, era como si tuviese algún poder en mi. Que horrible amar tanto a alguien. Alguien que no puedes tener. Quizás hoy lo vea, y luego desaparezca por 10 años más, quién sabe, nada es tan bueno para durar tanto ¿o sí? Estaba a punto de entrar a mi oficina, a mi lugar de trabajo, lo típico que hago en mis días. Hasta que... Volteo a ver a mi secretaria, la cual me dijo. —Sra. Jazmín, un chico apartó una cita para mañana. —¿Que chico?— pregunté. —Lo que me pareció raro, es que en sus datos me dice que no tiene ningún poder, ¿Es eso normal? —Sí. Ya sé quién es. De ninguna manera, esto no puede estar pasando. Él... Vendría a mi trabajo, buen trabajo Jazmín, eres alguien responsable. Nótese el sarcasmo al decirme eso a mi misma. Escucho la puerta sonar, y era él, aquel amor que para mi, es inalcanzable, que vino a mi vida nuevamente, luego de tanto tiempo. —Nos vemos mañana, doctora. Así mismo como entró, así mismo salió por la puerta, dejándome con todas las emociones revueltas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD