5 Años Antes.
PVO Elara.
—¡Espera, papá! ¿De qué estás hablando? ¿Cómo que casarme con Landon?
—Ya te he dicho que es por un acuerdo con los Meier. No es por amor ni nada parecido, Elara.
—P-pero ¿qué hay de Landon? —me tiembla la voz—¿Él está de acuerdo?
Papá se detiene. Aunque estoy frente a él, sus ojos permanecen clavados en los documentos sobre el escritorio. Siempre ha sido así. Solo parece notar mi existencia cuando soy útil para alguna reunión o para acompañarlo en sus interminables encuentros con ingenieros.
—Fueron los Meier quienes propusieron que fueras la esposa de su hijo.
Trago saliva. El folder que llevo entre los brazos apenas logra ocultar mis nervios, y aun así lo aprieto con tanta fuerza que temo arrugarlo.
—Y él estuvo de acuerdo. Supongo que algo debes... gustarle.
Aquellas palabras golpean mi pecho con una fuerza inesperada, y mi corazón comienza a latir tan rápido que apenas puedo respirar.
¿En serio estuvo de acuerdo? ¿De verdad aceptó? ¿Le gusto?
Durante años lo he admirado en silencio, observándolo a distancia, conformándome con intercambiar algunas palabras cuando coincidíamos. Y ahora me dicen que podría convertirme en su esposa.
¡La idea es tan absurda como maravillosa!
—Ahora deja de distraerte y alístate para la junta, Elara —ordena papá, retomando sus papeles—Ahí anunciaremos el compromiso a los accionistas. Y esta noche tenemos una cena con los Meier. Vístete con algo decente, porfavor.
—D-de acuerdo.—susurro.
Camino hacia la puerta como puedo, intentando mantener la compostura. Sin embargo, apenas esta se cierra a mis espaldas, mis piernas dejan de responder, y caigo de rodillas sobre el suelo.
—No puede ser. —murmuro, llevándome una mano al pecho.
Una sonrisa temblorosa se forma en mis labios mientras las lágrimas amenazan con salir.
—¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡Voy a casarme con Landon!
Enseguida llamo a Luana, mi mejor amiga y la única persona que sabe que, desde que era una adolescente, estaba enamorada de Landon, el heredero del Grupo Meier, una de las constructoras más importantes de Calgary. Aunque la ciudad no era la más grande del país, sí era una de las más influyentes en el sector.
Junto a la empresa de mi padre, una constructora igualmente reconocida, los Meier formaban una alianza casi imposible de superar. Entre ambas compañías dominaban el mercado y tenían planes de expansión que prometían llevarlas aún más lejos. No había quien pudiera hacerles frente.
—Más vale que sea importante para que me hayas interrumpido, Pinky.
—Me voy a casar.
La noticia fue seguida por un fuerte estruendo al otro lado de la línea. Supuse que acababa de levantarse tan rápido que había golpeado la silla.
—¡¿Qué?! ¡¿Con quién?! —preguntó, claramente emocionada— ¿Quién es el sacrificado?
—Landon.
El silencio que siguió fue tan largo que aparté el teléfono para comprobar que la llamada seguía activa.
—¿Hola? ¿Sigues ahí?
—¡¿Landon?! —gritó finalmente con un sarcasmo tan evidente que hasta pude imaginar su expresión—Dime que no es el Landon que conozco, Elara, porque si no voy a terminar arrancándome el cachete de tanto pellizcarme para despertar.
—Landon Meier, el mismo —repetí, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.
—¡¿Pero estás loca?! ¿Qué fumaste? Amiga, sabes que esas cosas no me gustan.
—Nada. —Hice un puchero, aunque ella no pudiera verlo— ¿Por qué dices eso? ¿Acaso no creías que podía gustarle a Landon?
Mi amiga guardó silencio. Sabía perfectamente por qué reaccionaba así. Nunca había visto con buenos ojos a Landon. Según ella, siempre se aprovechaba de mí, de mis ideas y de mi creatividad para luego quedarse con el crédito. Pero yo sabía que él no actuaba con mala intención o al menos no quería creerlo.
—¿Y cómo demonios pasó esto? —preguntó al fin—Necesito contexto, Ela. ¡Urgente! SOS.
—Y te lo voy a dar. —Sonreí, aunque el grito de mi padre desde el pasillo me hizo enderezarme de inmediato—Pero tendrá que ser mañana. Esta noche tengo cena con los Meier y dudo que pueda escaparme. Nos vemos en mi apartamento secreto.
Uno que nadie sabía que existía.
Si mi familia lo descubría, seguramente empezaría a hacer preguntas incómodas sobre ciertos trabajos "extras" que realizaba para ganar dinero. Los quería muchísimo y siempre los apoyaría, pero a veces podían ser bastante tacaños.
—De acuerdo. Llevaré pasapalos y cerveza para... "celebrar" —dijo con un sarcasmo que casi atravesó el teléfono—Y siento mucho que no te guste beber, pero una noticia como esta, sumada a todos los detalles que todavía no me cuentas, lo merece.
