—Mañana mismo te vas a la Antártida y no vuelves. —Sentencio, y por la expresión de su rostro, creo que hasta el alma se le salió del cuerpo.—No, espera, todavía no. Antes necesito un consejo y, como Nevan está lejos, tú me podrías servir. —¿O sea que no estoy despedido? —Imbécil, céntrate, a menos que de verdad quieras perder tu trabajo. Lo reprendo mientras, para no levantar sospechas, tomamos un par de copas de una bandeja que pasa junto a nosotros. —Ahora dime ¿cómo termino con Ariana sin que arme un escándalo y vaya a contarle a Elara lo que hubo entre nosotros? —¿Ah? Saulo se queda completamente paralizado por mi pregunta, pero no lo culpo. Siempre le he contado sobre mi apasionante relación con Ariana y sobre tantas otras mujeres que, ahora mismo, prefiero olvidar. —A ver, a

