-Xander Ross-
Estoy esperando que me den el visto bueno para entrar a su habitación como lo hago todos los días. Venir a visitarla es lo menos que puedo hacer después de todo. La mayor parte del tiempo me parece increíble que yo haya salido ileso de ese accidente y ella esté en ese estado.
—Señor Ross, ya puede pasar —me informa la enfermera y asiento a modo de agradecimiento.
Cierro la puerta detrás de mí y tomo la misma silla que siempre está en una esquina para poder acercarme y la veo acostada, con máquinas a su alrededor que la ayudan a mantenerse aún con nosotros.
Desde el momento en que tuvieron que inducirla al coma sabía que no estaba bien, pero todo se vino abajo cuando al momento de ir bajando la dosis de su medicamento para que despertara, simplemente no lo hizo. Los médicos dijeron que lo haría cuando su cuerpo estuviese listo, pero ya han pasado varios meses de eso y aún no despierta.
«Mi prometida está en una cama de hospital, en coma, y yo no puedo hacer nada, más que esperar».
Sus padres en cierto modo me culpan, pero saben que aunque hubiese querido, era imposible hacer algo por ella.
Nosotros estábamos esperando en la luz roja cuando el otro auto nos embistió por detrás. La culpable está pagando en la cárcel y me he encargado, desde el primer día, de hacerle la vida mucho más difícil en la cárcel. Su negligencia, su descuido, le salió muy caro y queda en mi cuenta el hecho de que nunca salga en libertad por lo que hizo.
—Hola, Juditt, soy yo otra vez, Xander —le hablo, teniendo la esperanza de que me escuche—. ¿Cuándo piensas despertar, querida?
Veo cómo su pecho sube y baja y no dejo de preguntarme por qué todo tuvo que terminar así. Ambos estábamos en el mismo auto, a mí no me pasó nada, pero durante estos meses he tenido que cargar con la culpa y con miradas acusatorias sobre mí.
Me quedo un rato a su lado, contándole de mi día como lo hago siempre. Siento que este es el único momento que tengo para conectar con ella, para no sentir que de alguna forma, lo que existió entre nosotros, ya no es posible. Para no sentir que la he perdido.
Aunque los médicos han disuadido a su familia para desconectarla, ellos se niegan, no pierden la esperanza y yo tampoco. Ella es todo lo que tienen, es su única hija y agradezco que no lo hayan hecho, porque me sentiría mucho peor.
Mi móvil suena y sé que es hora de volver a la empresa. Desde que mi padre no está yo he ocupado su lugar y apenas tengo tiempo de venir aquí, porque trabajo duro para que en la próxima reunión del Consejo, puedan tomarme en cuenta para el puesto de director general.
Veo el nombre de mi secretaria y no respondo, sé que ella me dejará un mensaje luego. Me pongo en pie y me siento mal, porque mi tiempo con ella es cada vez más corto.
Me estiro y dejo un beso en su frente. Se siente fría, como si Juditt ya no estuviera aquí.
—Te quiero tanto, Juditt. Mi único deseo es que despiertes para hacerte feliz. Quisiera quedarme más tiempo, pero debo irme. —Acaricio su mano y la suelto.
Dejo la silla en su lugar y salgo de la habitación, esperando que el día de mañana llegue pronto para volver a verla.
Me encuentro de frente con la enfermera que está siempre a su cuidado y me es inevitable hacer la pregunta de todos los días.
—¿Ves alguna mejoría en ella?
La mujer frente a mí mantiene sus labios cerrados y suelta un suspiro.
—Quisiera decirle que sí, señor Ross, cada día que hace esa pregunta, pero la verdad es que todo sigue igual con la señorita Juditt. —Asiento y le agradezco, antes de marcharme.
No pierdo la esperanza de que un día de estos ella me diga que sí, que algo ha cambiado, que hay una mejoría, por mínima que sea. Pero dado el caso, eso sería un gran paso que dar.
Me marcho hacia la oficina. Por ahora mi puesto de gerente no me da ningún tipo de poder, aunque la empresa sea de mi familia. Mi tío es quien está a cargo y sé que no es de su agrado saber que yo pienso postularme a su cargo, porque por derecho y capacidades laborales me pertenece. Sé que si fallo, si tengo el más mínimo error, él se convertirá en algo mucho más grande para poder seguir en su cargo y salir victorioso en esta batalla laboral.
Yo tengo mis negocios propios, pudiese vivir tranquilo y cómodamente de ellos por el resto de mis días, pero mi padre estaría decepcionado de mí y si no lo decepcioné en vida, mucho menos en su muerte.
Conduzco por las calles de la ciudad mientras mensaje tras mensaje llega a mi celular. Cuando me detengo en un semáforo veo que mi tío ha solicitado una reunión de carácter urgente conmigo, cosa que me hace estresarme un poco más.
Tras unos cuantos minutos de más, debido al excesivo tráfico que hay en las calles, al fin llego y me dispongo a ir al último piso, para encontrarme con él en su oficina.
Al llegar saludo a su secretaria y paso directamente, porque sé que me espera.
