“Confesiones”
Pasaron los días, y armar una rutina fue lo suficiente para calmar mi ansiedad que sentía alrededor de mis parientes y este entorno, no obstante, me mantenía reacia a socializar con ellos con bastante frecuencia, casi siempre estaba al margen y ellos parecieron entender y respetaron mi espacio, lo cuál agradecí mucho.
Hoy era día de pesca en la playa, toda la familia iba y luego iríamos a las cabañas, unas muy lindas según las imágenes que me mostró el abuelo, rodeado de un gran bosque protegido y un lago.
Llevé alguna que otra ropa y todo lo necesario, mis tíos y mi abuelo estaban muy emocionados y me hablaban maravillas de este campamento.
Cuando terminé de empacar, subí mis maletas a la camioneta dónde estaban las demás, las aseguré bien.
Admito que estaba muy emocionada de ir a un lugar rodeado de naturaleza, tanto bullicio de la ciudad ya abrumaba bastante y esto me relajaría y distraería un poco.
—¿Necesitas ayuda?—Esa voz familiar me puso en alerta, y voltee suavemente para no hacer obvia que me había tomado con la guardia baja.
Ahí estaba Gian, con una ligera sonrisa en sus labios, con las manos en el bolsillo, reposando su espalda y pie izquierdo en la pared del muro que rodeaba la casa.
Que fastidio.
—No, ya terminé—Me di la vuelta, dispuesta a marcharme de allí, hasta que una mano agarró unas de mis muñecas, jalandome hacia alguien.
Pude sentir claramente la calidez del pecho de Gian y su perfume, pude sentir su aliento contra mi cuello.
Erizó cada vello de mi cuerpo de una manera que no sabía cómo explicar.
—Soy un patán para ti, ¿verdad?—Su voz fue un susurro, y percibí una pizca de culpa y arrepentimiento.
No pude esconder la sorpresa y giré a mirarlo. Contrariamente a lo que creí, no me estaba mirando, sus ojos azules revelaban tristeza. ¿Pero por qué? ¿Por qué actuaba de esta manera tan extraña?
—Escucha Gian...—Bajé la mirada, como si estuviera pensando que decirle.
—Idy...—Me interrumpió, levantó la cabeza acercándose más a mí, y por primera vez desde que lo conozco, su mirada era tan penetrante y profunda que me incomodó.
—Ugh! ¡Que pregunta más tonta! ¡Es obvio!—Me soltó, alejándose de mí, gruñendo como si estuviera enojado consigo mismo—La verdad es que, cuando se trata de tí me vuelvo tan estúpido que hago o digo cosas de la que después me arrepiento.
Abrí la boca y la volví a cerrar ante su repentina confesión. Él se tocaba la sien suspirando fuertemente, casi como si estuviera batallando consigo mismo.
—Sé perfectamente que me ves como tu tío y que en teoría, así debería ser, pero... Estos sentimientos que tengo por tí es incluso más fuerte que yo.
Mi corazón palpitó con fuerza ante la avalancha de desconcierto. Honestamente era la primera vez que era tan directo y honesto conmigo, su voz parecía que en cualquier momento se iba a quebrar.
—Intenté olvidarte, juro que lo hice, intenté amar con la misma fuerza que te amo a mi ex novia, pero... ¡La lastimé Idara!, la lastimé mucho, la lastimé cada vez que pensaba en tí en cada aspecto de nuestra relación.
Llevé una mano a mi frente, tensandome y parpadeando fuertemente anonada, cuando pasó por mi mente la idea de que dijera mi nombre durante la intimidad con ella. Un rubor subió por mis mejillas, avergonzada y así también indignada por mis propios pensamientos. Pobre chica, ella no merecía eso, este tipo, como lo dijo, era un completo patán.
Aún así, no entendía a dónde quería llegar a todo esto, ¿Cuál era el punto de su confesión?
—Oye, no sé a dónde quieres llegar con decirme las consecuencias que tuviste por tus propias decisiones y tus sentimientos, esto no es culpa mía y no...
—¡Lo sé! ¡No te estoy culpando!—Exclamó airado e instintivamente retrocedí, se detuvo y su semblante cambió, volviéndose casi docil—Lo siento, por favor, solo escúchame, ¿De acuerdo?
