Con los fragmentos purificados y el Vacío sellado, un aire de calma comenzó a descender sobre el mundo. Sin embargo, esa paz se sentía frágil, como si algo latente permaneciera oculto, esperando el momento adecuado para manifestarse. En el castillo, Isolde, Vlad, Magnus y Elara se permitieron un breve respiro. La victoria parecía tangible, pero en el corazón de cada uno había un susurro inquietante: un recordatorio de que las cicatrices del Vacío no desaparecen fácilmente. Juntos Contra La Eternidad El amanecer sobre el castillo fue especialmente brillante, como si el sol celebrara la victoria del grupo. Vlad e Isolde estaban en el balcón principal, observando cómo los primeros rayos bañaban los campos cercanos. —¿Crees que esto es un verdadero final? —preguntó Isolde, entrelazando sus

