CAPÍTULO 9

2122 Words
❛CAUTIVA❜ —Es una pena conocernos en estas circunstancia hermosa, de verdad, eres muy sexy, te habría invitado a una cerveza—sus palabras y movimientos y gestos fueron un poco teatrales, comenzando a irritar a Idara que todavía yacía imperturbable y reacia a bajar las armas. Ladeó la cabeza, con una sonrisa maliciosa—por cierto, para tí soy Jia Li, las formalidades son primero —le guiñó un ojo coqueto. —Última vez que lo digo ojos azules—advirtió borrando un poco la diversión en su semblante—Hazlo por las buenas, créeme, te ahorrarías muchos problemas. Ella no hizo ningún movimiento, ni siquiera cuándo Emily comenzó a suplicarle en silencio. Jia Li asintió, gesticuló en comprensión, sus gestos parecían que lo decepcionó su terquedad. —¡Umh!, De acuerdo, te lo...—su teléfono celular resonó por una llamada entrante, interviniendo—Oh, qué oportuno. Rió al reconocer quién lo llamaba. Llevó el dispositivo a su oreja, en todo momento observando a Idara. —Llamas en el momento justo, señor Pierre. Idara tuvo que tomar todo su autocontrol para no reaccionar al mencionado nombre y levantar sospechas. —Sí, sí, sweetie está poniendo algo de resistencia, pero todo está bajo control. ¿Eh?—cuestionó confundido—cómo usted diga señor. Alejó el dispositivo de su oreja y volvió la llamada ahora en vídeo llamada y dejó que los presentes vieran y escucharan; se oyeron claros sollozos de una niña amordazada al lado de su madre estaba tan angustiada, tan y absolutamente horrorizada. —¡Mi hija!—exclamó Vikenti. —¡Papá!—La niña gritó en ruso, y la obligaron a detenerse, sacando otro grito de terror de su boca mientras sus ojos se cerraban con fuerza e intentaba zafarse, aterrorizada de ver a esa arma sobre su cabeza. —Señorita Idara, sé que usted no tiene el corazón para permitir que esta niña sufra las consecuencias a causa de sus actos. Por favor, se le pide amablemente su cooperación. Idara tensó la mandíbula. "¿Qué demonios pretendes, Pierre?" Escuchó la corredera de un arma siendo jalada, Vikenti estaba apuntando directamente a Emily. Ella jadeó anonadada, temblando al igual que la niña. —Lo siento mucho jovencita, pero no voy a permitir que mi hija muera por la imprudencia de tu amiga. —Oh, vaya, vaya… Esto se vuelve más interesante—Comentó Jia Li con absoluto sarcasmo—¿Que eliges dulzura, bajarás esa arma y serás una buena niña y vendrás con nosotros junto a tu amiguita? ¿Umh? Miró de reojo a Emily brevemente. Vikenti reafirmó su agarre en su arma, decidido a pesar de que las lágrimas de la joven le estaban calando de culpa. —Issa—advirtió el calvo. Se proyectó una tensión y suspenso que incluso podría ser palpable. Sudor frío recorría por su piel, sus músculos tensos y la adrenalina se percibía cómo metal fundido en sus venas. Idara dejó escapar un suspiro, cerrando y abriendo sus ojos, sus hombros se relajaron y posteriormente sus brazos también, bajando al costado de su cuerpo y dejando caer de estrepitosamente las armas. Vikenti y los hombres de Jia Li continuaron después, acercándose a ella y agarrándola con fuerza, alejándola de sus armas e inhabilitando sus posibilidades de escape. Emily fue la siguiente. Vikenti contempló nuevamente a su hija a través de la videollamada, y el arma ya no estaba en su cabeza. Había cumplido el primer objetivo del trato, faltaba el último y tendría a su esposa e hija consigo otra vez. Jia Li se jactó—Buena niña, muy buena elección. —Muy bien, vámonos, la señorita Imara de seguro está muy ansiosa por verlas. Especialmente a ti, dulce. Idara le dirigió una mirada impasible antes de ser empujada bruscamente para que caminara escalera arriba. Los gritos de súplica desesperadas de Emily no se hicieron esperar y comenzó a forcejear y patalear. —¡Idara! ¡Ayúdame Idara! ¡No, suéltenme! La impotencia quemaba con rabia ardiente y se esparcía con cada gritos suyo, con cada lágrima y cada gemido de dolor. Sentí cómo en la parte posterior de mi cabeza un terrible dolor que me dejó aturdida, y