Desvíe la mirada, apretando mis labios para contener mis propias emociones confusas. No sabía cómo reaccionar a esto y francamente, me estaba poniendo muy nerviosa.
—Continúa.
—Yo... quiero que ya no me odies, no quiero que me sigas viendo simplemente como un patán acosador o cualquier termino que deseas ponerme—Sus ocelos azules se desbordaron de tantos sentimientos a la vez, brillando por las lágrimas. Esa vista ocasionó que mi corazón se sintiera en una especie de vuelco.
—No quiero que me sigas odiando—Su tono sonó casi suplicante— sé que no puedo tenerte, pero al menos déjame ser tu amigo, quiero que me conozcas como realmente soy. Te prometo que no soy esa imagen que tienes de mí, solo conóceme.
El silencio cayó sobre nosotros, de pronto sentí que se me hacía difícil respirar. No podía escapar de esos ojos tan bellos, orbes que exhibían una honestidad casi al desnudo. Por primera vez veía el corazón de Gian.

Tomé un respiro profundo y llevé algunos mechones de mi cabello detrás de mi oreja, en un intento infructífero de calmar mis propias emociones que zumbaban como abejas furiosas.
—¿No crees que sería contraproducente?—Finalmente levanté la cabeza, enfrentandolo—Es decir, si tanto pretendes olvidarme... se supone que debes hacer lo opuesto a lo que me pides.
Él se rió, exhibiendo esos dientes grandes y blancos, su semblante de iluminó de diversión.
—Tu estabas lejos y todavía me gustabas, oír tu voz por teléfono o ver una foto tuya, hacías que mi corazón palpitara con más fuerza, siempre estabas en mente—Confesó, dejándome perpleja por la facilidad que tenía de expresar sus sentimientos sin ser controlados por los nervios o la vergüenza—Quiero ser tu amigo, quiero conocerte tan íntimamente para saber si aún conociendo cada faceta tuya, me sigues gustando, quiero conocer aún más a la chica que tanto mi corazón ha querido.
Implícitamente me acaba de confesar que quería confirmar si yo era la persona que ha idealizado, si yo era esa alguien que cumplía sus propias expectativas. Él no me amaba o gustaba por ser yo, él amaba a la persona que en su mente había idealizado.
No me sorprendía, pero no sabía cómo sentirme al respecto. Honestamente no me interesaba acercarme mucho a él, mucho menos ser alguien tan íntima como su amiga.
¿Pero si yo soy esa persona que ha fantaseado?, esperaba que no; mi personalidad espantaba a la mayoría y usualmente la gente se alejaban. Pero este era Gian y no se rendiría tan fácilmente.
—Creo que por el momento es convivir juntos y no relacionarnos más allá de lo necesario, el tiempo lo dirá, pero...—Fruncí ligeramente el ceño—Debes prometer que dejarás tus comentarios y mirada inapropiadas aún lado, ¿De acuerdo?
La sonrisa que arqueó sus labios fue tan radiante y grande. Sentí como sus grandes y fuertes brazos me envolvía efusivamente en un abrazo y por inercia me tensé.
—Como tú quieras Idy, ¡Muchas gracias!
—¡Ya suéltame!—Intenté empujarlo y afortunadamente se apartó.
—Lo siento, olvidé que no te gusta que te toquen.
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—Pero admito que ese rubor en tus lindas mejillas, te queda bien—Sonrió coqueto.
—¿Eh?—Idara notó como sus mejillas estaban calientes y su repentino halago hizo que enrojecieran aún más—¡Oye! ¿Que te dije?
—¡Eres muy tierna!—Intentó tocarla, pero ella se alejó antes de que si quiera pudiera lograrlo.
—¡Cállate!
—¡Te avergüenzas por todo!—Gian siguió riéndose, escuchando casi alegre las protestas de su sobrina.
Al costado de la puerta, Matilde escuchaba al par de jóvenes con una sonrisa suave en sus labios.
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—¿Cómo está tu padre, cariño? ¿Como está de salud?—El abuelo James preguntó.
Mientras los demás se alistaban para ir de pesca, James había deseado tener un momento a solas con su nieta, entonces la había invitado a ayudarlo a pulir los muebles y otros objetos que creaba con ese material. La carpintería era su trabajo pero también aquello que lo apasionaba.
