Esa mañana Fernán Morgan había amanecido de muy buen humor. Su risa podía escucharse a través de toda la mansión haciendo eco en los oídos de sus hijos que no podían creer el estado de ánimo de su padre. Muy pocas veces en la vida lo habían visto de esa manera, él siempre fue una persona fría, distante, y muy sería. Sin embargo ese día todo era muy diferente en cuanto a su personalidad. Incluso los empleados lo miraban con extrañeza mientras servían su desayuno en una elegante mesa en pleno jardín. Esa era su manera favorita de comenzar cada jornada. Comiendo un buen pan tostado acompañado del mejor queso de todo el país, sin que pudiera faltar jamás ese típico jugo de naranja tan emblemático en todas sus comidas. Por primera vez en muchos años, Fernán bromeaba con su personal de servicio

