Fernán Morgan entregaba su teléfono celular en manos de ese empleado fiel que siempre se mantenía firme junto a él. Todos los trabajadores de la mansión, anhelaban con vehemencia el puesto de mayordomo. Ese mismo puesto que había estado vacante por casi veinte años ya que él no había asignado a nadie para ocuparlo. Sin embargo ellos continuaban esperando ese maravilloso día cuando alguien consiguiera ganarse la confianza de Fernán a tal nivel que éste decidiera otorgarle tal privilegio. Ser el mayordomo de la mansión Morgan traía consigo muchísimas responsabilidades bastantes delicadas, aún así, los beneficios no dejaban de ser infinitamente mejores. Era convertirse en la mano derecha del hombre más poderoso de todo el país. Eso sería bastante bueno para cualquiera. Fernán continuaba con

