Hank entró por primera vez a esa enorme mansión. Miraba completamente anondado el lugar.
—Guo, que bien le ha ido a Lion— dijo mirando asombrado el lugar—Sam quedó como rey.
James miraba al pelinegro.
—Dices que has venido por trabajo— le dijo el mayordomo.
—Sí. Venía por el empleo de limpieza— dijo Hank.
—¿Sabes lo qué es ser el sirviente de esta casa?— preguntó James.
—Sí— dijo algo sonrojado el pelinegro.
El mayordomo aún seguía en dudas con todo aquello. Se suponía que habiéndose casado, el asunto de los esclavos sexuales se terminaría. Tal vez ahora a Lion y Sam les daría por tener sexo con Hank. De todas maneras él era sólo un mayordomo, y no tenía que involucrarse con ello. Estaba ahí para acatar las reglas y preparar a los empleados.
—Supongo que el señor Sam te contó lo que hizo, antes de ponerse a trabajar— le dijo James, creyendo que así debió ser.
—Sí, algo— mintió Hank. Recordó entonces lo que habló con Korina, la chica era la única que sabía todo con detalle. Debía llamarla urgente.
—¿Cuándo pretendes comenzar?— le preguntó James, pues aún tenía mucho que hacer. Además ahora de preparar el cuerpo, habitación y ropas del nuevo empleado.
—Lo antes posible— sonrió Hank—Tengo disponibilidad veinticuatro siete.
—De acuerdo. Ven mañana a la misma hora y comenzaremos con los preparativos.
Hank asintió y luego se retiró de la mansión. Se fue bastante conforme de comenzar su nuevo trabajo pronto. Por su lado James se dedicó todo ese día a ordenar las reuniones de su jefe, además de ver los detalles de las compras del mes de la mansión y el establo. Al final fue al sótano a dejar todo listo para la mañana siguiente. En un momento de dudas quiso llamar a su jefe, pero luego se arrepintió. Era seguro que no le contestaría.
—Quiero unas largas vacaciones— suspiró James, terminando así los quehaceres del día. Miró el reloj en la pared de la oficina, iban a ser las nueve de la noche—Y no he comido nada.
Apagó el computador y salió de la oficina. Fue a la cocina a prepararse algo de comer. Estando en el silencio de la mansión se sintió extrañemente solo. Aquel sentimiento lo incomodó de sobremanera, pues era la primera vez que le sucedía. Trató de no seguir pensando más y se dispuso a preparar algo liviano. Luego terminó de cocinar y se sentó a comer.
—Al menos mañana es fin de semana, y podré ocuparme del nuevo empleado, y enseñarle la mansión. Imagino que el señor y Sam querrán que su amigo también viva con nosotros— pensaba James, mientras probaba la comida.
Después de terminar dejó todo ordenado y limpio. Fue a su habitación a darse un baño y prepararse para dormir. Tenía la mente cansada y sólo quería su cama.
Mientras en las tierras de Egipto, Lion y Sam disfrutaban de un tour en camello. El castaño estaba feliz sacando fotos.
—Cuida ese trasero— le dijo Lion, refiriéndose a las jorobas—Esta noche lo quiero sanito.
—Sabes que sí— le sonrió Sam.
La noche pasó rápida y serena, como si quisiera que un nuevo mañana comenzara.
Finalmente un nuevo día iniciaba, Hank se levantó temprano y preparó su desayuno. Estaba con ánimos de comenzar en su nuevo trabajo, ya le había avisado a sus padres que empezaría un empleo de limpieza.
Después de estar listo, salió de su casa y se montó en su bicicleta. La fresca mañana le acariciaba el rostro y de pasada las ideas. Aún recordaba la conversación que había tenido la noche anterior con Korina. La chica había sido muy clara en lo que le había dicho.
"Sam me dijo que James lo metió al sótano y lo depiló por completo. Luego hizo que se bañara en una tina de leche. Las vestimentas se las proporcionaron en la mansión. Babydoll para dormir, y trajes de maid para trabajar. Me habló de un cuarto escarlata que permanece con llaves. Esa esa la hnabitación de juegos eróticos de Lion. Te deseo la mejor de las suertes amigo. Y cuéntame como te va con ese papucho de James. Hablamos".
Cada palabra aún le resonaba en la cabeza. Era algo difícil pensar lo que estaba apunto de hacer, pero si Sam pudo entonces él también podría.
—Debo admitir que me muero de la vergüenza— se dijo, mientras pedaleaba a la mansión.
Después de una hora, Hank divisaba la entrada hacia el camino de la mansión. Notó entonces que un vehículo se acercaba.
—Eres puntual— le dijo James, bajando la ventana—Sube.
