LXXI

1252 Words

Katerine Marshall El asombro es tanto al verla que no puedo articular palabra, de todas las personas que tenía en mente jamás me imaginé que fuera ella. Su sonrisa se mantiene intacta, como si de verdad se alegrara de verme. Por mi parte, empiezo a sentirme confundida y un poco mareada por el ambiente de la casa; todo huele a guardado y viejo, hasta estoy segura de que hay ratas o cucarachas rondando el lugar. La imagen mental me hace tener una arcada, la cual logro controlar. -¿estás bien? -se acerca y apoya su mano en mi nuca. Me alejo por instinto. -no, ¿qué es todo esto? -expreso confundida. No estoy entendiendo nada, no sé que tiene que ver ella con Oliver. -¿no es obvio, tan ciega eres? -masculla con hastío. Su sonrisa se cae y entonces veo a la verdadera mujer. Ya no es esa

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