+ANNI+ Descendí las escaleras de la casa de campo con la parsimonia de quien sabe que el mundo se detiene cuando entro en una habitación. Mis tacones de aguja golpeaban el suelo de piedra volcánica con una cadencia militar, un metrónomo de pura arrogancia que anunciaba mi llegada antes de que mi sombra cruzara el umbral. El aire en la planta baja era distinto al de la suite de arriba; aquí no olía a sexo ni a rosas marchitas, sino a humo de habanos caros, a metal de armas limpias y a esa testosterona rancia de hombres que creen que el mundo les pertenece solo por tener un arma en la cintura. Entré en el salón principal, la arena donde se deciden los destinos de Marsella. Si, soy la única mujer en este círculo de hienas, pero no soy una invitada. Soy el pilar que sostiene la logística de