Hank acomodó la bicicleta atrás, y luego se subió al copiloto. Fue extraño mirar al mayordomo y verlo vestido con ropa casual. De hecho se veía bastante atractivo, sin mostrar ese duro rostro.
—¿Estudias?— preguntó de pronto James.
Hank bajó la mirada.
—Perdí el último año de estudios, por encontrarme sumido en una depresión. Mis padres gastaron mucho dinero en el tratamiento y pagar la universidad. Por eso necesito trabajar.
James lo miró de reojos.
—¿Qué estudiabas?— preguntó el mayordomo.
—Profesor de Ciencias. Pero retomaré, después de saldar las deudas— sonrió Hank.
—Eso es bueno.
James estacionó el auto fuera de la casa. Bajaron.
—Bueno, con la paga no tendrás problemas— dijo el mayordomo, mientras abría la puerta—Aquí es bien remunerado.
Entraron a la mansión.
—Lo primero será dar un recorrido por la casa. Saber que habitación es cuál, y donde está el cuarto de la limpieza.
Hank anotaba todo mentalmente, mientras seguía al mayordomo por la casa. Lo primero que notó fue lo grande y espacioso del living, el comedor y la cocina. Luego pasaron por el baño del primer piso, y el cuarto de la limpieza.
Miró de reojos la puerta que estaba cerrada, todo indicaba que era el sótano y el lugar de preparación.
—Aquí es la oficina del jefe— dijo James.
—¿Y allá al fondo?— preguntó Hank.
—Esa es mi habitación. Prohibido entrar— le dijo el mayordomo, mientras se alejaba.
Sin decir naada, el pelinegro lo siguió al segundo piso. Ya se estaba haciendo la idea de como mantener tremenda casa y la limpieza. De seguro que tendría que levantarse más temprano para poder viajar.
—Ésta es la habitación matimonial— le dijo James—Yo la limpio. Éste es tu cuarto.
—¿Mío?— preguntó Hank.
—Supongo que no irás a viajar todos los días. Además es un trabajo que amerita tiempo completo— le dijo James.
—De acuerdo— dijo Hank, recordanndo lo que Korina le había contado.
—Y éste es el cuarto de juegos— le dijo James.
—El cuarto escarlata— dijo el pelinegro sin pensar.
James lo quedó mirando.
—Lo siento, me lo dijo Sam— mintió Hank.
—Bien. Entonces sabes que hay dentro.
Aquellas palabras sonaron algo intensas, al igual que la mirada que le dio James.
—Sí, creo que tengo una idea de lo que hay dentro— le dijo Hank algo sonrojado.
—Bien, al fondo está el gimnasio y la sala de spa— continuó James. Pero los ojos del pelinegro no dejaban de ver esa puerta escarlata.
El mayordomo se dio media vuelta y bajó al primer piso. Hank lo siguió en completo silencio. Definitivamente tenía que tener más cuidado con lo que decía.
Siguió al mayordomo hacia la salida. Ahí fue conociendo el otro lado de la mansión, sus jardines, el pequeñon establo con los cabllos y el ivernadero.
—Tienes que regar las plantas y alimentar a los patos, todos los días— le explicaba James, mientras le mostraba como alimentarlos.
Hank comenzaba a pregunntarse como rayos lo habría hecho Sam los primeros días.
Luego salieron del ivernadero y caminaron de regreso a la mansión.
—Aquí se te proporcionará los trajes para trabajar y los que usarás a diario— le decía James, mientras entraban nuevamente a la casa—Harás lo que se te diga. Tu horario de trabajo comienza a las nueve de la mañana y termina a las seis de la tarde. Puedes dividirte y empezar donde quieras.
—Y las llaves del cuarto de juegos, ¿las tiene usted?— le pregutó Hank.
—Sí, a mí me las pides.
Hank asintió. En realidad tenía una curiosidad única por ver ese cuarto. No podía olvidar lo que Korina le había contado.
—Bien— James miró la hora, iba a ser mediodía—Iremos a prepararte.
Hank sintió que su estómago se le subía a la garganta. En completo silencio siguió a James hacia el sótano. Notó entonces que el lugar era enorme, y tenía todo lo que Korina le había dicho. Miró aquella cama, pensó entonces en cuantos culos habría visto.
—Desnúdate— le dijo James mientras se colocaba unos guantes y preparaba la cera.
Hank se sonrojó de golpe , sabía lo que vendría por boca de su amiga. Tragó saliva y comenzó a sacarse las ropas. Finalmente recostó su desnudo cuerpo sobre la camilla. Tenía los músculos tensos de los nervios.
James se acercó a su lado y paseó su mirada por el trabajdo cuerpo del pelinegro. Tenía vello moderado en el pecho, y un sexy camino en el abdomen bajo que llevaban al premio mayor.