Idara estaba concentrada en su labor de suavizar las patas estilladas de silla, se detuvo brevemente antes de continuar y responder.
—Tampoco lo sé—Expresó indiferente. James abrió sus ojos de par en par, sorprendido.
—¿Cómo que no lo sabes Idy?
Idara suspiró y lo enfrentó con la mirada.
—No vivo más en la mansión desde hace cuatro años, he estado trabajando y alquilando un pequeño departamento. Mi padre está tan ocupado que la comunicación entre nosotros se volvió nula desde que ascendió en la política.
Su abuelo realmente estaba sorprendido, como si le acabara de confesar algún secreto oscuro. Él trataba de asimilarlo todo, pero también el hecho de que pudiera sacarle más información a su nieta, usualmente ella era muy reservada.
—¿Pero hija, qué pasó? ¡Ustedes eran muy unidos!
—¿Está bien así?—Le preguntó, indicando a la silla. Sabía que su cambio abrupto del tema no detendría a su abuelo, era incluso más terco que su padre.
—Idara—Su tono fue condescendiente. Ella dió un suspiro de resignación.
—Discutimos, le dije cosas que hirieron y viceversa y entonces salí de la mansión.
—¡Pero en ese entonces tenías solo 19 años!—Protestó, casi abrumado de que ella se independizara a muy temprana edad.
—Ya era mayor de edad abuelo y se supone que ya no debería de seguir dependiendo de él para comer y vestirme—Reanudó lo que estaba haciendo. Sabía que con su actitud y tono era como si no le diera importacia a la magnitud de su propia decisión de marcharse de su antiguo hogar.
—Idara, tú no eres cualquier joven—Refutó, intentando hacerle entrar en razón— eres hija de unos de los políticos más importante de Inglaterra. Cualquiera podría reconocerte y aquellos con intenciones crueles podrían secuestrarte y extorsionar a tu padre por mucho dinero, ¿No te has puesto a pensar en eso?. En la mansión estabas más segura, rodeada de guardias que podrían protegerte.
Los hombros de Idara se relajaron, se mordió el labio ligeramente mientras buscaba cualquier cosa para observar, que no fueran los ojos del anciano.
—¿Tú también crees que fuí imprudente?—No le dió tiempo para que respondiera—Si fuera el caso, no estaría aquí sino me las hubiera arreglado, fuí capaz de vivir normalmente como cualquier persona. Además no soy tan popular como para que la prensa me siguiera a todos lados y estar al pendiente de mi vida.
Estaba cansada de estar las 24 horas del día encerrada, como una muñeca a quién proteger, se cansó de vivir en una burbuja. No era tan avariciosa como para no alquilar un pequeño departamento humilde con todo lo que había ahorrado y cuando consiguió un trabajo, de mesera en una pequeña y hogareña cafetería, fue unas de las mejores experiencias. Por primera vez sentía que tomaba el control de su vida y de si misma.
James no estaba de acuerdo en lo absoluto, en su opinión era muy arriesgado. Por lo que Matilde le dijo, ella trabajaba y asistía a la universidad. No necesitaba trabajar, no cuando su padre a perte de ser un exitos político muy aclamado, era un CEO de renombre, tenía mucho dinero para que ella no se preocupara y viviera plenamente. Pero una parte de él, se alegró ya que su amada nieta tenía los pies firmemente sobre la tierra y no resultó ser una niña malcriada como tanto se acostumbraba a ver en la clase alta.
Sus ropas no eran de marcas, ni siquiera ese teléfono suyo. Era tan humilde como ellos y al parecer disfrutaba una vida tranquila sin tantos lujos.
El anciano gimió cansado, como si las siguientes palabras que iba a decir lo haría arrepentirse posteriormente.
—Está bien hija, lo que tú quieras, pero por favor, ten cuidado. Hay cada locos en este mundo.
—Papá, Idara, todos estamos listos—El tío Dante interrumpió, casi estrepitosamente, probablemente por la emoción—¡Vamos!
El anciano compartió su emoción y se puso de pie, también ayudando a su nieta.
—Vamos querida, prometo que te divertirás.
Ella sonrió y abrazó a su abuelo, mientras caminaban juntos, disfrutando su calidez y ese aroma que la sosegaba.
Idara pronto iba a descubrir cuánta razón tenía su abuelo.