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2250 Words
Después de aquella noche de pasión no podía comprender como la profesora podía tener aquellos trastornos, ¿Qué habría pasado? Sus ojos estaban nerviosos, estaban casi llorando, le encantaba ver esos ojos brillando, pero aquel brillo que desprendían del terror solo arruinaba su belleza, imposiblemente las cosas para ambos tenían que ser más fluidas, algo estaba ocultando. Ahora bien, tenía que también definir aquellas cosas que la profesora iba a hacer con él, no quería creer que era una relación de una sola noche, y Dios claro que no quería solo una relación de una noche, porque aquella pasión que le hizo perder su virginidad, también era la misma pasión que lo vertía en la desesperación, una chica tan bella como lo era su profesora. ¿Qué estaba haciendo en un lugar como ese? Rápidamente entro al salón y se encontró con sus compañeros, paso por las miradas escrutadoras de sus amigos, mirándolo con desdén de pies a cabeza, el seguía inmerso en los pensamientos inseguros, rápidamente se sentó antes de que el profesor de química llegara, abrió su cuaderno, y sostuvo su lápiz, se tambaleo un poco hasta dejarlo caer, estaba cansado, la chica sí que lo había dejado exhausto. Rápidamente escucho una voz detrás de él. —A que limpio el suelo contigo. Termino de levantar el lápiz para darse un golpe tremendo con la mesa, su cabeza quedo adolorida, todos miraron al sitio en donde estaba Yosem y rieron esporádicamente, aunque a nadie le gustaba la idea de molestar al maleante de clases, por seguridad a sus piernas. —¿Qué dices Luciano? —Vamos—Puso los ojos en blanco— hablo de la profesora, te fuiste del bar y ni siquiera me dijiste si regresarías, para mi sorpresa creo que tengo una vacante para ser chico del bar.—Exclamo con una seña algo divertida y desagradable. —No deberías hacer ese tipo de comentarios Luciano.—Luciano resoplo. —Vamos deja lo idiota y reservado, serás siempre mi mejor amigo.—Él sonrió maliciosamente.—Sabes ahora los chicos están haciendo una apuesta, corre por todo el salón. —¿En qué consiste?—Yosem no le importaba para nada aquellas cosas que hicieran los inadaptados de sus compañeros. Nunca supo cuándo fue la última vez que se preocupó por eso. —Fácil, quieren saber que chico será el valiente guerrero que podrá hacerse con la bella princesa—Yosem odiaba cuando Luciano tomo el síndrome del escritor y convertía sus palabras en prosas de alguna epopeya medieval— ¿oh quién será el valiente? —Deja los disparates cuenta ya. —Bueno. Quieren saber quién puede acostarse con Indira. Los ojos de Yosem casi se salían de su cuenca. Enseguida una pincelada de celos combinado con rabia no lo dejo pensar más y soltó varios tacos. —Pero no te preocupes, porque eres el chico que has robado su corazón, el valiente guerrero que mato al dragón y ahora está viviendo feliz con la princesa. —No menciones eso. —Sabes que pasarías a ser el chico más popular,—Yosem rio, ¿podía ser más popular de lo que ya era?— si supieran que estas saliendo con Indira. —No, y ni te atrevas a contar nada a nadie, y si lo haces te arranco la lengua por bocón, sabes que no soy el criminal que la gente piensa pero… a veces puedo hacer excepciones. —Vale…—Luciano se encogió de hombros. En ese momento el profesor de química entro al salón—Hablaremos después—Espeto Yosem y luego se concentró en prestar atención a las clases, tenía que mejorar las notas. Pero no podía tampoco contenerse, pero pensó algún chico se podía acercar a él, le daba una diabla que se trasformaba en pálida. La furia le llenaba los puños de sangre hirviendo. Entonces las horas, pasaron, la clase de inglés empezó, todos estaban concentrados en aquella bella profesora dando algunas palabras en francés, Yosem no se podía contener, aquella voz era tan idílica tan bella y potente, que quería montárselo ahí mismo sin importar, que los demás estudiantes le estaban viendo, como era una buena profesional Indira no hizo nada inadecuado enfrente de los chicos, pero… las miradas tan candentes entre ellos dos hacían sospechar algunas cosas, como por qué la profesora parecía sonreír mucho al chico más maleante de todos. La clase paso con regularidad y nadie dijo nada al respecto, pero ellos tenían que