Capítulo 08

1886 Words
Michelle Cuando abrí la puerta y me encontré con la mirada glacial de ese hombre, parte de mi valentía se desvaneció. Tyler Blackwolf tenía los ojos más fríos que había visto en mi vida, e inhalé profundamente para resistir el impacto de su presencia. Esa mirada, que encontraba siniestra, me escudriñó de arriba abajo de manera penetrante, como si quisiera asegurarse de que yo fuera apta para llevar adelante su hijo. Tuve la sensación de que él me veía solo como un vientre de alquiler y no como la verdadera madre del bebé. Casi cambié de opinión y cerré la puerta en su cara, pero me contuve a tiempo. El hombre tenía razón, necesitábamos hablar y aclarar todo entre nosotros, especialmente el hecho de que él tendría que desaparecer de mi vida y de la vida de mi hijo. — Puede entrar, pero solo usted, por favor — fui lo más educada que pude, considerando que estaba siendo obligada a recibirlo en mi casa. Él levantó una mano y señaló a los guardias, deteniéndolos afuera mientras entraba solo al apartamento. Cerré la puerta y lo conduje a la sala, ofreciéndole cortésmente el sofá para que se sentara. Como la vez anterior que lo encontré, el hombre llevaba un impecable traje azul marino de excelente calidad, que se ajustaba perfectamente a su alto y robusto cuerpo. Tyler Blackwolf era enorme y su presencia hacía que mi sala pareciera aún más pequeña de lo que ya era. Nos sentamos uno frente al otro, en lados opuestos. — ¿De qué se trata? — fui directa al grano. — De mi hijo que está en tu vientre — él fue tan directo como yo. — Hubo un error en Fertile Future. En lugar de usar el esperma del donante anónimo que elegiste, usaron el mío, del cual no doné absolutamente nada a la clínica. Pagué por la criopreservación de mi esperma para tener seguridad futura, pensando en usarlo en el momento que fuera mejor para mí. Aunque ya sospechaba eso, la confirmación cayó como una bomba en mi regazo. Observé su cabello n***o, sus ojos igualmente oscuros y duros, su rostro con rasgos angulosos que la barba no disimulaba, su expresión ceñuda y cerrada. No se parecía en nada al tipo físico del donante anónimo que yo había elegido. — ¿Cómo estás tan seguro de que hubo un error? Nadie en la clínica se ha comunicado conmigo para hablar de errores o intercambios de material. Pensé que era mejor no mencionar la extraña consulta que tuve con la doctora Chelsea. — Tengo conocidos en el campo de la reproducción humana que se enteraron y me lo contaron. Hablé con el director y el error ya ha sido confirmado. El hombre ni siquiera necesitaba decirme más. El señor doctor Harrison Davis me había entregado en bandeja al cliente más poderoso de él. — El doctor Harrison confirmó el error que cometieron contigo, pero eso no significa que hayan cometido ningún error conmigo. ¿El director tiene cien por ciento de certeza de que soy yo la mujer que fue inseminada con tu esperma? Era extraño estar hablando de algo tan íntimo con un completo desconocido. — Podría estar embarazada de cualquier otro hombre que haya utilizado el mismo servicio de criopreservación, ya que parece que cometer errores es algo común en esa clínica. Él endureció aún más su expresión y su mirada se clavó en mí como una daga, haciéndome estremecer de miedo. — No hay dudas al respecto, pero tendremos cien por ciento de certeza cuando te hagas la prueba de paternidad. Ya me informé y a partir de la octava semana de embarazo se puede realizar una prueba no invasiva. — Nadie me va a obligar a hacer esa prueba ni ninguna otra que yo no quiera — fui firme al mantener mi posición, sintiéndome indignada por esa imposición de su parte. — Te sugiero que investigues mejor quién fue la mujer que recibió tu esperma. Podrías estar perdiendo el tiempo aquí conmigo, mientras que la verdadera madre está por ahí con tu hijo. Él me miró en silencio durante largos momentos, con su expresión inalterable y una mirada tan gélida que volví a estremecerme. — Fingir que no pasa nada no te servirá de nada. Huir, mucho menos — su voz insensible llenó mi sala —. Estarás cometiendo el peor error de tu vida si eliges alguna de esas dos opciones, señorita Smith. — ¿Me estás amenazando? — Te estoy avisando. ¡Hijo de...! Sin duda, debió haber ocurrido un error. Nunca podrías ser mi donante anónimo. No tiene nada que ver con las características que he elegido. - Puedo asegurarte que no eres ni de lejos la madre que quería para mi hijo, pero eso no me detendrá. - Me miraste con desprecio. - Por desgracia, fuiste la mujer inseminada con mi semen y sé que te quedaste embarazada. He venido a resolver contigo mis derechos sobre el niño en cuanto nazca. - Debe de estar de broma. - exclamé, atónita por su atrevimiento. Tyler Blackwolf mantuvo la misma mirada siniestra sobre mí. - ¿Tengo cara de estar bromeando? No, no lo hice, lo que no hizo sino desesperarme aún más. ¡Esto no puede estar pasándome a mí! Mi mayor pesadilla se estaba haciendo realidad. Lo único que más deseaba cuando decidí quedarme embarazada era que ningún padre reclamara derechos sobre mi hijo. Ahora, eso era exactamente lo que estaba ocurriendo. ¡Tenía delante al peor padre para mi hijo! El parecido de Tyler Blackwolf con mi propio padre era asombroso. No en apariencia, ya que físicamente eran muy diferentes, sino en sus actitudes y su forma autoritaria de exigir obediencia inmediata a lo que quería. - Lo siento por ti, pero yo no tengo la culpa del error que cometió la clínica. Aunque no me inseminaron con el material del donante anónimo que elegí, el procedimiento se llevó a cabo y fue un éxito. Estoy embarazada del hijo que quería tener "por mi cuenta". . Le aconsejo que demande a la clínica, reciba una indemnización millonaria y tenga su futuro hijo planeado con la mujer ideal. Fijó en mí su abominable mirada. En ese momento me di cuenta de cuánto me odiaba aquel hombre, pero no me inmuté. Actué como si estuviera delante de mi padre y le miré desafiante. - No es tan sencillo, señorita Smith. No pienso renunciar a mi hijo. ¡Lo quiero en cuanto nazca! - Se mostró inflexible, sorprendiéndome con su irrazonable demanda. - Mis abogados redactarán un contrato para que usted lo firme, renunciando a mi favor. Parpadeé varias veces antes de poder articular algo que decir. - Debes de estar loco si crees que voy a renunciar a mi hijo. Ya me arrepentí de haberte dejado entrar en mi casa. - Me levanté, indignada. - Vete inmediatamente. Él también se levantó, pero muy despacio, con su mirada penetrante clavada en la mía. - No me engañes diciendo que vas a querer incondicionalmente al hijo de un hombre que no tiene el aspecto físico del padre perfecto que querías para él. ¿Cómo tratarás a mi hijo cuando crezca con el pelo y los ojos oscuros como los míos, en lugar de rubio y de ojos azules como soñabas? Sea niño o niña, se quedará conmigo. - ¡Qué absurdo! Nunca rechazaría a mi hijo por sus características físicas. Le querré igual, sea rubio o moreno. Lo que rechazo totalmente es un padre para él, seas tú o cualquier otro. Si quisiera un padre para mi hijo, me habría casado. - Si quisiera una madre para mi hijo, también me habría casado -respondió inmediatamente-. - Mi hijo no necesita una madre para ser feliz. - Mi hijo puede ser feliz sólo con su madre, sin la presencia de su padre", dije con la misma determinación. Apretó los dientes, dando más miedo del que ya tenía. Sólo entonces recordé que estaba sola con aquel hombre en mi piso, que tenía a dos guardias de seguridad en la puerta. Si Tyler Blackwolf me mataba en un arrebato de ira, nadie lo sabría. ¡Oh, Dios mío! ¿En qué me he metido? Respiré hondo y tragué saliva cuando la realidad de mi situación me golpeó. La ansiedad hizo que la habitación diera vueltas a mi alrededor y me sentí a punto de desmayarme. Ahora no, por favor. Lo último que necesitaba para empeorar las cosas era desmayarme en ese momento. Por seguridad, me moví hacia un lado, fuera de su alcance. No sirvió de mucho, pero me consolé diciéndome que había ayudado mucho. - Le ruego que se marche, señor Blackwolf. No tenemos nada más que hablar. - ¡No se quedará con mi hijo! - Claro que me quedo con "mi hijo". - Me mantuve firme sin flaquear. - Por lo que a mí respecta, no tiene padre. El hombre se acercó un paso más a mí, lo que me pareció amenazador. - No se acerque más. Se detuvo, entrecerrando los ojos oscuros. - ¿Crees que voy a pegarte? - preguntó con voz gutural. - No te conozco. Lo único que sé es que estás dispuesto a hacer cualquier cosa para quitarme a mi hijo. Soltó una imprecación intercalada en un tono de voz muy bajo, pero comprendí muy bien que me estaba llamando mujer idiota. - Cuando nazca, ¡no antes! - Ni ahora, ni después. Es mi hijo y se quedará conmigo. Ahora sal de mi casa o llamo a la policía. Ambos sabíamos que era un farol. Lobo n***o me mataría fácilmente con una sola mano antes de que pudiera dar un solo paso. Permaneció impasible, mirándome fríamente. - Tienes dos opciones, Michelle Smith. Arreglar este asunto amistosamente conmigo o ser juzgada junto con Futuro Fértil. Le garantizo que obtendré la custodia total de mi hijo en los tribunales. Utilizaron mi semen sin mi permiso y me da igual que supieras o no de quién era el esperma que iba a fecundarte. - Esbozó una sonrisa de odio, que no hizo sino aumentar su macabra energía. - ¿Quién puede garantizar que no lo hiciste todo de mutuo acuerdo con el médico que te trató en la clínica, con la intención de darme un golpe económico más tarde? Puedo demostrarlo ante un tribunal. Se me cayó literalmente la mandíbula ante esa amenaza. - ¡Eres abominable, eres repugnante! ¡No necesito tu sucio dinero! Cuanto más veo quién eres, más fuerte se hace mi determinación de mantenerte alejado de mi hijo -exclamé sin ocultar el asco que sentía por él-. - ¡Ningún hijo se merece un padre así! No pareció inmutarse por lo que dije, a pesar del músculo que empezó a latir en su mandíbula agarrotada. - Ningún hijo se merece una madre estafadora que roba el semen de un rico para salir adelante en la vida. Tú eliges si quieres un acuerdo amistoso o una demanda. Me pasé la mano por la cara, intentando mantener a raya el mareo. - Me has hecho daño. Quiero que te vayas de mi casa ahora mismo. Intenté poner fuerza en mi voz, pero ya era demasiado tarde. Ya no podía controlar mi cuerpo y al momento siguiente me desmayé por completo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD