CAPÍTULO 7

1198 Words
❛DESCONFIANZA❜ La noche es densa sobre los armoniosos tejados rojos tajantes, bajo el cielo inflamado por nubes oscuras que ocultan la belleza de la luna que se extiende por todos los lugares. Labios rojos resaltan y una sombra de un silueta curvilínea hacia que en el aire se palpara un sentimiento tétrico y diversión maquiavélica, proveniente de esta hermosa mujer. Sus largas uñas carmesí y gatunas, burlaban con sonidos estresantes sobre la superficie de cristal de la mesa decorativa. —Tus hombres son tan patéticos, Steven, igual que tú. Un hombre ensangrentado hasta los pies, cayó sin vida al suelo, siendo retrospectivamente sostenido por dos hombres con traje de vestir, sin la chaqueta y con las mangas la camisa remangadas y empapadas de sangre. —Pierre, espero de ti, buenos resultados. Miró al hombre, sentado frente a ella, relajado y con las piernas cruzadas mientras leía un libro. Era un hombre bien parecido. Una sonrisa soez y una profunda mirada brillante de diversión. —Cómo usted ordene, Monsieur  Imara se levantó de su silla y con movimientos seductores e hipnóticos se acercó a él, quitándole el libro y sentándose a horcajadas encima de él. Había quitado tantas distancias que ahora, ambos estaban pegados y ella, respirando el aroma de su cuello. Ascendió hasta llegar al lóbulo de su oreja y darle un sensual mordisco. —Si lo haces—susurró dejándolo casi sin aliento—Podrás hacer con Idara lo que quieras. Ella se complació cuando vió su manzana de Adán moverse. • Apresuraron sus pasos, Idara llevaba ambas armas sin ocultarlas, apuntando a cualquiera que pudiera ser una potencial amenaza. Emily iba detrás, escudándose detrás de ella, con lágrimas en sus mejillas y suplicando explicación. Cuándo llegaron a una esquina de un pasillo estrecho entre las casas, Idara apuntó con las armas en ambos extremos, derecha e izquierda y como anticipó, habían dos hombres con la misma vestimenta y enormes ametralladoras. Jaló el gatillo, una bala directo entre sus ojos, matándolos antes de que supieran que estaban allí. Un gemido de pavor surgió de Emily, cerrando sus párpados con fuerzas para no ver la violenta escena frente a ella. La frialdad con la que su amiga asesinó a esos cuatros hombres la dejó muda, de pronto comenzó a temer a su amiga aunque no quería. Aunque su lógica decía que era estúpido, Idara solo trataba de protegerla de estos hombres que por un desconocido motivo la seguían. Idara guardó unas de las armas y con la mano libre, tomó el brazo de la chica, jalandola, obligándola a seguir sus pasos apresurados, corriendo. Estando alerta, mirando de reojo hacia atrás y a cualquier parte. La adrenalina quemaba sus venas, su corazón era como un tambor y sus respiraciones pronto se volvían agitadas. Se detuvieron en un rincón, dónde Idara lo consideró seguro. Emily tenía el pecho subiendo y bajando, cómo si saliera del agua y reposó su espalda sobre una pared. Abrió más la boca para atrapar varias bocanadas de aire, a diferencia de Idara, estaba hecha un desastre lloroso, asustada y agitada. Por el contrario, su amiga se veía un poco agitada por el esfuerzo físico, sin embargo, tenía un buen control de sus emociones, estaba en total alerta sin el temor en sus ojos, usualmente fríos. —¿Quiénes eran...—jadeó— esos tipos de allá? La mujer a su lado no hizo ningún sonido, ni mover ningún músculo. Los ojos de Emily la escanearon. Su expresión era inexpresiva. Siempre lo era, pero lo cual era extraño ya que casi siempre podía sentir la pequeña cantidad de emoción que sentía, pero ¿ahora? Idara estaba completamente apagada. A pesar de que sus ojos estaban borrosos por las lágrimas no derramadas, apenas podía ver su mano temblar. Cuál fue el motivo del movimiento, no lo sabía. Después de algunas respiraciones profundas, finalmente logró estabilizarse. Idara todavía seguía callada e impasible, todavía sosteniendo esa arma. —Por favor Idara—Musitó suplicante—Dime quiénes eran ellos y que quieren. luego desvió su mirada a esa maldita arma—¿Quién eres realmente? Finalmente pareció reaccionar, sus ocelos azules perdieron esa frialdad y fiereza de hace un momento, y ahora pareciera mirarla con comprensión. —Emily—comenzó, buscando las palabras adecuadas y bastante insegura—Estás en peligro, personas muy crueles quieren destruirme, atacando a las personas que están relacionadas conmigo. Idara suspiró y relajó sus hombros, acercándose a ella. —Sé que estás muy asustada y confundida, pero debes creerme, hay gente peligrosa ahí afuera que quieren hacerme mucho daño. Así que he decidido que nos separaremos. Emily parpadeó, incrédula ante sus últimas palabras. —¿Qué?... ¡No! —¡Escúchame!—Idara masculló—Deja por una vez tu terquedad y escúchame, ¡esto es serio! No te lo estoy preguntando, te irás pero no con tu padre. Un hombre de mi confianza te recogerá y te mantendrá a salvo. Y antes de que pudiera protestar, Idara la apuntó con su arma, callando y poniéndose rígida en su lugar. —Harás lo que digo por tu bien. Emily asintió vehemente, conteniendo sus sollozos que pugnaban por salir de sus labios. Idara, cómo si reaccionara, el arrepentimiento abarcó todo su semblante y bajó el arma inmediatamente. —Lo siento, las circunstancias... me hacen tomar medidas desesperadas. Suspiró y la contempló, pero ahora con una mirada más suave y gentil. —Debemos irnos. La tomó suavemente de la mano, como una niña pequeña y comenzaron a caminar sin perder la prisa. Idara se había deshecho de su teléfono. Tomaron el tren con destino a Roma, aproximadamente 4 horas 45 minutos de viaje. Emily había quedado callada durante todo el transcurso, su mirada perdida en la ventanilla de cristal del tren y lánguida, hizo preocupar a Idara. Idara no era muy buena consolando a las personas, solo se la quedó viendo fijamente. No era su yo habitual. Eran ellas y tres personas, había un jóven dormitando, con auriculares y el teléfono en mano, reposando su cabeza en el respaldo del asiento. Idara se levantó del asiento, haciendo que Emily quitara los ojos del paisaje y frunció el ceño confusa cuándo su amiga se acercó al chico, sentándose a su lado sin hacer ningún ruido. Iba a preguntar qué estaba haciendo, pero Idara hizo un gesto, poniendo su dedo índice en sus labios pidiendo silencio. Idara contempló al muchacho, por su respiración pausada, supuso que estaba totalmente dormido. Con agilidad, aprovechó y le quitó el teléfono y desconectando el auricular. Envió un mensaje y luego marcó un número telefónico, iniciando una llamada y para perplejidad de Emily, cuándo la persona del otro lado de la línea atendió, Idara comenzó a hablar en ruso. La llamada fue breve y por el rostro de Idara, supuso que fue satisfactorio y había conseguido lo que sea que quisiera de la otra persona. Devolvió el teléfono, dejando como estaba y regresó a su asiento. —Estás llena de sorpresas, ¿Lo sabías?—Emily comentó, casi con amargura y cómo siempre, sólo obtuvo un frío silencio. ¿Quién eres realmente, Idara Pons? . . . . . .
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