—Bueno, Landon. —Extiende su mano.— Debo irme. Aún tengo varias reuniones pendientes hasta que mi prometida pueda volver. —Por supuesto. —Le estrecho la mano.— Y gracias por confiar en nosotros. Me aseguraré de que todo se lleve a cabo tal y como acordamos. Ah, y no olvide nuestra invitación a River. —No la olvidaré. —Sonríe con cordialidad.— Tengo muchas ganas de conocer a su afortunada esposa. Asiento con una sonrisa y observo cómo se aleja, escoltado por un imponente contingente de seguridad. Por lo que sé, el Imperio Lindberg y los Favre controlan gran parte del sector de la construcción en el país. Un hombre como Mauricio no solo mueve millones, también carga sobre sus hombros una vida que vale una fortuna. —Bien, supongo que es hora de regresar a River y enfrentar la realidad.—M

