Entro en la habitación donde mi esposa ya está despierta, no puedo evitar dejar caer unas cuantas lágrimas mientras la beso y le digo que de ahora en adelante y vamos a estar bien, que podrá salir de casa cuando y como ella quiera porque Lían estaba en la cárcel gracias a ella. Le digo que la nuestra bebé está sana y salva y que seremos los padres más felices del mundo porque nos amamos y nuestra pequeña Alana será el amor más grande que nos unirá por el resto de nuestras vidas. Un año y medio después. —No corras — Le pido a mi hija que deje de correr desde que comenzó a caminar, Alana es lo único que sabe hacer. —Ella siempre quiere correr tío, no sé cómo hablarle — Se queja Clara. — Deberíamos cambiarla por un niño en el hospital. —No podemos hacerlo pequeña —Si podemos tío, ¿A poco
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