1. Hebe Harden (Ms.)

2050 Words
Advertencia de contenido: Esta novela posee contenido erótico sensible, que puede resultar susceptible para algunas personas. Además, se presentan una variedad de parejas que se desarrollarán en el transcurso de la historia. Es por esto que, se recomienda ser lector/a de mente abierta para continuar con la lectura del libro. Ms. Hebe Harden notó la presencia de otras personas en la calle. En la mayoría de los casos los ignoraba, ya que no era algo de relevancia para ella. Pero, por algún motivo, esos extraños se habían vuelto más perceptibles a sus ojos, como si hubiera aumentado su grado de presencia. Sus pupilas oscuras se expandieron al instante en que su vista enfocó a lo que tanto quería; así que esa era la razón que explicaba todo el asunto. Quedó hechizada, atestiguando solo lo que podía hacerla feliz y llenar de alegría su alma seca y su frío y muerto corazón, que había dejado de latir en su pecho desde hace tiempo atrás. ¿Desde hace cuándo? Ya ni se acordaba de ello; solo era consciente de que, ya no sentía ningún órgano latiéndole en su torso. La baja temperatura no le incomodaba y la luz del sol ya no le daba calor. Era como si, en el algún momento de la vida, hubiera fallecido, pero hubiera resucitado sin darse cuenta, y ahora era una muerta viviente. Allí se encontraba, solo existiendo, sin nada que la apasionara de verdad o que la hiciera sentir viva; hasta que un día, de pronto, y de forma inesperada, su más grande anhelo tropezó con ella, y desde ese entonces, había tenido esa idea en su cabeza, y no se la había podido quitar. Al contrario, quiso más y cada vez que lo colocaba a juicio, más ganas le daban de hacerlo realidad. Sin escatimar en gastos, tanto económico o cronólogo, ya que era consciente de que era un proceso de largo tiempo y que, al final, era doloroso y tenía varios riesgos. Se mantuvo, contemplando con fijeza a los más pequeños de la familia que caminaba por los peatones. Sonrisas, jubilo y dicha era lo que trasmitían; tanta, que hasta se podía notar en el aire. Hay había muchas maneras de tener una fortuna, y sin duda, ellos, habían sido privilegiados al obtener esos tesoros, que a ella le era difícil de tener, a pesar de tener la economía suficiente, como para criar a cien niños. Las personas adineradas eran conocidas por tener pocos descendientes. Pero, ella no rechazaba la idea de tener varios, aunque se conformaba con pocos. Además, que estaba luchando por tener al primero. La secretaria leal y la mano de confianza de la poderosa mujer que iba sentada en el puesto derecho, oyó el susurro de su señora. Era joven y tenía una larga cabellera ondulada, marrón. Se llamaba Leonora Windsor. Heinrich Drexler, se repitió ella en sus pensamientos, ¿quién era ese hombre, que su temible señora pronunciaba de manera melancólica? Quizás, podía ser el causante del mal carácter de su jefa. Era posible, pero tampoco era factible. Investigaría ese nombre, cuando estuviera sola y segura, de que no fuera atrapado haciéndolo. Había estado trabajando para la magnate desde hace un par de años, pero por algún motivo, su comportamiento había cambiado en los meses recientes. Pero, había descubierto, sin querer, la razón que había vuelto más irritable y difícil de tratar a su señora. Aunque, se había percatado, de que solo leía las descripciones de los perfiles; cada uno, hasta la última letra, de lo que ellos pusieran. Admiraba esa dedicación. Al principio había creído que su motivación era aplacar la libido que se había acumulado por el paso de los años y el de encontrar un compañero, pero después, al ver esa aplicación, supo cuál era el verdadero fundamento y causa que la encaminaba a pasar horas leyendo la información de esas distintas cuentas. Se había preguntado si, ¿buscaba algo en ellos o alguien en particular? Luego de mucho tiempo de haber estado sin ninguna