Dante se giró hacia mí, sus ojos oscuros analizando cada milímetro de mi expresión, buscando la mentira o la culpa. No encontró ninguna. —Tenemos que hablar con Anni —dictaminó Dante con una autoridad marcial—. Las negociaciones se llevarán a cabo bajo nuestra supervisión. Estaremos presentes. Yo mismo meteré mano si veo que ella quiere estar fuera, si hay un ápice de coacción en sus ojos. Pero si ella decide quedarse, si este es su camino... sabes bien, Oleg, que no podemos hacer nada. El libre albedrío en este negocio solo se aplica cuando beneficia a la familia. Oleg explotó. Su frustración, alimentada por años de deseo contenido y una lealtad que rozaba la obsesión, se manifestó en un movimiento violento. Agarró su vaso de whisky y lo lanzó contra la chimenea. El cristal estalló en m