No me gustaba la cerveza, pero esta vez no le llevé la contraria. Guardé el teléfono y fui directamente a la sala de juntas, donde todos ya estaban esperando.
Incluido Landon, quién se encontraba sentado en la mesa principal, junto a mi padre. En el otro extremo estaba Ariana, mi hermanastra, aunque para mí siempre había sido una hermana de sangre.
—Bien, con la llegada de Elara, creo que ya podemos comenzar —anunció mi padre al verme entrar—Elara, comienza, por favor.
Asentí y me coloqué frente a la pantalla.
Comencé explicando los resultados de los últimos tres meses, que habían sido magníficos. Después presenté dos proyectos a futuro que, de concretarse, convertirían a nuestras constructoras en las más importantes de la región.
Cuando terminé, varios de los accionistas comenzaron a felicitarme.
—Como siempre, excelente trabajo, señorita Fleming.
—Es cierto. Desde que su padre la incorporó al grupo, nuestras ganancias no han dejado de crecer.
—Y además es muy cómodo trabajar con usted.
Agradecí cada comentario con una sonrisa profesional. Sin embargo, mientras respondía, me pareció ver a Ariana apretar la mandíbula por un instante. Fue algo tan breve que pensé que quizá lo había imaginado.
La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos, volviendo a verlo.
—Elara, ven a mi lado.
Tomé una bocanada de aire, acomodé mis lentes y avancé hacia él.
Por primera vez en mucho tiempo los nervios me estaban traicionando. Sabía exactamente lo que iba a anunciar.
Y Landon estaba allí. A mi lado.
Mi padre esperó a que el murmullo desapareciera antes de hablar.
—Elara Fleming se casará con Landon Meier el próximo fin de semana.
La noticia cayó como una bomba.
Los accionistas comenzaron a murmurar entre ellos, sorprendidos. Nadie parecía haberlo visto venir, pues mi cercanía con él era más que todo profesional, no romántica.
Instintivamente busqué a Landon con la mirada.
Su expresión permanecía seria, fría. Imposible de leer.
Por un instante pensé que parecía molesto. Pero estaba demasiado feliz para detenerme a analizarlo.
—¡Felicidades, Elara!
La primera en levantarse fue Ariana. Rodeó la mesa y tomó mis manos antes de abrazarme con fuerza.
—¡Es una noticia maravillosa! Espera a que mamá se entere. Le va a dar un infarto de la emoción —me susurró entre risas.
Poco después comenzaron a llegar las felicitaciones de todos los presentes.
Landon agradecía con breves palabras y sonrisas educadas, aunque seguía pareciendo distante.
—Los dejaremos para que conversen a solas —intervino mi padre de pronto.
—Ay, papá, pero quiero felicitar a Landon.
—Ahora no —la cortó sin permitir discusión—Ya tendrás oportunidad de hacerlo esta noche durante la cena en casa de los Meier. Vamos, Ariana.
Ella hizo una mueca de disgusto, pero terminó obedeciendo. Uno a uno, los accionistas fueron abandonando la sala.
Hasta que finalmente las puertas se cerraron.
Y por primera vez, Landon y yo nos quedamos completamente solos.
—L-Landon, sobre esto...
Levantó la vista hacia mí y para mi sorpresa, sonrió ligeramente.
—¿Y cómo tomaste la noticia? —preguntó, alzando una ceja con curiosidad—.¿Te molesta?
—No, no. —Moví las manos de inmediato, negándolo con demasiada rapidez—. Para nada. Papá dijo que era un acuerdo y lo entiendo, pero... ¿por qué yo?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Quería creer que había algo más detrás de aquella decisión. Algo de verdad en las palabras de mi padre.
Quería creer que de alguna manera, yo le gustaba a Landon, aunque fuera un poco. A pesar de mis lentes, de mi cabello rebelde y de mi costumbre de priorizar los planos antes que mi apariencia.
—Eres la heredera de los Fleming y me gusta tu inteligencia —respondió con total naturalidad.
Sentí cómo mis mejillas comenzaban a calentarse, pero solo pude apretar mi folder para ocultar el nerviosismo.
—Así que acepté. Además, mis padres te adoran.
—Y-yo también los aprecio mucho. Tus padres son personas extraordinarias.
Landon bajó ligeramente la cabeza, ocultando parte de su expresión.
Durante unos segundos ninguno dijo nada. Entonces se puso de pie, metió las manos en los bolsillos y dio un par de pasos hacia mí. Su perfume llegó antes que él, provocando que mi corazón comenzara a latir con fuerza.
—Mira, Elara, voy a ser directo.
Su tono cambió. Ya no sonaba amable, sino serio.
—No te amo.
Las palabras me golpearon más de lo que esperaba, pero resistí.
Mis labios temblaron mientras buscaba una respuesta que no sonara tan decepcionada como realmente me sentía.
—S-sé que no—Apreté el folder contra mi pecho, más fuerte—Amar es algo mucho más profundo y nosotros apenas nos conocemos. Lo entiendo.
Y era verdad. O al menos eso intentaba repetirme.