pista de cómo ayudarla, ya había obtenido un indicio: Heinrich Drexler. El automóvil se puso en marcha de nuevo. La ilusión de Ms. Hebe se fue perdiendo ante su rígida mirada. Ni siquiera se giró para seguir viendo, puesto que cada vez que paseaba en coche, se los encontraba; en el parque, en las calles; como ahora, en los centros comerciales y demás sitios que frecuentaba o cuando iba en su auto. Tenía una gran fortuna, poder, empresas y acciones en otras compañías, pero lo que más deseaba, no lo tenía, era algo que no había podido tener, ni con su enorme riqueza e influencias. Algún día encontraría al modelo predilecto en el que había estado basando investigación. Pero lo que no esperaba, era que fuera tan pronto, ese mismo día recibiría un correo, que la encaminaría a su destino, luego de mucho tiempo de búsqueda, a la semana siguiente, por fin conocería al candidato ideal, para hacerle la oferta. Debido a que era inversionista, estaba acostumbrada a ser la receptora de propuestas. Sin embargo, este objetivo suyo, cambiaría de forma drástica toda su vida, por lo que debía ser más rigurosa, de lo que ya lo era. Al fin llegaron al sitio destino al que se dirigía, su fundación de niños: Green Garden Seeds (Semillas del jardín verde). En el corazón de su imperio financiero yacía un rincón de su alma dedicada a la noble causa de potenciar los talentos de los niños. Era su creación más preciada, ya que era un oasis de luz y esperanza para ellos. Fue recibida por los profesores y admiradores. Detrás de su auto, los seguía un camión en el que traía regalos escolares, deportivos y de entrenamientos para los pequeños. Entraron y se dirigieron hacia el patio de recreación. Los niños y niñas corrieron hacia ella cuando la vieron. Ms. Hebe se hallaba acorralada por la multitud de infantes, que se habían alegrado ante su presencia, como si hubiera llegado su propia madre. No tenía muchos pasatiempos, pero ayudarlos a ellos, era lo que más le gustaba y el único que necesitaba. Había crecido bajo sus ideales y se apartó del lado de sus familiares, para valerse por sí sola, cuando quisieron arreglar un matrimonio por conveniencia con el hijo de otros adinerados. En aquel entonces había sido más callada y serena, pero debido a esos acontecimientos, tuvo que cambiar su carácter para demostrarles, que ella sería la que tomaría las riendas de su vida. Y por el hecho de que ellos la hubieran concebido, no tenían el derecho, ni la potestad de obligarla a hacer algo que no quería. Más tarde se independizó y con el pasar de los años, fue perdiendo el contacto con sus progenitores. Quizás su desapego con sus progenitores, lo estaba compensado con su deseo de tener un hijo, de cuidarlo y de apoyarlo en las decisiones que tomara; siempre y cuando, sean las indicadas y las mejores para ellos. Tal vez quería hacer lo que sus padres no habían hecho con ella. En fin, viajó al país en el que se encontraba en la actualidad, donde formó su propio reino, al que gobernaba como una tirana. Repartió los obsequios a los niños, y entre el grupo, su mirada se posó en la niña que se mantenía alejada. Su deseo de tener un hijo, vino de parte de esa pequeña, cuando tropezó con ella. Se parecía mucho a cuando era niña; parecía ver su reflejo de aquella época cuando era una infanta. Apartó el presente que había escogido para dárselo; no sabía en verdad había hijos favoritos y predilectos, pero Hilda era su favorita entre todos los demás. —¿No has venido a saludarme, Hilda? —dijo Ms. Hebe, con tranquilidad. Desde el físico hasta la personalidad, eran a como ella era de niña. Hilda expresó una extensa sonrisa en su boca y corrió hacia Ms. Hebe, para darle un abrazo. Sostenía en su diestra una hija de papel. Lo extendió hacia aquella hermosa y amable mujer. —Para ti —dijo la pequeña niña, con su mirada baja. Era tímida y reservada. Pero ya le había tomado