“ADVERTENCIA”
—Le agradezco mucho señora Matilde.
—No tienes porque, querida—Matilda sonrió. Ella estaba obsequiando sus hermosas rosas, flores de lavanda, orquídeas,
y plantas de aloe vera a la nueva vecina, quién se había mudado hace tres semanas como un gesto de bienvenida.
—Adiós señora, una vez más le agradezco—La mujer se despidió.
—Adiós, y cuídate—Acompañó su saludo con gesto amable.
Matilde suspiró, y su mirada se perdió en el bello ocaso, mientras, una débil brisa bailaba en la ocasional tarde anaranjada, gris y púrpura mientras que el sol enviaba sus últimos rayos de la tarde. El cielo de Atrani era tan idílico y amaba sus llamativos colores por las tardes.
—¡Señora Matilde, llegamos!
El jovial saludo de Emily hizo desviar su mirada al portón. Rió entre dientes al percibirlo tan alegre, pero endureció su expresión también cuándo vio a Idara con la mirada perdida y sus orbes azul apagados.
—¡Que bueno que hayan regresado!
¡Preparé galletas!
—¡Delicioso!—exclamó con bastante entusiasmo—permiso señora Matilde, iré a ver a Gian.
—De acuerdo querida, pero no es necesario que pidas permiso, mi casa, tú casa.
Emily sonrió y se adentra a la casa dejándolas solas.
La abuela estudió con agudeza a su nieta; su semblante, sus hombros tensos y sus ojos en todos lados, como si estuviera en alerta. a los suyos decían muchas cosas de ella.
—Idy, ¿Qué pasó?
—Nada de qué preocuparse.
Ella suspiró y pestañeó, en un intento de apartar el recuerdo de la sensación de ser vigilada. Su loca paranoia le había dado la razón cuándo encontró a un hombre tomando fotografías, siendo tan poco discreto. Durante todo el camino no había dejado de estar en alerta. Al ser la hija de una figura pública, estaba obligada a mantener siempre la guardia en alto, no era la primera vez que la acosaban. Siempre corría el riesgo de ser secuestrada con la intención de extorsionar a su padre por mucho dinero. Y para evitarle ese tipo de problemas a su padre, siempre era precavida y cambiaba su apariencia de vez en cuándo.
Afortunadamente, el sujeto se había marchado antes de que regresaran. De lo contrario tendrían que seguir caminando más tiempo para deshacerse de él y correr el riesgo de que lo siguiera hasta la casa de su abuela Matilde. Lo último que querría es involucrar a la familia de su padre en el foco de atención de la prensa.
—Está bien si no me lo quieres decir—Tanteó su espalda con amabilidad—Pero recuerda que siempre estaré ahí para tí, ahora ve y lávate las manos, hoy te toca preparar la cena.
—Creo que me hará bien cocinar un poco—Perfiló una débil sonrisa cansada—Hoy prepararé pasta—Le dió un beso en la mejilla y un poco más animada entró al hogar.
Transcurrió la cena con charlas furtivas, algunas que otras bromas y anécdotas. Emily contó todo lo que hizo en el paseo por las calles de la ciudad, inclusive le mostró las fotos con tanta devoción y entusiasmo a la anciana.
Llegó la hora de dormir, la joven se estaba poniendo el pijama y Emily se cepillaba los dientes mientras tanto Matilde lavaba los platos y James tomaba un Whisky junto a Gian.
Y no dudó en ofrecerle a su nieta, con una sonrisa expectante—¿Quieres, cariño?
Matilde frunció el ceño, disgustada e iba a protestar.
—Ella ya tiene la suficiente edad, querida—la detuvo James, antes de que empiece con sus sermones.
—Si mamá, Idara ya no es una niña—apoyó Gian.
Idara quién presenciaba la escena, negó con la cabeza.
—Te lo agradezco abuelo, pero paso.
James no dudó en mostrar su decepción.
—Una pena.
El teléfono de Idara interrumpió y ella se disculpó antes de ir a su habitación para tener más privacidad. Atendió la llamada.
—Habla Idara—su voz perdió todo rastro de emoción.
—Te están vigilando—la voz detrás de la línea era masculina y muy profunda.
Un escalofríos recorrió por todo su cuerpo, y se dió prisa en abrir el closet y tanteó la superficie al costado dónde estaba cubierto por un pequeño tapiz. Agarró una daga escondida en uno de los bolsillos de unas de sus chaquetas y cortó el tapiz de forma horizontal, encontrando debajo de este, un pequeño cajón perfectamente escondido.
—Tu hermana tiene algo planeado—Idara detuvo lo que hacía—Esto podría perjudicarte de por vida.
—Explica, Pierre—exigió, casi con veneno en su tono.
Inmediatamente jaló el cajón hacia afuera y tomó lo que había allí adentro, ocultándolo por debajo de su holgada ropa.
—No hay tiempo para explicaciones, debes proteger a tu amiga, es el objetivo.
Obligó a sus piernas correr cómo jamás lo había hecho, regresando a dónde estaban todos, su rostro su puso pálido cuándo no la encontró allí.
—¡¿Y Emily?!
Todos quedaron desconcertados y confundidos, la anciana salió de su estupor y respondió.
—Salió afuera, ¿Por qué, cariño?
Idara gruñó y sin apartar el teléfono celular de su oreja, empezó correr, saliendo fuera de la casa, escuchando como sus abuelos la llamaban. Cuándo no la vió cerca, comenzó a gritar el nombre de Emily.
—Ya deben estar allí. Si la atrapan, prometo que haré todo lo posible para rescatarla—prometió, sonaba tan genuino.
—Buena suerte Idara y cuídate.
Colgó la llamada. Idara guardó su teléfono mientras corría, mirando y buscando por todas partes.
—¡Maldición!
Ya era de noche y la luna sobre el firmamento era como una de las más bellas perlas, las calles ya casi estaban vacías y la desesperación corría en su venas. Predominaba en su expresión, culpa y miedo. Culpa porque ahora su pasado la perseguía y prometía dañar a tantos inocentes y a los que más amaba y se acusaba a sí misma por intentar olvidarlo, por pensar que su pasado jamás regresaría a ella.
¿Dónde está Emily?
Siempre lo supo, siempre supo que esto iba a pasar y se había preparado para ello. Se preguntó porque tardó mucho tiempo, ¿Por qué ahora?, no sabía si quería saberlo, solo tenía una cosa en mente; Imara estaba comenzando su venganza, Imara pretendía vengarse de su padre, dañandola a ella, pero no entendía en dónde entraba Emily en todo esto.
Sea lo que fuere, Imara era imparable e increíblemente poderosa y muy peligrosa.
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