VÍCTOR (MESES ATRÁS) ¿Sabéis cuando dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver? Bueno, pues yo no estoy ciego, pero tengo unas 20 vendas invisibles puestas sobre mis ojos para no observar lo que ha sido obvio desde el minuto uno en que la conocí. Tengo dos cosas claras en este momento y no veáis como me jode saber que no van a cambiar nunca: 1. Estoy enamorado de la princesita. 2. La princesita está enamorada de otro. Así. Sin paños calientes, sin preliminares. Directo a mi puto corazón. A ver, corazón, una pregunta. ¿Cómo has sido tan rematadamente imbécil de permitirla entrar? ¿¡Eh!? Sabías a lo que te atenías, a lo que te arriesgabas. Sabías que ibas a sufrir y tú, ala, abres el corazón de par en par para dejar que una mujer vuelva a entrar. El problema es que ese alguien e

