Oliver Lombardi Juro que quiero matarlo. Mi ira es el reflejo de mi rostro, no controlo mi respiración pesada y lo único que incita a mi mente a hacer es darle un puñetazo en el rostro a Christian. Llevamos un buen rato varados en la carretera en medio de la nada. Christian no se despega de su celular con la excusa de conseguir una grúa pronto. Por mi parte, me siento un inútil, se suponía que iba a encontrarla, tenía las esperanzas puestas en ese rastreador y ahora... Jalo mi cabello con impotencia, necesito solucionar esto rápido. No me hago la idea de perderlos, no. No me perdonaría si algo les llegara a pasar por mi culpa. —¿Qué haces?—su voz detiene mi anda. —voy a buscarla y no voy a parar hasta encontrarla. —¡¿te volviste loco?! no queda nada para que anochezca y no sabemos

