Dos días que no lo he visto y que bueno que no lo he visto por qué definitivamente me siento fatal, demasiado mal con los comentarios que escuché en los pasillos, me dijo '' guarra '' y todos cuchicheaban esa palabra a mis alrededores ya que piensan que no me han despedido por que me acosté con Rickford .
No tuve problemas con Gurmot por el café, ya que Melissa me ayudó a prepararlo y me enseñó bien, ahora soy experta haciendo café. Lo tendré que agregar en las cosas que se hacen, las cuales solo son en total tres, pero sé que crecerá poco a poco.
En la escuela todo va a la perfección, ya presentó un examen el cual él aprobó y ya puedo hacer prácticas con personas que necesito mis servicios médicos, pero eso es aplazar hasta terminar de estudiar, porque si hago las consultas ya no trabajaré por lo cual no podría pagar la escuela. Así que eso tendrá que esperar.
Ahora me corresponde en mi escritorio revisando la correspondencia de mi jefe, cuando inesperadamente llega Melissa y yo saludando felizmente mientras yo susurra —El jefe te requiere en su oficina— dijo y yo asentí sonriendo.
¿Qué querrá ahora Gurmot? - Pensé en voz alta pero ella me paró con la mano negando con la cabeza y señalándome al elevador.
No, Rickford quiere hablar contigo. - Me puse pálida y negué con la cabeza sentándome de nuevo. No quiero ir, me prometí no volver a verlo cosa que era imposible siendo el jefe y la cabeza de la compañía. Ella rogó en silencio mientras yo negaba con la cabeza.
No iré
—Se violan molesto, vamos Mia. - Yo negué de nuevo. - Si no vas a perder mi empleo. - La miré y vi en sus ojos preocupación por lo cual me dio pena y acepto a regañadientes porque ella necesitaba el trabajo ¿Por qué estaba aquí no? Y ella tuvo suerte de tener un buen puesto.
—Está bien ... - susurré insegura y yo levanté de mi pequeña silla y yo dirigí al elevador con Melissa a mi lado. Caminé parándome en la puerta del jefe y yo limpié las manos que estaban sudadas con mi falda de tubo que se requiere usar en el trabajo. Era un uniforme.
—Entra, te está esperando. — dijo Melissa empujándome con todo y puerta lo que hizo que casi me tropezara, pero gracias a dios no pasó. Aunque mi tacón si se torció y me hizo perder el control.
Me paré en seco al cerrar la puerta y miré al hombre sentado en su silla-trono al cual odiaba con todo mi ser. Me había hecho algo horrible que no le perdonaré nunca. Me puse roja de furia y alcé la mandíbula llena de orgullo y me senté en la misma silla donde hace unos dos días ocurrió el beso más horripilante que he dado en mi vida.
—Cómo siempre, señorita Helds. Su entrada espectacular. — dijo sarcástico y yo sabía por qué lo decía. Porque mi tacón se ha ido de lado al ser empujada. Ni que fuera para tanto.
A lo que he venido, mientras más rápido esté afuera menos dolor tendré. — ¿Para qué me ha llamado? — lo miré segura y el alzó la ceja sorprendido de que le dirija la palabra. ¡¡Lo dejé sorprendido!! Pues no me importa.
—¿Por qué tan ansiosa? — se levantó de su silla y se dirigió hacia unas copas y luego se sirvió un vino que en realidad nunca había visto. Bueno no es que sepa, porque en realidad yo no sé nada de eso, solo sé que yo no debo tomar eso y no lo haré. — ¿Gusta un poco? — murmuró al ver que miraba la copa, en realidad sólo veía el color rosa que tenía esa agua con sabor a vino, un poco intrigada.
—No, gracias. No tomo. — lo miré a los ojos y el soltó una sonrisita de superioridad lo cual hizo que quiera darle un puñetazo en la cara. —Dime para qué me ha llamado.
—Oh, señorita Helds ¿No quisiera hablar antes de lo que pasó hace dos días?
—No, en realidad no. No hay nada que hablar. — El me miró sorprendido, pero con su misma sonrisa burlona y ahora sí quería matarlo.
—Me sorprende que usted diga eso, porque al parecer la he lastimado. — sonrió y yo me puse roja, lo odio.
