Observó a su alrededor con cuidado, y cuando no contempló nada sospechoso, con una sonrisa se acercó a los dos pequeños. —¿Cómo están? ¿Se perdieron? —pregunta preocupado, agachándose para estar a la misma altura de los dos infantes. —Si, no encuentro a mi mami —susurró la niña con los ojos llenos de lágrimas, a punto de llorar junto a su hermano, a quien sostenía de la mano. —No se preocupen, vamos, les ayudaré a buscar a sus padres —prometió con una sonrisa amable. Los dos infantes sonrieron agradecidos, limpiando sus lágrimas se lanzaron a los brazos del desconocido. —Muy bien, vamos... —dijo el desconocido, susurrando unas palabras los menores no alcanzaron a escuchar. (****) —¿Está bien que los hayas dejado solos? ¿Así como así? ¿Después de cómo habían cortado su comunicación?