contenerse un poco más, podían ser descubiertos, Yosem había pillado uno de los asientos delanteros para ver a su bella ninfa desplazarse con sus piernas largas y estiradas por el salón, hoy llevaba unos pantalones vaqueros que la hacían ver aún más esbelta que con ese vestido, lucía un gran trasero, en la noche por la oscuridad de la habitación no pudo distinguirlo, pero era suyo. Solo suyo. Era un placer que podía disfrutar en el silencio. Todos los chicos salieron del aula para los treinta minutos de recreo, Yosem guardo lentamente sus cosas, tan lentamente que todos jurarían que nunca sintió las ganas de salir de aquel salón, siendo siempre uno de los primeros estudiantes que salía del aula cuando el profesor daba la vuelta, ganaba toda la incertidumbre del momento, Indira también se quedó arreglando algunas carpetas en su mochila, para que los chicos no vieran que se trataba de quedar un poco más en el salón, los últimos estudiantes en salir fueron Luciano y Marrwon, quien cerraron la puerta para que aquel par de tortolos tuvieran más comodidad, antes de salir Luciano siseo de manera incitadora, y le guiño el ojo a Yosem, posteriormente salió del salón despidiéndose de la profesora con una sonrisa de idiota, y cerró la puerta finalmente, sus mentes se sincronizaron por un segundo solo para verse y contemplarse. ¡Por fin solos! —Estas tan bella.—Yosem rompió el silencio. Ella directamente se abalanzo sobre sus brazos y le besa apasionadamente. Indira estaba recién duchada y con un aroma a frutas hizo que Yosem se templara, inmediatamente dejando su boca entonces aprisiono el cuello de la profesora, ella intento escaquearse, pero también cedió ante los encantos y caricias de su interlocutor, ella miro a la puerta, tenía miedo a que alguien los viera. —Yosem aquí no.—Advirtió en pánico. —Nadie vendrá tenemos media hora. El siguió besándola incontrolablemente, ella solo gemía de manera bajita para que no fuera a alarmar a nadie. —¡Yosem!—Volvió a recalcar en panico. —¿Qué? —Nos verán. —No tranquila. Rápidamente él se acercó al escritorio en donde se sentaban casi todos los profesores, ella quedo enfrente de él, mientras que con parsimonia acariciaba el cuerpo de Yosem, él también le acariciaba cada parte que podía, la adrenalina en su cuerpo era tremendo, era lo más fuera de serie que había hecho en el colegio. Sabía que si lo encontraban haciendo aquello con la profesora lo expulsaría y ella también sufriría consecuencias. Indira puso la rodilla encima del muslo de Yosem, el pene del hombre se hincho al instante, el calor que desprendía Indira solamente lo hacía alucinar. Mordisqueo el ombligo de su profesora, también le subió un poco la blusa estilo campesina hasta que pudo acariciar sus pechos desnudos nuevamente. —Otra vez no llevas brasiers. —Me gusta ser ese tipo de estilo.—Apunto en tono sarcástico. Acto seguido ella poso su mano sobre el cuerpo fornido de Yosem, su cuerpo era poderoso y destilaba virilidad y masculinidad, ¿alguien podía ser tan masculino como Yosem? Le ofreció un beso tan candente que cualquier hombre estaría dispuesto a matar para volverlo a probar. Yosem no pudo negarse a aquellos efectos que le causaba su profesora. ¿Qué mujer más excepcional, de verdad que estaba haciendo en esa pocilga? Pero no le dio más vueltas a la cabeza y cerró los ojos, bajo sus manos desde la barriga linda y plana, hasta depositarle un apretón ferviente en el trasero de la chica empujándola hacia a su cuerpo, quería tenerla encima por toda la vida, no se cansaba de su calor, de su olor, de su ser. Inmediatamente conectaron sus miradas, decían más que las mismas palabras que sabía la profesora con exactitud. La amaba Y ella lo amaba. Entonces pareció que un conserje se acercó entonces se separaron y se arreglaron la ropa desordenada y salieron a por patas de allí. Yosem solo tendría decir que estaba apuntando algunas cosas con la profesora acerca de la clase, pero igualmente también tendría que rendir cuentas a los directivos. —Yosem encontrémonos en el parque después de que salgas de clases.—Recomendó alzando su dedo índice. —Vale. —¿Tendrás que trabajar? —Llegare tarde.