—Ahí lo tienes. —Miro a Renzo, que retrocede un paso al encontrarse con mi mirada.—Todo tuyo. Y en cuanto a la generosa compensación de Vincent... Tomo el sobre que estoy segura, debe contener una miserable cantidad de dinero. Lo saco de entre los documentos del divorcio que aún sostiene Renzo y sin pensarlo dos veces, lo rompo en pedazos, en mil pedazos, igual que mi corazón. —No necesito ni un dólar de su dinero. —Lanzo los trozos al aire.—Yo sé lo que valgo. Tú, en cambio... no vales nada. Ariana frunce el ceño y aprieta los dientes, enfurecida, pero casi de inmediato, al ver que me acerco, su expresión cambia por una de miedo. Apenas abre la boca cuando un par de bofetadas acarician sus mejillas. —Eso fue por la finca de mi madre. —Replico sin que disminuya el odio en mi mirada. —

