Alex. - ¿T-Te gustaría tener una cita conmigo…?- le volví a preguntar por segunda vez, sintiendo como mis mejillas ardían como nunca antes, ya que la castaña pareció pensarlo demasiado. O, más bien, estaba estupefacta de que yo hubiese tomado la iniciativa de hacerlo. Me miraba con mucha atención, e incredulidad en sus ojos. Entonces, noté que se sonrojó y que desvió la mirada de mis ojos, directo hacia la entrada del baño, tartamudeando un poco: - ¿Me estás invitando a salir… en una cita?- dijo, como sí no se lo pudiera creer y yo me sentí más avergonzado por eso. - Sí… - ¿Por qué?- escuché que cuestionó, sin mirarme a la cara y yo tuve que desaflojarme un poco la corbata del uniforme porque sentía que me estaba asfixiando, susurrando: - Porque me pareces hermosa… Ninguno de los d

