Sospechas

1968 Words
PVO Landon. No dejo de caminar de un lado a otro, pensando en esa vergonzosa situación, no por ella, sino por mí, porque una vez que nos casemos, toda la empresa lo sabrá y yo..yo quedaré como un maldito cornudo ¡frente a todos! Y ese cabello...sin lentes, nunca la había visto sin ellos, hasta incluso pensé que se trataba de otra persona. —¿Y se estaban besando acaso? «La sola idea hizo que mi estómago se retorciera, aunque estaba seguro que no, algo no dejaba de molestarme » La puerta se abrió de pronto, y por un segundo pensé que era ella. Sin embargo, una extraña decepción me golpeó al descubrir que no era Elara, sino Ariana. —¡Mi amor! Apenas cruzó el umbral, se lanzó a mis brazos y me besó con la misma intensidad de siempre, uno de esos besos capaces de hacerme olvidar cualquier problema. Cuando se apartó para tomar aire, por una fracción de segundo me sobresalté al ver que no era... Mierda. ¿Qué demonios estaba pensando? —No hagas eso —le advertí, recuperando la compostura—No hasta que te asegures de cerrar bien la puerta, Ari. ¿Entiendes? Me aparté de ella y fui hasta la entrada con la intención de asegurar el pestillo. Antes de cerrarla por completo, lancé una rápida mirada al pasillo, esperando encontrar a Elara por ahí. Pero no había nadie. Al parecer, esa loca decidió no hacerme caso. —¿Qué sucede? —preguntó Ariana, acercándose por detrás y rodeando mi cintura con los brazos—Pareces nervioso. —¿Y como quieres que este? Cualquiera pudo habernos visto. Cerré finalmente la puerta y apoyé una mano sobre ella durante unos segundos. No tenía sentido seguir pensando en Elara. Dentro de unos días sería mi esposa solo en el papel, y después de eso todo seguiría como estaba planeado, claro, y ella seguiría las pautas del contrato, porque por nada del mundo iba a permitir que me viera la cara de idiota. O al menos eso intentaba repetirme. —Tienes razón, Landon, pero es que estaba tan emocionada. —¿Y eso porque? Pensé que aún seguías molesta por lo qué la gata le hizo a tu vestido.—Su expresión cambió y tuve que darle un beso para volver a ver su sonrisa. —¡Já! Que gracioso. —Vamos, es solo un vestido, cielo. Por alguna extraña razón, me detuve a observarla con más atención. Sus rasgos no eran tan delicados como los de Elara, y sus ojos, no eran de ese verde profundo e intenso que ella tenía. Era extraño, porque nunca antes me había tomado el tiempo de notar esos detalles. —Para ti puede ser un simple vestido, pero era un Gucci exclusivo, Landon, algo que supongo que no entenderías porque no sabes de moda. Ariana rodó los ojos y volvió a acomodarse el cabello. Y tenía razón en algo. Ella siempre destacaba entre todas las mujeres. Su forma de vestir, su presencia y la seguridad con la que caminaba hacían que las miradas se dirigieran inevitablemente hacia ella. Era muy distinta a Elara, que parecía empeñada en ocultarse detrás de ropa holgada y esos eternos lentes que cubrían gran parte de su rostro. ¿Quién se fijaría en una mujer así? Nadie.O al menos eso era lo que siempre había pensado. Una extraña sonrisa se dibujó en mis labios al reafirmarlo. —¿Mi amor? La voz de Ariana me sacó de mis pensamientos. —¿Q-qué haces aquí, Ari? —sacudí la cabeza y me incorporé un poco en el asiento— Dijiste que hoy te tomarías el día libre porque estabas molesta. El recuerdo de la noche anterior regresó de inmediato y sentí cómo la irritación me golpeaba. ¿Cómo se le ocurrió a mi madre decirle todas esas cosas a Elara? Empezando por el asunto de la familia numerosa. No había mentido. Siempre había soñado con una casa llena de hijas, con escuchar risas infantiles corriendo por los pasillos y volver del trabajo para encontrarlas esperándome. Pero ese era un sueño que solo deseaba cumplir con la mujer que amaba. Y esa mujer era Ariana. Aunque, por alguna razón que no lograba entender, la aparición de pequeñas mini Elaras sin lentes y cabellos castaños volando como ella, me hicieron sonreír de nuevo. —¿Landon? Carajo. Otra vez me había quedado pensando. —¿Qué pasa? Estás sonriendo mucho. —El proyecto del centro comercial está avanzando mejor de lo que esperaba, por eso. —Me encogí de hombros, buscando una excusa rápida—Como te decía, pensé que seguías furiosa por lo de ayer. —Lo estaba. —Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras jugueteaba con mi corbata—Pero ya se me pasó. Ahora estoy feliz. ¿Quieres saber por qué? —Claro. —Bueno, no te lo había dicho porque quería darte una sorpresa, pero envié un proyecto al Concurso Internacional de Arquitectura de la Gobernación de Nueva York y... —hace una pausa— ¡Estoy entre las diez finalistas! —¿Qué? _¡Sorpresa! Ariana era una arquitecta talentosa, eso jamás lo había puesto en duda, pero ese concurso era uno de los más exigentes del continente. Cada año participan miles de profesionales de arquitectura, y únicamente diez propuestas lograban llegar a la fase final. Incluso yo lo había intentado años atrás. Había conseguido clasificar, sí, pero terminé siendo superado por diseños mucho más innovadores y ambiciosos que el mío. Por eso me costaba creerlo. —¿En serio? —pregunté, todavía sorprendido. —¡Sí! —Se aferró a mis brazos, incapaz de contener su emoción—Esta mañana me enviaron la confirmación oficial, mi amor, ¡Estoy feliz! La observé sonreír, radiante, orgullosa de sí misma. Y por primera vez, una duda incómoda cruzó mi mente. Porque si aquel concurso era tan difícil como yo sabía ¿cómo había logrado Ariana llegar tan lejos cuando ni siquiera sus proyectos dentro de la empresa destacaban tanto? Algo no terminaba de encajar. _—¿Y cuál es el proyecto que presentaste Ari?.