Capitulo Siete

1146 Words
El maldito teléfono no dejaba de sonar, a la mierda con Sonia me tenía hasta los huevos con sus llamadas a todas horas y sabía que Ana estaba al tanto de eso, juraría que ella lo sabía tan bien como yo, será muy obvio en los últimos días que estaba yo estaba hablando con otra mujer y era muy difícil que Ana no se diera de cuenta. No dije nada cuando se fue a casa de su amiga, porque mierdas no soy un ogro, ella pasa mucho tiempo sola en casa encerrada y quiero qué tenga la liberta de salir con sus amigos y compartir, además estoy en desventajas y no me convenía prohibirle nada. Cuando salí de casa poco después de ver Ana salir, tome la decisión de acabar con todo esto de una buena vez. Aparcó el coche frente a la rubia que sonríe alegre junto a la cera y quitó el seguro para que ella entre, la veo tomar asiento junto a mí y evito el beso que deja sobre mi mejilla porque no pudo dejarlo sobre mis labios, esta vez no pongo el auto en marcha, no vamos a su casa ni a un hotel. ¿- Cariño te extrañé - Su alegre voz me parte la cabeza de dolor - Nos vamos a casa o prefieres ir a un lugar para relajarnos? -¿Porque lo haces? - ¿Qué cosa? Cariño - - Tus malditas llamadas a todas horas Sonia, porque mierda lo haces — Grito - Antes no te molestaba Gabriel - Escucho su voz romperse - —Sabes que eso hace sentir mal a mi esposa - Miro al frente a la gente que camina por la calle con preocupaciones y problemas como todos, pero con una gran sonrisa siendo amables, la gente no tiene la culpa de los problemas de otros. - ¿Tu esposa? Hablas en serio Gabriel- Una lágrima corre por su mejilla - ¿Ahora ya pasó a ser tu esposa? ¿Cuándo? Te la tiraste como lo haces conmigo - Desde que me case con ella, Sonia, mira, esto es un anillo de matrimonio — Alzó mi mano y muestro el anillo — estoy… - Ni se te ocurra decirlo - Rompe en llanto y apretó con fuerza el volante - Esa perra no puede robarme a mi hombre, eras mío mucho antes de conocerla a ella. Golpeó con fuerza el volante haciéndola sobresaltar - Mi esposa, la respetas Sonia, Ana no es ninguna perra entendido - La observo amenazante y grito - Y si lo digo, esta mierda tiene que terminar, vamos a dejarlo por el bien de todos, estoy casado, quiero intentarlo todo por el bien de mi matrimonio y Ana no merece que yo vea a otra mujer y sé que han sido años juntos Sonia... Pero se terminó. El silencio se llena solo de sollozos que provienen de ella. - Ella no va a robarme lo que es mío... porque primero… fuiste mi hombre Gabriel, tú y yo nos amamos - Baja del auto Sonia. - Esa maldita perra no va a quitarme lo mío. Grita fuera de control - Baja del auto ahora Sonia — Grito fuerte pasado sobre ella y abro la puerta — Escucha bien esto, no vuelvas a hablar mal de Ana, es mi esposa y si no quieres tener problemas conmigo mejor que te quede tranquila. Baja con un fuerte golpe al cerrar la puerta y por un momento respiro con tranquilidad, sintiendo que el peso que llevaba sobre los hombros por la mañana había desaparecido. Ana La verdad me decepcionó mucho el hecho de no recibir ni llamadas ni mensajes de Gabriel durante todo el día y la noche en casa de Natalia, no era que él y yo habláramos mucho, pero siempre solo mandarme algún que otro mensaje. Natalia, en cambio, se comportó algo odiosa y antipática conmigo, pero me preparo unos emparedados y rápido caímos en un ambiente de amistad seguro y feliz con nueve grados de peleas. En la mañana me despedí de ella porque tenía que volver a casa, era una mujer casada y no se veía bien que dormirá en una casa distinta a la de mi esposo. Bajo del auto, antes de que Rafa me abra la puerta, observo el auto rojo fuera de casa y por un momento pasa por mi cabeza la idea de que mi esposo comprándome un carro, así que a paso apresurado entro en casa, porque hace poco le dije a Gabriel que el auto no era de mi agrado, así que feliz y contenta entro al salón. Pero la imagen en el medio del salón no me gusta, una mujer que nunca antes he visto está parada en el medio del salón de nuestra casa. ¿Quién es ella? Por la expresión de mi esposo podía ver qué estaba furioso. — Gabriel… - Al escuchar mi voz este soltó a la mujer que se abrazaba a su brazo como un perezoso Gabriel tomó rápidamente la oportunidad y puso distancia, así que vino haciéndome sentir su cuerpo cerca del mío y el peso de su brazo en mi cintura, me tomo por sorpresa, pero no lo demostré. Se siente tan bien, así que recargo mi espalda de su pecho de forma más cómoda, la mujer me observa con odio y me acerco más a mi esposo. No sé quién eres, pero lo tengo y es mío. Observo a la mujer y la verdad no está ni fea, es rubia, algo baja y sobre todo veo el odio en su mirada, no disimula que le caigo mal. -Buenos días, cariño - dice Gabriel, casi en susurro en mi oído y eso me sobresalta, después añade -Estaba por ir a por ti, te adelantaste y no me avisaste. -Bueno, quería verte, vine corriendo — todo eso era una falsa, en ningún momento aparto mi mirada de ella, haciendo uso de mi clase de educación, extendí mi mano - mucho gusto soy Ana, la esposa de este bello y guapo hombre - Giro mi rostro y dejo un beso sobre los labios de Gabriel y no sé por qué lo hago. - Mucho gusto soy Sonia - Giro por completo mirando a Gabriel con odio, ahora soy yo quien está molesta y con la mirada se lo hago saber y él rápidamente aparta la mirada, esto era el colmo, no podía creer que él fuera capaz de traer esa mujer a su casa, mi casa, nuestra casa. -Con permiso - digo encaminándome a las escaleras para subir a la recámara ante de explotar hay mismo y sacarla por el cabello de mi casa a esa pasada mujer que no sabía aún, que se traía con mi marido. Porque de algo estaba segura. Y no tenía duda de que esa era la amante de mi marido.
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