Se nota que ha entrenado muchísimo y no entiendo por qué eso consigue arrancarme una sonrisa. —¿L-Landon? Cuando menos me doy cuenta, dejo de luchar al notar que estamos frente al jacuzzi de la habitación. Es enorme, mucho más grande que el de mi habitación. —Tranquila. —Me pide cuando me acomoda con cuidado dentro de la tina.—Esto te va a ayudar y ya no vas a sentir molestias. ¿En serio siempre ha sido así de amable? Quizá sí. Landon me deja en una cálida tina, con un aroma muy agradable que logra calmar el dolor. Cierro los ojos y el recuerdo de hace un momento, en el baño, hace que me retuerza en el agua. ¡¿Cómo dejé que me hiciera eso?! —Soy una tonta, pero mi corazón y mi cuerpo aún lo siguen deseando. Con ese pensamiento absurdo y el cuerpo ya recuperado, regreso a la alcoba