confianza por todas las veces que se habían encontrado en la fundación. Ms. Hebe tomó la hoja y detalló lo que había pintado en ella; era un dibujo, solo de las dos agarradas de la mano, como madre e hija. Detrás había una casa, con cerca, césped, un auto y un sol en la parte superior. Sus ojos se cristalizaron al instante, y tuvo que contener sus lágrimas. Admiró la creatividad de la pequeña, dejando escapar una sonrisa tierna y llena de orgullo. En aquel gesto, residía la genuina conexión que había forjado con Hilda, una conexión que trascendía las barreras de la riqueza y la distancia social. Sin embargo, no podía dejar de pensar en la psicología que transmitía el diseño. ¿Por qué solo de ellas? Si Hilda tenía una familia, por eso había desistido de la idea de adoptarla hace ya algún tiempo. Cada vez que venía a la fundación y compartía con Hilda, la llama de la esperanza de tener un hijo se mantenía encendidas gracias a ella, por eso era que estaba agradecida con la pequeña niña, que era su luz en su oscuridad. Quizás era por la edad, pero se estaba ablandando y sensibilizando ante las cosas y asuntos en las que antes era fría e inflexible. —Gracias. Es muy bonito —comentó Ms. Hebe, con sinceridad. El acto más puro y sincero venía de esa niña que tenía al frente—. Y esto es para ti. Ms. Hebe Harden se entretuvo el resto de la tarde con Hilda. Disfrutaba estar con ella, y no había podido evitar sentir un cariño maternal por ella. Hilda destacaba por su cabello dorado y sus ojos marrones, recordando en apariencia a la misma Ms. Hebe Harden. Era por eso que nadie podría negar ni criticar su parentesco. Al encontrarse allí, en medio de aquel resplandor infantil, disfrutando de la compañía de Hilda como si fuera su propia hija. Sentadas en una colorida sala de juegos, ambas compartían risas y trazos en papel, expresando la inocencia y el vínculo especial que las unía. —¡Mire, Ms. Harden! —exclamó Hilda con entusiasmo, mostrando otro dibujo que había realizado—. ¡Es un castillo de sueños, donde todos los niños son felices! —Es maravilloso, Hilda. Un lugar mágico donde cada niño puede soñar y alcanzar sus metas —respondió Ms. Harden, acariciando con suavidad la cabeza de la dulce niña. Ms. Harden se sorprendió de la manera en que se había expresado. En ocasiones anteriores siempre era difícil tratar con ella, debido a que se mantenía reservada. Mas, en este día habían mejorado su relación de manera considerable. Si algún día su sueño de ser madre se hacía realidad, quería que sus hijos fueran como Hilda. Aunque claro, eso era una caprichosa petición. Ellos podían ser como se desarrollasen. Suspiró con anhelo y cariño. Estos niños solo aumentaban su deseo de tener un hijo propio y de convertirse en madre. Su corazón de hielo se derretía en la presencia de Hilda. El tiempo se suspendió en aquel instante, dando paso a la verdadera esencia de la fortuna de Ms. Hebe Harden: el amor y la generosidad que brindaba a aquellos pequeños que lo necesitaban y que en el mañana se convertirían en los artistas, profesionales y deportistas que llenarían de honor y gloria al país. Juntas, continuaron dibujando un futuro lleno de promesas y esperanzas para todos los niños de la fundación, sabiendo que estaban construyendo un mañana mejor, con cada trazo que realizaban. Ellos eran los únicos que merecían su buen trato. Al contrario de las personas adultas, que solo se ganaban su mal carácter y su soberbia, porque solo querían sacar provecho de las cosas, sin llegar a pensar en los demás. Esa era la naturaleza de los seres humanos, pero la esencia de los más pequeños aún era pura y estaba intacta de lo dañino y de lo negativo, por lo que estaban libres de pacado y de toda culpa. Eran ángeles en la tierra y ella deseaba poder impulsarlos a alcanzar el cielo del que se habían caído.
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