Hank sintió que el dildo era retirado de su culo. Un gemido salió junto al artilugio que seguía húmedo y moviéndose. James lo arrojó sobre la alfombra mientras el líquido caía sobre esta. —Bien, ahora vamos a la parte que yo disfrutaré— James soltó las esposas de esas muñecas y luego lo tomó para llevarlo a otro lado. Sin ver nada y sólo confiando en aquellas manos Hank siguió al mayor. —Siéntate— le dijo James ayudándolo a subir a la silla s****l. El pelinegro entendió que estaba en aquella silla que vio anteriormente. El mayor le acomodó las piernas, dejándolas abiertas. Le inmovilizó los tobillos con los grilletes de la silla, también hizo lo mismo con las manos. —Ahora usarás la mordaza— le dijo James colocándole la bola roja en la boca y la ató. Le sacó la corbata de los ojos