—Me alegra que lo entiendas —murmuró mientras observaba su reloj, como si hubiera algo más importante esperándolo en otro lugar—No te prometo ser el esposo perfecto, pero sí puedo prometerte lealtad. Espero que tú también cumplas con eso.
—C-claro.
Tragué saliva antes de continuar.
—Esta boda es un acuerdo entre nuestras familias. Una forma de fortalecer nuestras empresas y consolidar nuestra posición en el mercado.
Una sonrisa apenas visible apareció en sus labios.
—Exactamente.
Por alguna razón, aquella respuesta me hizo sentir un vacío extraño en el pecho.
Landon asintió una sola vez y se dirigió hacia la salida.
No hubo abrazo. No hubo un gesto cariñoso. Ni siquiera un beso en la mejilla.
Nada de las escenas románticas que tantas veces había imaginado cuando pensaba en él.
Simplemente se marchó.
La puerta se cerró detrás de su figura y el silencio volvió a llenar la sala. Bajé la vista hacia el anillo que todavía no llevaba puesto pero que quizás hoy me lo pondría.
Quizá debería sentirme decepcionada, preocuparme. Pero en ese momento solo podía pensar en una cosa.
De todas las mujeres que pudo elegir, Landon Meier, ¡me había elegido a mí!
Y por ahora, eso era suficiente para hacerme feliz. El amor, ya vendrá después.
Terminé mi trabajo entre murmullos y algunas miradas burlonas.
Podía ser la hija del dueño, sí, pero Landon Meier era un hombre demasiado llamativo como para pasar desapercibido.
Con su estatura cercana al metro noventa, sus ojos azules y esa sonrisa capaz de conquistar a cualquiera, yo estaba muy lejos de ser el tipo de mujer que alguien como él elegiría por voluntad propia.
Por supuesto, nadie conocía la verdad.
Nadie sabía que aquel compromiso era simplemente un acuerdo entre familias. Para los demás, éramos una pareja enamorada que había decidido mantener su relación en secreto.
Y por un momento, aquella idea me hizo sonreír.
Con el portafolio apretado contra mi pecho, me dirigí hacia la salida del edificio, pero una notificación en mi teléfono me hizo detenerme.
"Ven a la sala de juntas. Ahora."
Fruncí el ceño. El número era desconocido, pero no parecía peligroso, pero tampoco reconocía al remitente. Aun así, decidí ir.
Todavía tenía tiempo de pasar por mi apartamento, ponerme al día con Luana y prepararme para la cena de esa noche con los Meier.
—Sala de juntas, sala de juntas. —murmuré avanzando por el pasillo con una sonrisa ridícula en los labios—. Quizás es alguno de los accionistas o quizás Landon.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Tal vez le da vergüenza llamarme a mi celular personal.
La sola idea logró que mis mejillas se calentaran. Pero entonces escuché una voz al otro lado de la puerta. Y me quedé inmóvil.
—He dicho que me caso solo por orden de mi padre.
Mi mano se congeló sobre el picaporte, y la sonrisa desapareció de mi rostro.
—Sí, le pedí que únicamente nuestras familias lo supieran, pero no esperaba que lo anunciara delante de toda la junta.
Era Landon. No había forma de equivocarme, y estaba hablando al celular con alguien.
—Sabes que no la amo. Jamás me casaría con una mujer como ella.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
—Es desastrosa... y fea.
Las palabras atravesaron mi pecho como cuchillas.
—Muy diferente a ti, mi amor.
Todo mi cuerpo se paralizó, y entonces las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos antes de que pudiera impedirlo.
Yo sabía que no me amaba. Lo había aceptado. Pero jamás imaginé que pensara eso de mí.
Y mucho menos que existiera otra mujer.
Una mujer a la que sí amaba.
—Esta noche hablaremos del acuerdo contractual durante la cena. Quedará establecido un mínimo de dos años de matrimonio, aunque intentaré reducirlo.
Escuché una breve pausa, la suficiente para darme cuenta que mis manos estaban temblando.
—Yo te amo a ti. Es contigo con quien quiero casarme, pero no tengo alternativa. Si me niego, perderé la herencia de mi abuelo.
Me llevé ambas manos a la boca para contener el sollozo que amenazaba con escapar.
Retrocedí un paso. Luego otro. Y otro más.
Necesitaba alejarme. Necesitaba dejar de escuchar. Porque cada palabra dolía más que la anterior.
No me amaba, lo sabía, pero creí que al menos tenía una oportunidad. Ahora, comprendía la verdad.
No se estaba casando conmigo porque me hubiera elegido.
Se estaba casando conmigo porque no tenía otra opción. Porque yo era el precio que debía pagar por su herencia.
Las lágrimas resbalaron libremente por mis mejillas.
—No...
Negué con la cabeza mientras seguía retrocediendo por el pasillo vacío.
—No voy a hacerlo, Landon. Por más que te ame, no puedo casarme con un hombre que ama a otra mujer.
Cerré los ojos con fuerza.
—Si lo hago, terminará siendo un infierno para los dos.
En ese momento creí que había tomado la decisión más difícil de mi vida.
Lo que no sabía era que el verdadero infierno ni siquiera había comenzado.
Y me estaba esperando en mi propia casa.