El timbre de la gran mansión sonó con insistencia, logrando que la beta rodara los ojos sin muchos ánimos al reconocer tan relevante toque. Levantándose del sofá dando sonoros pasos sobre sus tacones, se acercó con pesar frente a la gran puerta, apretando los labios por los nervios, la abrió. —Bienvenidos, padres —dijo sin muchos ánimos—. ¿Cómo les fu-...? Interrumpiendo sus robóticas palabras, la magnitud de la bofetada que recibió Soomin por parte de su padre le inclinó el rostro denotando una espantosa mueca de sufrimiento y un quejido bajo, el fuerte eco que produjo retumbó por el lugar. Superando el shock, se llevó una mano al rostro cubriéndose con la fría palma tratando de alivianar el dolor, mientras sus parientes de sangre pasaban a la sala de forma impecable y frívola. —¿Cuá

