Cuando encontré la habitación ya estaba desesperado. Traté de abrirla, pero estaba cerrada con llave. Comencé a forzarla dándole golpes con el hombro, hasta que cedió. En el momento en el que puse el pie adentro y acostumbré mis ojos a la oscuridad, la furia se apoderó de mí. La angustia y el dolor al ver a Gala así de vulnerable me hicieron querer ir a abrazarla para cubrir su cuerpo (que estaba en ropa interior). Su ropa estaba tirada en el suelo, rota. Divisé al hombre y me abalancé sin dudarlo hacia él. -Hijo de puta. -dije mientras forcejeaba con él, me pateó la pierna y me hizo perder el equilibrio, pero pronto me recuperé y le hice una llave para tirarlo al suelo. Una vez allí le empecé a pegar puñetazos en el rostro. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Y unos muchos más. Él ya