después, sentí mi mente desvanecerse en la profunda oscuridad. • Ella gimió moviendo sus manos unidas a aquellas frías cadenas oyendo el tintineo de estas en esa fúnebre habitación repleta de oscuridad. Sus hombros temblaban y su cabeza gacha. Sus cabellos se encargaban de ocultar sus ojos hinchados y rojos como la sangre que se escurría en su piel, sintiendo la punzada y el grotesco escozor de las heridas que provocó los azotes en su espalda. Su escasa ropa desgarrada, apenas tapaba su cuerpo. Se encogió cuando la mirada afilada y penetrante de Jia Li se inclinó hasta ella y acarició una de sus suaves mejillas para luego tomar con posesividad su mentón, obligándola a mirarlo. —Creí que habías muerto, Sweetie—Se escuchó su potente tono retumbar en las cuatros paredes. Idara abrió un poco más sus párpados exhibiendo sus ojos azules brillantes de las lágrimas no derramadas, brillaban como dos gemas de zafiros en la profunda noche estrellada. —Emily—susurró con una voz quebrada—Emily… ¿dónde está? Desde ese día, había quedado aquí, encerrada y torturada a manos de Jie Li. Perdió la noción del tiempo y en lo único que pensaba era en su amiga. —Que tierna eres Sweetie, aún en tus sufrimiento te preocupas por ella—Inquirió con sorna—te aconsejo que sólo te preocupes por tí. —N-no...—Musitó con hilito de voz—No, no, Emily... Aunque sonara quebrada, se reflejaba en su tono su determinación y firmeza que implicaba su decisión y obstinación. —¿No?... De acuerdo—un estrepitoso sonido resonó en la fría recámara, una bofetada, haciendo impactar su cabeza contra la pared. Ella se quejó. Su rostro y cuerpo lucían cansados y apenas lograba mantenerse de pie. —Creo que necesitas nuevamente un castigo. Posteriormente la elevó hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo siendo su sostén las cadenas amarradas en su muñeca, quedando ella colgada en el techo y sus brazos a cada lado de su cabeza. El hombre sonrió momentáneamente y sujetó el látigo para luego infligir contra la mujer quien no tardó en morderse el labio inferior para no soltar aquellos alaridos que tanto placer causaba a su agresor. Sentía su carne abrirse con cada flagelo dejando escapar unas cuantas lágrimas. Su cuerpo entumecido de la agonía y el dolor, sangrando como si ella fuera una oveja colgada en el matadero a punto de ser sacrificada. • Una vez que haya corroborado que la mayoría de los guardias estuvieran centrados en los deportes que transmitía la televisión, se encaminó por los pasillos sombríos y fríos alejado del edificio a zonas restringidas siguiendo su camino hasta llegar a una puerta negra con un panel de acceso al costado. Marcó la contraseña y el panel dio la señal positiva en luz verde dándole paso automáticamente a una habitación apenas vislumbrada por la luz tenue de la luna que penetraba por una pequeña ventana de cristal. Pierre percibió unos suaves quejidos y jadeos de dolor y trató de hallar a la dueña entre penumbras. —¡Idara! Y sin pensarlo corrió hasta ella ya que la chica estaba acostada en el suelo, enterrándose su estado externo y psicológico y lo que antes su ropa era una bata blanca, ahora parecía roja de la misma sangre que ella derramó mientras era flagelada. La chica estaba débil y temblorosa, doliendole todas las articulaciones y con pequeñas lágrimas cristalizando sus orbes azules. —¡Rayos! ese idiota nuevamente se le pasó la mano—Gruñó inspeccionando su rostro marchito y con hematomas cayendo hilos del líquido carmín por su sien y labio inferior. —Idara, ¿Puedes oírme?