Luego del sueño húmedo y haberme dado una ducha fría, no logré conciliar el sueño. Mi mente no dejaba de recordar sus caricias, besos y otras sensaciones que él causaba en mi cuerpo que simplemente no se cómo describirlas. Me despierto cansada y el recibimiento de mis ojeras profundas a través del espejo me lo confirma. Me desvisto y me ducho, cierro mis ojos y dejo que el agua fría toque mi rostro, como si así pueda eliminar toda la tensión y sueño. Luego de vestirme con unos pantalones anchos clásicos y una camisa blanca manga larga de botones, me coloco unos zapatos bajos también clásicos. Termino batallando con peinar mi cabello, el cual está hecho un desastre producto de las veces que me moví durante la noche. Mis mejillas se sonrojan cuando recuerdo esos sueños. -Dios, pareces una

