Tras hablar con William y Abigail, entendí lo peligrosa y descontrolada que era Laura. En ese momento solo podía pensar en la seguridad de la manada y de la ciudad. Regresé a la terraza con la intención de encontrar a Marion o a Marianne, ya que no quería involucrar al séquito. Faltaba algunos escalones para llegar a la terraza cuando Marianne bajaba por las escaleras. – Marianne, necesito tu ayuda -la tomé del brazo y la llevé a una de las habitaciones desocupadas del tercer piso. Su expresión era de sorpresa, no entendía mi actuar. – ¿Qué sucede, Amelia? -miraba detrás de mí, esperando que alguien aparezca-. ¿Dónde está Stefan? – Marianne, por favor, escucha atentamente lo que te voy a decir y no me cuestiones -seguía mirándome como si me desconociera-. ¿Cómo podemos cerciorarnos, sin