—Tengo que sacarte todo— le dijo el mayordomo, dejando de lado la cera. Pasó sus dedos por la parte baja, haciéndole cosquillas al pelinegro. Hank se mordió disimuladamente el labio inferior.
James pasó aquella acción por alto. Comenzó entonces a colocar la cera sobre lo brazos y manos. Luego esperó y tiró de ellas, junto al vello.
—¡Aaaauch!— gritó Hank, sintiendo un ardor en su piel. Se miró el brazo rojo. Miró a James algo molesto.
—Estamos recién comenzando— le dijo el mayordomo.
Retiró lo del otro brazo, con el mismo grito del chico. Luego comenzó en las piernas. Ahí también fue doloroso, pero más tolerable. Luego pasó al pecho, tirando de los vellos del medio y las tetillas. Los dedos de James se sintieron bajo los guantes.
Esta vez Hank se mordió el labio para no dar un alarido.
—Bien, mientras más toleres el dolor, mejor podrás trabajar— le dijo James, pasando cera por su abdomen bajo—Este bonito camino de amor deberá irse— tiró de la cera.
—¡Aaauch!.
—Tienes más vellos que Sam— le dijo James, recordando al joven.
—Sé que soy un mono— dijo Hank, haciendo un mohín.
—Pero si te consuela, eres muy atractivo— le dijo el mayor.
—Gra-gracias— dijo Hank, algo incómodo por la situación.
—Bien, continuemos.
Ahora venía la parte que más vergüenza le daba. Pero ya estaba ahí, además él lo sabía gracias a su amiga Korina.
—Abre las piernas— le dijo James.
Hank tragó saliva y abrió las piernas. Una de las manos del mayordomo le tomó el m*****o y con la otra le esparció la cera. El pelinegro sintió caliente e incómoda su parte baja, además que la mano de James en su falo no ayudaba en nada.
—Tiraré a la cuenta de tres— dijo el mayordomo—Uno, dos— tiró con fuerza, depilando la zona.
—¡¡Aaaa!!— Hank sintió que le arrancaron los testículos. La zona baja le ardía horrores—¿Y dónde quedó el tres?— se quejó.
—Se perdió— le dijo James—Aún no hemos terminado, necesito que te pongas en cuatro.
El rostro de Hank se sonrojó el doble, aún con el ardor en su entrepiera se puso boca abajo. Levantó el culo, quedando en cuatro.
—Recuesta tu pecho— le dijo James—Necesito depilar todo.
Hank estaba tan avergonzdo, que apenas le quedaba para reclamar. Hizo caso y se recostó más, dejando su culo bien parado. Sintió entonces la calidez de la cera. Tragó saliva.
—Eres virgen— dijo James, dejando la cera a un lado.
—¿Vírgen?. Claro que no, he tenido muchas novias.
El mayordomo no dijo nada, y tiró de la cera sin previo aviso.
—¡¡Aaaa!!.
James botó la cera.
—Bien, ahora bájate y ven comigo.
Adolorido aún por el fuerte tirón, Hank se bajó de la camilla y siguió a James hasta la bañera transparente. Ésta estaba llena de leche.
—Era verdad lo de la leche— dijo Hank algo asombrado. Se metió dentro.
—Tal parece que hiciste varias averiguaciones antes de venir— le dijo James, sacándose los guantes. Comenzó a pasar sus manos suavemente por cada centímetro de piel—La leche es buena para los poros.
—No-lo sabía— dijo el pelinegro, algo nervioso. La mano del mayordomo pasaba por su piel deslizándose hacia abajo.
James no acostumbraba a mirar a los empleados que preparaba, sin embargo ahora había levantado los ojos viendo el sonrojado rostro de Hank. El pelinegro permanecía con los ojos cerrados, por vergüenza propia.
Las manos del mayordomo continuaron bajando, pasando suavemente por su sexo y más atrás. Luego bajó a sus piernas.
—Tengo tu talla, así que mandaré a hacer los trajes que usarás— le dijo James, incorporándose.
—¿Sólo con tocarme sabe mí talla?— preguntó Hank sorprendido y sonrojado.
James dibujó una pequeña sonrisa, algo inusual en él—Será mejor que te levantes— le dijo, ayudándolo.
Hank salió de la bañera, mientras la leche le escurría por la piel.
—¿Tiene una toalla?.
—La leche debe absorverse— le dijo James, colocándole una bata azul de seda.
Hank miraba como el mayordomo le ataba la prenda. Tenía unos llamativos ojos grises.
—Tiene unos ojos muy bonitos— le dijo el pelinegro.
James lo quedó mirando y se alejó.
—Gracias. Será mejor que subas, y espérame en el living. Iré ensegida.
Hank se calzó unas zapatillas de levantarse y se apresuró a salir del sótano. James se dispuso a ordenar el lugar, para después preparar algo de comer.