—¡Querido sobrino! Justo a tiempo, como siempre —saluda sonriente y cuando miro a mi alrededor, me doy cuenta que no está solo.
Su hermano, mi otro tío y el mayor de los tres, también se encuentra presente. Me extraña, pero por el momento mantengo la calma.
—Aquí estoy, ¿para qué querías verme? —Voy directo al grano con este asunto.
—Nos hemos enterado que te piensas postular para el puesto de Director General de la compañía y nos preguntamos por qué no nos habías dicho antes —comenta mi tío Brandon, quien es el mayor.
Me cruzo de brazos y levanto una ceja.
—No sabía que tenía que pedirles permiso para hacerlo —increpo y él se ríe.
—Muchacho cabeza dura —niega y chasquea la lengua.
—No, tienes razón, no necesitas nuestro permiso —interviene su hermano menor, Louis.
Mi padre, era el hermano del medio, solo que ya no está. Quedo yo para ocupar su lugar.
—Entonces, ¿por qué esta emboscada?, ¿por qué él está aquí si ni siquiera trabaja en la empresa? —Señalo a Brandon, quien desde hace años decidió que esto no era para él.
—Pero sigo siendo m*****o de la familia y por ende, dueño de la compañía también —me recuerda y sé que en parte, tiene la razón.
«Pero no toda».
—“Dueño” es una palabra muy grande, diría yo. Al menos hasta que el abuelo muera toda la compañía le pertenece a él, nosotros solo podemos postular a distintos cargos por ser miembros de su familia —les recuerdo, demostrándoles que tengo claro todo lo que necesito saber.
—Exactamente, sobrino —interviene Louis—, la compañía es de tu abuelo y sabemos que su salud no ha sido la mejor los últimos meses. Por eso, de buena voluntad, aunque no lo creas y veas esto como competencia, queremos recordarte algo que también aplica para ti, ya que tu padre no está.
Frunzo el ceño al escucharlo, no entiendo para nada por dónde va la conversación.
—Creo que lo más conveniente es que te sientes, Xander. —Esta vez hago caso a las palabras de Brandon, siempre le he tenido respeto, excepto cuando se pone en modo mandamás—. Hay algo que tu abuelo estableció para la futura persona que quedara a cargo de los negocios familiares una vez él no estuviese en este mundo.
—Antes no nos preocupamos, porque con el paso del tiempo sus tres hijos estábamos en igualdad de condiciones en esta absurda “competencia”. —Louis hace comillas al aire con sus dedos.
—Por eso hoy queremos jugar limpio contigo, sobrino. —Es Brandon quien habla esta vez y toma una profunda respiración antes de continuar—. Hay una cláusula en el testamento de tu abuelo que dice que, cualquiera de sus hijos, o en caso de que faltara alguno y dejara algún nieto, y este se quiera postular ante los miembros del consejo como director, teniendo así el poder después de la aprobación de ellos del cincuenta y un por ciento de las acciones, esta persona, sea hijo o nieto, tiene que tener una familia establecida, hijos y esposa. Debe cuidar de ella y demostrar que es buen jefe de familia, para así demostrar también que está capacitado para manejar una compañía como esta.
«¿Casarme? ¿Tener hijos? Esto debe ser una maldita locura», pienso agitado, mientras trato de mantener una expresión neutra.
—Entonces, como sabrás, eres el único de los tres que está en desventaja. Brandon no está interesado en el negocio, pero yo… —continúa Louis y sé que está por restregarme en la cara que no tengo más nada que hacer al respecto.
—Entiendo. —Es lo único que puedo decir, aunque al salir de aquí pienso ir directamente a donde el abuelo y preguntarle por esa estúpida cláusula.
—Solo te ponemos en sobre aviso, para que no haya malos entendidos en el futuro. —Asiento y me pongo de pie, acomodando mi traje en el proceso.
—¿Eso es todo? —No pienso dejarles ver lo derrotado que estoy justo ahora.
—Sí, puedes retirarte. —Odio que me traten de esa forma, pero no tengo más nada que hacer aquí.
Salgo de la oficina aún con la frente en alto, porque a mí no van a humillarme. Cierro la puerta y me dirijo directo al ascensor. Veo que Brandon viene hacia aquí y grita para que detenga las puertas, debería dejar que se cierren porque no lo quiero cerca, pero eso sería dejar entrever mis sentimientos.
Lo hago y él llega hasta aquí, me agradece con una sonrisa igual a la que me daba cuando era un niño y las puertas se cierran.
—¿Recuerdas cuando me decías que era tu tío favorito? —Me recuerda y no puedo hacer más que asentir—, eran buenos tiempos.
—Lo eran —concuerdo.
—En honor a eso te tengo una propuesta. Sé lo que quieres, creo que estás dispuesto a todo para conseguirlo y mi plan puede ser de ayuda, ¿quieres escucharlo?
Frunzo el ceño, pero asiento, no tengo nada que perder y la curiosidad me gana al oírlo.
—Te escucho. Según tú, ¿cómo puedes ayudarme?