—Advirtió a regañadientes. —Entonces quedemos. —Te veré allá. Ella se levantó un poco en sus pies para luego ir a su boca y depositar un beso tierno. ¿En algún lugar se puede concebir aquel amor tan raro? Pero igualmente seguía siendo único. Yosem cogió por su camino e Indira fue a la sala de profesores. Ambos con una sonrisa cómplice. Indira estaba sintiendo cosas inexplicables para su corazón, se lavaba al cielo cuando él se encontraba cerca, el amor se había vuelto a presenciar en su vida, ahora con un chico extremadamente joven que podía hacer el amor de una manera inigualable, quien iba a pensar que un chico le tirara una buena tunda a un joven de los veinte, ninguno en el campus estaba ni a los zapatos de Yosem, aunque también sentía miedo, él pudo ver su lado más oculto, el lado más profundo, desde los cabales de su infancia, estaba por penetrar en un terreno que aun nadie conocía, ni siquiera ella misma, no quería que Yosem viera ese lado tan patético. Aunque era una mujer que dominaba el idioma a la perfección, no podía manejar su cuerpo, y sus recuerdos siempre llegaban en el momento menos indicado. No quería desenterrar aquel pasado. Y mucho menos decírselo a Yosem. Solo quería ser feliz. Yosem llego al campo de basquetbol donde ya Luciano le estaba esperando con los balones listos para jugar con los de cuarto, rápidamente él se cambió de ropa, y empezaron el partido, los pases en el aire iban de aquí para allá, el partido trascurrió con normalidad, el torneo se les venía encima, y solamente faltaban una semanas para empezar la ronda de preliminares, rápidamente Luciano haciendo movimientos rápidos disipo a los guardias que protegían el aro, y entonces aprovechando su altura Yosem acertó terminando el partido. Ganaron y el sonido de un silbato los respaldaban, ellos fueron a los vestidores, trascurrieron unos minutos, los pensamientos volvían a su cabeza, Indira besándolo, su cuerpo, su tacto, el deseo lo invadió en una horda de sentimientos. Pero aquello que más le llamaba la atención era aquellos pensamientos acerca de la pesadilla que tuvo. ¿Solo era una pesadilla? No podía serlo, era algo más, de la manera que se retorcía no era una de las cosas típicas de las chicas no eran a los que las chicas se enfrentaban. ¿Qué seria aquello? Dejo de mirarse al espejo y se cambió de ropa recordó que tenía que encontrarse con Indira. Con la moto condujo al parque rápidamente. Cuando vio el destello de unos cabellos cobrizo se detuvo y estaciono la moto en el parking más cercano, luego llego a donde estaba sentada ella esperando por todo. —Ti hice esperar mucho. —No—Negó con la cabeza— acabo de llegar. Él se sentó a un lado, el sol era rojizo, era casi perfecto, como un día en la playa con el amor de su vida, en este caso que estaba sentada al lado suyo. —Yosem acompáñame el sábado a un lugar.—Soltó la Profesora. —¿Si, pero no tendré que trabajar en tu casa? —Bueno es parte del trabajo. —Me parece bien, claro que te acompañare Profesora, digo Indira. —¡Eres muy mono Yosem! Pero tenemos que tener cuidado, porque cualquier cosa pudiera pasar, si los profesores nos encuentran haciendo esto nos podía ir mal. —Lo sé. —Bueno entonces tendremos que prepáranos. Encontrémonos solo en el bar y en la casa—Recomendó Yosem— en la escuela nos contendremos. —Vale.  —¿Tendrás que trabajar cuando te vayas de aquí? —Sí. —Hoy no podré ir. —Tranquila.—El acuno el rostro de Indira entre sus manos para luego besarla tiernamente. —Yosem Nos veremos mañana. —Vale. Antes de que se despidieran Yosem le dio un beso: pero a diferencia de todos los que hasta ahora se habían regalado, este beso estaba cargado de algo que no contenía la pasión con la que sus ojos se contemplaban diariamente, este beso, estaba cargado de ponzoñas venenosas cargadas de amor, cargadas de delicadeza y suavidad, estaba lleno de sentimientos, Indira pudo escuchar el palpitar de ese corazón desbocado, era un latir poderoso, caluroso, seductor. Se deleitó, y a la vez se excito. Nadie se había entregado a ella así como Yosem. Nadie. Enseguida se separó de sus labios solo para ver sus hermosos ojos, aquellos ojos que estaban llenos de delicadeza, y su mirada un poco asustada, pero brillosas. —Te quiero profesora cuídate. Esas fueron las primeras palabras que irrumpieron en el corazón de su amada.                
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