—No me ha lastimado, señor. Simplemente me ha asqueado. — me di una palmadita en la espalda por ser atrevida y también al ver la cara que ha puesto Alexander al escuchar esas palabras salir de mi boca. Sonreí victoriosa.
Su rostro se tornó serio, dio zancadas hacia mí, me levanto de la silla y me pegó hacia él. Yo impresionada de lo rápido que fue y con lo rápido que cambia de humor abrí los ojos sorprendida. Estaba tan cerca que sentí su respiración, pero en sus ojos vi enojo, ¿Por qué se molestaría? Se lo merece, eso y más, además lo que le he dicho es poca cosa.
Dios mío, que bipolar.
—¿Asqueado? — preguntó acercándome más a él y yo eché un gritito al sentir que me estaba asfixiando ante lo fuerte que me tenía agarrado —¿Yo te he asqueado? — preguntó de nuevo molesto y acercando mis labios a los de él, pero yo volteé mi cara evitándolo con los ojos llenos de lágrimas las cuales contuve, me estaba lastimando y yo no podía hacer nada porque él era más fuerte que yo, demasiado fuerte.
—Ay. — susurré y el, despertando de donde sea que se haya ido me soltó y se fue dando zancadas fuera de la oficina dejándome en el suelo con lágrimas acumuladas en los ojos.
Ahora, Lo odio más.
**
He estado más de media hora en éste cubículo del baño masajeándome las muñecas que están rojas por el agarre que él tenía, raramente no me di cuenta a qué hora me agarró las muñecas porque me dolió, pero muy poco. Y ahora no hay nada más que unas marcas rojas. Éste hombre es muy fuerte.
Ahora le doy la razón a mi mamá acerca de los hombres y sus actitudes, son muy difíciles y a veces no sabes con quien tratas hasta conocerlo. Me arrepiento de ver a ese hombre como un dios, cosa que eso parece a simple vista, pero la sorpresa que me he llevado es que su forma de ser no puede ser mejor que una mierda. Me levanto del excusado y me dirijo a la puerta que divide el pequeño baño con los lavabos, pero escuché unos tacones resonando en la puerta lo que hizo que me paré en seco y espere a ver quién era.
—¿Has visto lo que ha pasado hoy? —escuché a una voz de mujer entrar al baño y yo retrocedí quedándome dentro del cubículo y subiendo mis piernas para que no vean que estoy presente.
—Sí, de nuevo Mia se ha metido a la oficina del jefe. — contestó la otra, porque sus voces eran diferentes, yo me tapé la boca tratando de guardar un gemido que había salido de la nada de mi boca.
—Sí, no tarda en tener un buen puesto en una semana. Es una ofrecida. — Cerré los ojos cuando una lágrima salió a la luz, me hice más chiquita agarrando mis piernas y metiendo mi cara entre mis muslos. Me siento mal.
—Además, que tiene ella. Todas somos más hermosas y ella, la más marginada de toda la empresa ha salido victoriosa. — escuché que la otra dijo. Al parecer son tres.
No he salido victoriosa, porque si en realidad supieran, ese hombre me trata muy mal. Cosa que no entiendo porque no le he hecho nada.
—Pero ya saben, de seguro él la quiere para un rato. Así es siempre, desde antes que sea el jefe ¿O no recuerdas Georgina? — Escuché unas risas.
—Calladas, les he dicho que no comenten nada. Fue pasajero. — dijo la que imaginé que era Georgina. Yo quise vomitar por estar aquí encerrada y de igual modo quise salir y enfrentar a esas víboras, cosa que no podía porque no tenía el valor. Demasiados problemas he tenido ésta última semana para crear más problemas en esta empresa.
—Tienes razón, siempre es para un momento, pobre Mia. Pero se lo ha ganado por guarra. — yo me sentí muy guarra, cosa que al parecer para todo el mundo era. Y creo que se era porque nos habíamos besado. Ellas tienen razón.
Escuché unos sonidos de tacones alejándose y con un golpe en la puerta supe que ya se habían ido de ahí, acto seguido yo me levanté y abrí la puerta de golpe sin poder respirar. Me fui hacia el lavabo y me miré en el gran espejo que tenía enfrente. Mi reflejo estaba pálido con bolsas debajo de mis ojos los cuales estaban de color rojo por tanto llorar, esa era una mujer desconocida, esa no era yo.