XXXIII

883 Words

El transcurso del camino a mi casa fue igual de tortuoso y silencioso que el de esta mañana. Cuando llegamos, Oliver solo me dijo "adiós, cuídate" y se marchó. Eso me hizo apretar los labios, conteniendo varias emociones, que no logré saber si eran rabia o nostalgia. Ahora me encuentro en el ascensor, mirando la ecografía que me dió la doctora y a la cual no dejo de observar. Es asombroso que esa pequeña manchita sea mi bebé. Las puertas se abren y mis ojos caen en la rubia frente a mis ojos, en todo este tiempo no la había visto. -¡Kate, que alegría verte! -sus labios se ensanchan en una gran sonrisa. -hola Amelie, ¿cómo has estado? -pues acostumbrándome a mi nueva vida -sus ojos me repasan y caen en el papel en mis manos -¿y eso? Trago saliva y contesto rápidamente. -oh no es na

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