Un suspiro salió de sus labios después de haberse colocado el vestido de la manera correcta. Quería estar tranquila durante la noche, pero le era imposible concentrarse con todas las cosas pendientes que tenía en mente. Miró el anillo en su dedo y en ese momento lo vio tan grande que no creyó que fuera suyo. — ¿Ya estás lista? — preguntó Ian, y ella asintió sin mirarlo —, ¿Te despediste de los niños? — Sí, ya lo hice — se pintó los labios —. También tomé mis medicamentos — se levantó —, ¿Ya nos vamos? — Sí — extendió su mano para que la agarrara —, ¿Sabes que te amo, cierto? — Lo sé, me lo dices siempre — frunció el ceño —, ¿Pasa algo? — ¿Por qué lo preguntas? — Es porque tienes una actitud muy diferente a la de esta mañana, me hablas más bonito — tomó su mano, de manera dudosa —,