—La chica asintió levemente debido a que no podía hablar por haber gritado tanto mientras era brutalmente golpeada. El joven la ayudó a incorporarse con cuidado, sosteniendola para que no caiga no sin antes haberse quitado la mochila que llevaba tras su espalda. —No te preocupes, aquí estoy pequeña—Empezó a despegar la tela de su piel para no infectar las heridas que permanecían abiertas. —Traje vendas y desinfectantes también algo para que puedas alimentarte—Ella lo agradeció con sonrisa tenue. —Pierre—Pronunció en un hilito de voz, perdiéndose en esos ojos. —Silencio, no gastes más energía. Ahora te llevaré a un baño, necesitas sacarte toda esa sangre de encima. Y sin previo aviso teniendo cuidado de no lastimarla más de lo que estaba, la cargó entre sus brazos y ella entendió lo que él pretendía hacer por lo que no se resistió ni forcejeó. Salieron de esa habitación y Pierre la llevó a unos de los baños llegando enfrente de una puerta gris la cual empujó levemente con su pie y se adentró con cautela al cruzar en el umbral. Las luces del baño automáticamente se encendieron. La sentó en la mesada de lavamanos de mármol e instintivamente buscó sus ojos. Ella se relamió los labios ante la fija que él le dedicaba, siempre la incomodaba y el silencio no ayudaba para nada, optó por agachar la cabeza, evitandolo. —Oye—Murmuró y ella levantó la mirada—No pierdas las esperanzas, no tardaré en sacarte de este infierno a tí y a tu amiga, solo resiste un poco más ¿Sí?—Ella quedó callada, mirando sus manos susurrando un ``Si" apenas perceptible. —Como se que no aceptarás mi ayuda en asearte, me cercioraré de que el agua al menos esté tibia—Dijo alejándose mientras ella atinaba a asentir. —¿Y... que me pondré? —No te preocupes, pensé en todo. —Gracias Pierre. • El agua tibia sobre su piel fue relajante, quitando todo rastro de mugre y pulcrando sus rozaduras abiertas para que se pudieran cerrar sin problemas. Veía correr el fluido carmesí de las recientes heridas en el drenaje con pensamiento de pena en su mente, al menos la presencia de su mejor amigo le era reconfortante y consolador. Esa bestia no la dejaba siquiera suplicar y cada vez que intentaba ser fuerte, quebraba ese muro de resistencia apenas sostenible como si fuera una delgada tela que. No perdió la cordura, no perdió las esperanzas y sobre todo, no se perdió a sí misma, por Emily. Le consolaba saber que ella no estaba siendo torturada, agradecía que estaba mucho mejor en comparación con ella. Una vez que culminó su aseo, Pierre buscó en el interior de la mochila las vendas y dos pomos de color marrón que contenía desinfectante clorhexidina y el otro agua oxigenada. Contempló de reojo a la chica que estaba parada frente al enorme espejo y envuelta en una toalla blanca, estaba ida y con su acostumbrada mirada lúgubre, dejo ir unos suspiros e indaga nuevamente también entre sus cosas por algunos algodones y el esparadrapo, definitivamente se felicitó así mismo, ¡Había pensado en cada detalle!. Se aproximó a ella depositando las cosas en manos en la mesada de mármol donde ella estaba y en silencio, fue inspeccionando las heridas más profundas de su espalda y hombros. —Arderá un poco—Avisó acercándo el algodón a su brazo, Idara no hizo ningún gesto, eso no se comparaba a nada. Pierre siguió sucesivamente haciendo su labor con el resto de las cicatrices prematuras y empezó a vendar cada una de ellas, un poco más y Idara parecería una momia. Cuando al fín acabó, le entregó a la muchacha un pantalón y una remera de color blanco ceñido al cuerpo para que lo vistiera, desechando al pedazo de harapo que anteriormente tenía como una especie de ropa. —Te ves bonita—Aduló él cuando ella salió de unos de los cubículos, mientras estaba cruzado de brazos y sonriendo con algo de malicia que la chica no logró percibir. —Cállate Aún viviendo en un infierno, ella no perdía ese espíritu. —Investigué algo hace poco—Ella lo miró curiosa y atenta. —Imara tiene algo planeado para perjudicar de manera permanente a tu padre, sin embargo, no tengo la certeza de que sería eso—Frunció el entrecejo continuando con su labor en curarla. Idara pestañeó extrañada. —Debes averiguarlo, por favor, no quiero que le haga daño a mi padre—Musitó suplicante. Pierre puso su pulgar e índice en el puente de su nariz, cerrando sus ojos y volviendolos a abrir, intensificando su mirada. —Lo intentaré Idy, pero no prometo nada. . . . .
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