Chris… ¿Sera posible? - me pregunto a mí mismo. Con la vista fija en el horizonte a través del ventanal, no dejo de pensar en la mujer que se está arreglando en el baño. La que acaba de darme el goce de escuchar mi nombre en sus labios. Esa que ha calado en mi pelea tras pelea. Discusión tras discusión. Cada enredo es peor que el otro. Está formando una población de neuronas en mi cerebro que me hacen responder a su esencia, a sus manos y yo actúo según su voluntad. ¿Puede esta odiosa abogada eliminar de mi la decepción por las mujeres? Hacer que deje de sentirme como un proveedor de soluciones al que se acude como un boleto para vivir bien. Podre alguna vez dejar de sentir que no merezco un amor limpio libre de los gérmenes del interés por lo material. ¿será ella capaz de valorarme po