—su sonrisa fue disminuyendo.—Ari... —El del doble edificio con luces..—Susurró con un leve temblor en sus labios y mis ojos se abrieron de golpe. —¡¿Que?!¿El del doble..—Me lleve una mano al rostro, tratando de controlarme. —Ese tiene un presupuesto de más de más de cien millones, Ari. —¡Lo sé! Y ese dinero lo puede costear el ayuntamiento de Nueva York, mi amor y así, tendríamos el reconocimiento que... —Ari.—La corté, con tono cortés aunque estuviera irritado.—Ese proyecto estaba en espera debido a la falta de presupuesto, y fue trabajo de Elara. No puedes tomar algo que no es tuyo, y menos sin saber el grado de dificultad que representa. ¿Que tal si pasa y descubre que lo robaste? —No lo robé.—Hace puchero.—Es de mi hermana, y si pasa, lo que creo que sucederá, se lo diré. Ella me entenderá que todo es por el bien de nuestra empresa. “Algo me dice que no, Ariana no sabe cómo es ese tipo de proyecto y lo perderá" —Vamos mi amor, apóyame, ¿Sí? Además, es Elara quién se va a casar contigo, cuando debería ser yo la que debería casarse. Digamos que es como un ... pago. —¿Acaso me ves como un objeto al que quieras intercambiar?.—Bufo, molesto. —Porfavor Landon, solo quiero que me apoyes. Mi padre no sabe, aunque mamá sí. Ella hablará con él y lo convencerá para que me apoye. Solo faltas tú. Apreté una de mis sienes que me palpitaba y aunque en el fondo sabía que estaba mal, ver su sonrisa y esos ánimos de sobresalir, fueron más. —Bien.—Pone cara de niña feliz.—¿Y cuando es? —Este fin de semana mi amor. —Fin de semana.—Repetí, pensando que esos días justo era mi boda. —Y creo que es lo mejor.—Su voz parecía romperse.—No voy a soportar verte casar con ella. Se que no te gusta, que nunca la verías como me ves a mí, pero... —Sabes porque lo hago Ariana.—Tomo su rostro.—Y que daría cualquier cosa porque seas tu mi esposa, pero tranquila, solo un par de años y nos divorciaremos, y entonces, seremos felices. Un beso apasionado selló aquella culpa por no casarme con Ariana, pero mi futuro suegro tenía razón. Elara, era la mayor, la heredera y en quién más apoyo recibía de parte de los accionistas. Ella era la imagen perfecta para los inversores. Maldita sea, espero que pronto acabe esta mierda y me pueda alejar de esa sosa mujer. Sí, debo evitar verla. Pero eso sería lo último que haría. —¿Cómo que no está en su despacho?—Le recrimino a mi secretaria cuando Ariana se va. —E-eso fue lo que me dijeron, Sr. Meier.—Me responde con un leve temblor.—Además, su hora de trabajo terminó. No tendría por qué quedarse un sábado, más si... —¡Ella no puede irse sin avisarme!—Digo golpeando el escritorio. Daysi, mi secretaria, casi de la misma edad que mi madre, se sorprende, tanto como yo. Vamos, es normal que te preocupes por ella. Después de todo va a ser tu esposa, y todo el mundo lo sabrá. —Quita esa cara, Daysi.—Murmuro.—Es mi prometida y tenía un asunto que hablar con ella sobre la boda. —¿Qué?—Sus ojos se abren como platos, acompañados de una sonrisa.—¡¿En serio la Srta. Elara es su novia?! Suspira, aliviada, y eso me confunde. —Disculpe que me meta, pero creí que tenía algo con la Srta. Ariana. Mierda. —Daysi.—La corto.—Deja de meterte y más bien ve a averiguar si alguien sabe adónde se fue. —Como ordene.—No me gusta ese brillo en sus ojos.—Estoy segura de que el portero del edificio debe saber. —Espera.—La detengo.—Mejor voy yo. Daysi suelta risitas extrañas. Seguro estará pensando que estoy preocupado por Elara. Pero eso no es. Solo debo asegurarme que ella no me esté poniendo los cuernos con ese tipo con el que almorzaba, pero mis sospechas se vuelven realidad. —Sí Sr Meier, la Srta Elara salió con uno de los pasantes, yo mismo los ví. —Maldita sea.—mascullo.—¡Se lo advertí! ¡Le dije que se alejara de ella! —¿S-sr Meier? No respondo, y voy a directo a mi auto. La llamo, no una, sino varias veces, pero la muy terca nunca contesta mis llamadas. —¡Me estás ignorando! —bramo, golpeando el volante—Seguro porque la estás pasando de maravilla con tu noviecito, ¿no? Maldita sosa. Sin darme cuenta, hundo el pie en el acelerador y aprieto el volante hasta que los nudillos se me ponen blancos. Paso un semáforo en rojo, luego otro, pero al tercero no llego. Un claxon ensordecedor corta el aire y un segundo después, termino estrellándome contra otro auto. Cuando desperté horas después en el hospital, tenía varias costillas golpeadas, una herida en la frente y una sola idea martillándome la cabeza. Elara no había contestado ninguna llamada. Y según me informaron más tarde, tampoco había regresado a casa aquella noche. Por primera vez desde que la conocía, nadie sabía dónde demonios estaba mi prometida. Y por alguna razón que me negaba a aceptar, aquello me inquietó más que el propio accidente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD