Capítulo 9

1255 Words
Giovanna ha venido a buscarme como lo había dicho y ahora nos estamos dirigiendo a un bar que según ella es restaurant/bar donde las fiestas se ponen locas en el segundo piso y en el primer piso parece un simple restaurante de lujo. ''No te preocupes, lo mejor siempre está arriba'' mencionó una vez que nos bajamos de su coche para adentrarnos al lugar. Miré desde abajo lo grande que era el lugar, casi tan grande que el edificio de la empresa ''Asociation Rickford. Inc.'' pero éste era muy bonito, por abajo había candelabros de cristal y esas cosas que dudé que mi amiga estuviera en lo cierto y que arriba haya una gran discoteca que según ella es la más conocida de Nueva York y la más famosa, aunque yo no tenía idea de que existía. Mi amiga tenía un crop top y una falda tan pequeña que, si no la conociera, le diría que muestra mucha carne, con sus tacones que, aunque no son muy altos, normalmente ella se vestía de éste modo, era muy segura de sí misma, cosa que a mí me faltaba por completo. Mientras yo llevaba unos tacones que no estaban tan altos color n***o, unos jeans negros que me quedaban un poco ajustados y una blusa color rosa en forma de corazón con escarcha que Giovanna me dijo que me ponga, que, aunque no mostraba mucho mostraba una gran parte de mi busto, lo que hacía que yo me la suba constantemente, sin embargo, al subírmela ésta se acomodaba nuevamente hacia abajo mostrando mi busto. Maldita seas, Giovanna. Ella entró sin siquiera decirle gracias al que cuidaba la entrada, me sentí mal por él por qué mi amiga fue muy descortés y susurré un —Buenas noches. — sonrió el señor que, aunque no tenía pelo por estar rapado era muy atractivo. Seguí a mi amiga quien me jalaba del brazo constantemente lo que me hacía poner una mueca de dolor y entramos a la discoteca que increíblemente era cierto, estaba encima de un restaurante de lujo y con solo abrir la puerta la música resonó en mis oídos lo que me hizo hacer un mohín. Ella se metió entre la multitud y yo le seguí el paso, llevándonos a una mesa enfrente de la pista y ahí nos sentamos, ella bailaba sentada al ritmo de la música mientras yo miraba a los lados revisando cada rincón de la discoteca que era increíblemente enorme, el suelo cambiaba de colores de azul a blanco una y otra vez y la barra de cocteles se encontraba a unos metros de nosotras, al parecer era un buen lugar en dónde estábamos ubicadas. Miré nuevamente hacia la pista que se movía al ritmo de la música y las pisadas de las personas bailando. Empecé a buscar el baño con la mirada y al encontrarlo memoricé donde quedaba por cualquier emergencia o algo por el estilo. —Pedí cervezas— gritó mi amiga cerca de mi oído y yo la miré rápidamente con los ojos abiertos. —No tomo. — grité un poco asustada y ella negó con la cabeza antes de gritar un: —No seas aguafiestas. —un señor que al mirarlo de cerca noté que era el mesero, dejó las cervezas en la mesa, ella dio un trago poniéndome en la mano mi envase de cerveza, me miró suplicante a lo que yo miré el vaso dudando. Acto seguido, me lo tomé de una vez a lo que ella aplaudió feliz y pidió otras rondas. No estoy acostumbrada a tomar, así que puede ser que por eso me siento mareada. Me duele la cabeza sin embargo sigo tomando una y otra vez con mi amiga, miré una vez más el vaso que tenía enfrente tratando de recordar cuál era el número de ronda de cerveza. Sentía que la cabeza me daba vueltas mientras miraba detenidamente el vaso y sentí unas nauseas tremendas, me levanté de la mesa y murmurando un ''enseguida regreso'' me fui corriendo hasta el baño que había memorizado donde se encontraba. Me arrodillé en el escusado que increíblemente alcancé antes de soltar todo lo que he comido y tomado el día de hoy, después al mirar la cantidad que había vomitado parecía ser que había sacado la comida de hace unas semanas o hasta de hace meses. Me levanto del escusado y camino hacia los lavabos. Me sostengo en este y sonrío sin saber porque lo hago, simplemente le sonrío a mi reflejo. Meto mi cara en el agua fría que cae en pequeña cascada en el lavabo y me limpio la boca que en este momento siento apestosa al igual que mi garganta rasposa. Salgo del baño de las mujeres y me encamino hacia mi mesa donde mi amiga ya no se encontraba, sin embargo, me siento de nuevo para seguir tomando el trago que tenía enfrente con una sonrisa en el rostro. * Un estruendo hace que me levante con un dolor de jaqueca por la mañana, tal vez la jaqueca sea por la noche que tuve ayer gracias a mi amiga Giovanna, sin embargo, hoy tengo que trabajar porque es sábado y para mí no hay descanso. Me levanto de la cama a tropezones con un dolor de cabeza que hace que me tome de la cabeza con fuerza, acto seguido, camino directamente a la cocina para prepararme algo de desayunar y para buscar una aspirina. Camino como una zombi y me tomo la aspirina sin pensarlo dos veces con mi jugo de naranja, sin embargo, el dolor sigue ahí. Desvió la mirada hacia el reloj de la alacena y me percato que ya son las cuarto para las ocho. Ya es tarde. Rápidamente me voy hacia el baño para ducharme, lo cual hice en un minuto porque cuando dieron las ocho ya estaba vestida y parada esperando el autobús para que llegue un poquito antes que ir caminando con tacones. Me subí en el autobús y a las ocho y diez llegué al trabajo sentándome en mi lugar de siempre y poniéndome a teclear como una loca sin razón alguna. —¿Helds? — escuché decir a alguien a mi lado, pero lo ignoré porque necesitaba recuperar el tiempo perdido y hacerme a la que estaba trabajando arduamente, para que mi jefe no notara que había llegado tarde al trabajo. —¡Helds! — miré hacia donde venía la voz y mi jefe el señor Gurmot estaba enfrente de mi computadora molesto y un poco confuso. Yo lo miré de igual manera —¿Qué hace usted aquí? —Yo trabajo...— empecé a decir pero él con una risa me cayó haciendo que abra más los ojos con pura sorpresa. —No, a usted la ascendieron ¿no recuerda? — yo lo miré confusa de nuevo y él se rio de nuevo ¿Cree que esto es gracioso? — Con Rickford, la solicita en su oficina, ahora. — espetó un poco autoritario y yo abrí los ojos recordando, efectivamente, él estaba en lo cierto. Me masajeé las sienes cansada y me levanté de ahí apenada mirando a su derecha que estaba Melissa enojada a su lado. — Lo... lo siento. — susurré antes de salir de ahí corriendo y subiendo al elevador donde me apoyé en la pared con cansancio, mirando el techo. Cuando éste paró en seco, me dirigí hacia la puerta color marrón donde estaba el diablo vestido en un hombre realmente guapo y sexy quien era mi nuevo jefe.
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